17 de diciembre de 2016

EL ARTE DE LA GUERRA DE SUN-TSU





El arte de la guerra es un libro escrito (España: Editorial Biblok, 2015, pp. 221) para desafiar tácticas militares, que bien puede ser utilizado en otros ámbitos, como el académico, político, judicial, o para la vida. El maestro Sun (Wu) escribe sus estrategias relatado en trece capítulos a lo que el guerrero debe valorar, como las maniobras, alianzas, ataques, el conocimiento de nuevas situaciones, del que deberá enfrentar. Son muchos los mensajes transmitidos, pero de este resumen escogeremos las más importantes a nuestro juicio. Para Changqing, las victorias de los BUENOS guerreros no se debe a la suerte sino de haberse situado previamente en la situación de ganar… a pesar de que el título del texto es sobre la Guerra, es todo lo contrario, ya que defiende batallar desde la paz misma, evitando llegar a confrontaciones bélicas, con tal de anticiparnos.
Por esta razón...
El General (el líder) o mando representa las virtudes del conocimiento, la sinceridad, la humanidad, el coraje y la disciplina. De nada sirve de saber quien eres y a quien te enfrentas si tu rival comparte ese conocimiento, ya que el arte de la guerra esta basado en el engaño. Si eres capaz, finge incapacidad. Cuando seas activo, finge inactividad. Si estas cerca, haz creer que estas lejos; y si estas lejos, haz creer que estás cerca; poniendo cebos al enemigo, de modo que lo atraigas en busca de ventajas. Confundelo fingiendo desorden y lo conquistas (p. 18). Si el enemigo esta seguro prepárate para enfrentarse a el. Donde sea sea más fuerte, evitarlo, finge ser débil para alentar su arrogancia, si es colérico provócalo para irritarlo, si se encuentra cómodo, creale dificultad, si están unidas sus fuerzas dividirlas (p. 20). Atacalo en lo que no esta preparado, surge allí donde no te espera (p. 21).
Un líder no debe perseguir solo el éxito personal. Quien conduce a otras personas hacia un objetivo debe tener claro que ese objetivo beneficia a todos (p. 29), que la victoria sea tu objetivo en la guerra, no las campañas duraderas (p. 33), la mejor actuación de un general (líder) es frustrar los planes del enemigo, desbaratar su estrategia, romper sus alianzas, y la peor actuación es atacar las ciudades fortificadas (p. 37), el líder debe dominar su impaciencia, por tanto, el éxito supremo en cualquier tipo de conflicto es ganar sin luchar, recuerda que lo mejor de todo es obtener intactos los bienes por los que compites (p. 39) no se debe perder hombres y esta es la estrategia ofensiva; si tus fuerzas son diez contra uno del enemigo, rodealo; si son de cinco contra uno, atacalo, si doblas sus fuerzas, puedes presentar batalla; si son parejas dividirlo, si eres inferior, retírate, y sin son desiguales, evitarlo (p. 40-41). La lucha no esta en la batalla sino en la superioridad estratégica (p. 43).   
La invencibilidad depende de nosotros mismos; la vulnerabilidad del enemigo depende de el (p. 48). Se perseverante y mantente siempre en movimiento. Los antiguos llamaban guerrero experto a quien vencía a un enemigo fácilmente conquistable, a quien no solo ganaba la lucha, sino que lo hacía con facilidad (p. 52), por eso las victorias de los guerreros expertos no les brindan fama por su sabiduría ni reputación por su coraje, no cometer ningún error, lo conduce necesariamente a la victoria (p. 54). Lo que cuenta es la persistencia y la concentración sostenida en una meta. No importa las etapas que tengas en el camino (p. 53); el guerrero se sitúa en una posición que no puede ser dominado ni derrotado. El ejército victorioso solo lucha una vez que ha logrado la victoria, por eso vence antes y después de que tenga lugar la batalla. El ejército derrotado primero lucha y después intenta alzar la victoria. La fuerza del equipo es superior a la de la suma de sus miembros (p. 55-57). Mandar un ejercito de muchos hombres es como mandar un ejército de pocos hombres. Es cuestión de división y cálculo, luchar con un ejército de muchos hombres es como luchar con un ejército de pocos hombres (p. 61).
Uno de los talentos más determinantes del líder es el de saber decidir cuando es el momento óptimo para emprender la gran ofensiva y así decide la orientación, el terreno y el ritmo de combate (p. 71), quien llegue primero estará fresco para la lucha, no agotado (p. 75). Debemos evitar que el enemigo conozca el terreno que hemos escogido para combatir, así se vera forzado a prepararse para cubrir muchos frentes (p. 83); compara cuidadosamente el ejército enemigo y el tuyo, ponlo a prueba y conocerá los lugares donde su posición es más sólida y donde es más deficiente (p. 87). Aquel que es capaz de transformarse con el enemigo, modificando su táctica de acuerdo con el, para obtener la victoria, puede ser llamado divino (p. 91). Para alcanzar una meta existen caminos directos e indirectos. Conocerlos por anticipado es saber maniobrar que proporciona beneficios pero también peligros. El camino directo no es siempre el más adecuado. (p. 95). No podremos establecer alianzas hasta que no conozcamos las estrategias de los señores feudales (p. 99). A menos que contemos con guías locales no sabremos aprovechar las ventajas que ofrece el terreno (p. 100), la guerra se basa en el engaño. Práctica la simulación y triunfaras.
Cuando saques a un país, distribuye el botín entre la tropa (p. 101), medita y delibera antes de tomar una decisión (p. 102). Se flexible. Cualquier plan, por bien trazado que este, debe ser siempre la base para el cambio. Las tácticas del buen líder varían con la situación. Hay que evitar atacar un ejército disciplinado y compacto. Este es el control de las circunstancias variables (p. 108), no persigas al enemigo cuando fija estar derrotado, no muerdas lo que te ofrece el enemigo. No entorpezcas la retirada de un enemigo que regresa a su tierra, siempre deja libre una vía de escape aunque lo tengas rodeado, no presiones al enemigo desesperado (p. 109). Hay caminos que uno no debe seguir. Hay enemigos con que uno no debe combatir. Hay ciudades que uno no debe sitiar. Hay posiciones que uno no debe disputar. Hay órdenes del soberano que uno no debe acatar (p. 112). El general que no sea experto en el arte de adaptar las circunstancias variables sus planes de lucha será incapaz de obtener lo mejores de sus soldados, aunque conozca las ventajas, por eso el sabio líder conoce las consideraciones sobre la ventaja y el daño (p. 114).
Da el primer paso con premeditación y velocidad para poder ser quien ocupe siempre la posición elevada, tanto en el plano físico como en el plano mental (p. 115); al incluir precauciones de sufrir un daño, siempre estamos listos para deshacer la adversidad y liberarnos de nuestro infortunio (p. 116). El trato y justo humanitario y la capacidad para imponer una disciplina férrea son dos aptitudes inseparables del líder eficiente. (p. 119). Si el enemigo se halla cerca de nosotros y permanece tranquilo, esta confiado en la fortaleza natural de su posición (p. 129) Si el enemigo se halla lejos de nosotros y trata de provocar la batalla para que avances con tus tropas esta ocupando un terreno bueno y goza de ventajas, si su campamento esta en un lugar de fácil acceso, esta tendiendo una trampa (p. 130). Si las palabras de sus mensajeros son humildes, pero el enemigo esta aumentando sus preparativos, es señal de que esta a punto de avanzar; si sus palabras son duras, y avanza con ostentación, significa que va a retroceder. Si presenta propuestas de paz, sin que existan acuerdos previos, es que esta urdiendo algún plan (p. 133). Si el enemigo ve posibilidad de tomar ventaja y no hace esfuerzo alguno para asegurarla, es señal de que sus tropas están exhaustas (p. 135)
Si los soldados se reúnen en pequeños grupos hablando en voz baja y murmurando entre ellos, es señal de que el general ha perdido la confianza en la tropa (p. 137) Si el enemigo te envía emisario con palabras de alabanza es signo de que desea una tregua. (p. 138), si el mando es duro al principio y más tarde se amedrenta ante la tropa, es que se ha perdido toda capacidad para la disciplina (p. 138). Carece de importancia el número de tropa que tenga lo importante es la concentración, la fuerza disponible y vigilancia atentamente al enemigo para conseguir derrotarlo (p. 139). No obstante, quien no planifica y quien menosprecia a su enemigo con seguridad será vencido por el (p. 140).
Antes de entrar en batalla evalúa las condiciones del terreno y la fortaleza del adversario. Inicia solo la guerra que conduce inexorablemente a la victoria (p. 141). Primero une a los soldados con humanidad y luego mantenerlos bajo control con disciplina. Este es un camino certero a la victoria. Por tanto, las órdenes tienen que ser coherentes y eficaces para que puedas disciplinar al ejército. (p. 142). Demostrando confianza en sus hombres y al mismo tiempo exigiendo órdenes serán acatadas, haciéndose mutuo el beneficio. (p. 143). Conócete a ti mismo y conoce a tu oponente, si dispones de uno de estos dos conocimientos pero carecen del otro, quedarás a mitad de camino de la derrota.  (p. 147). En este terreno, si el enemigo no esta preparado, puedes sorprenderlo y vencerlo, pero si el enemigo esta preparado y lo sorprendes, pero no logras derrotarlo, la retirada será difícil y sobrevendrá el desastre (p. 148). Aun cuando el enemigo te ofrezca un señuelo atractivo no te enfrentes con el, el contrario, retrocede, tentando tu al enemigo, luego cuando haya emprendido la marcha con la mitad de sus tropas, podrás atacar con ventaja (p. 149).
El buen general cuidará de sus soldados como si fueran sus hijos, y en consecuencia sus soldados lo seguirán hasta los valles más profundos. Cuida de tus tropas como de tus hijos más queridos y tus tropas permanecerán a tu lado hasta la muerte (p. 159). Se tu mismo y consigue influir en tu oponente. La guerra no se gana en el campo de batalla, sino en la mente de aquellos con quienes compites. (p. 165). Los soldados están siempre en estado de máxima alerta, sin necesidad de estímulo. Sin esperar tus ordenes haga tu voluntad; serán fieles sin solicitar su afecto, podrás confiar en ellos, sin pedir su confianza. (p. 175). Se valiente cuando puedas aprovechar las oportunidades. El coraje se encuentra en el fiel de la balanza entre la confianza y la prudencia (p. 181). No puedes firmar alianza con los príncipes vecino sin antes conocer cuales son sus planes (p. 190). El éxito en la guerra se obtiene cuando aparentamos acomodarnos al propósito del enemigo (p. 194). Concéntrate totalmente en el enemigo y te será posible eliminar al general aunque te encuentres a quinientos kilómetros, a esto le llamamos habilidades para lograr los objetivos con astucia y pericia (p. 195). Si el enemigo deja una puerta abierta, debes apresurarte a entrar. Anticipate a tu enemigo apoderándose de lo que más aprecia y sutilmente contribuirás a apurar su derrota. Camina por el sendero de la ley y adaptate a tu enemigo hasta que estés en condiciones de librar una batalla decisiva. (p. 196).
Si no ves una ventaja en actuar, no actúes. Si no puedes triunfar, no utilices tus tropas. Si la situación no es critica, no pelees. (p. 206). No se puede convocar un ejército con rencor e ira, si estas en ventaja da un paso hacia adelante, en caso contrario quedate donde estas (p. 207). El conocimiento previo de los planes del enemigo solo se puede obtener de otros hombres (p. 212). El conocimiento es poder. Cultiva los contactos para obtener información del rival desde el propio rival. Se muy prudente a la hora de validar las fuentes (p. 213). Para tener espías locales contratalos entre tu propio pueblo. (p. 214). ¡Se sutil! ¡Se sutil! Y emplea a los espías para todo tipo de asuntos. Si el jefe no posee una sutil sagacidad no podrá valorar la verdad de los informes de los espías. (p. 217). Si descubre espías enemigos entre tus tropas, sobornarlos para ponerlos a tu servicio y enviarlos a espiar a tu enemigo (p. 218).

*Abogado de la Universidad del Norte, especialista en Derecho Administrativo y candidato a la Maestría de Derecho Público de la misma universidad. Me puedes seguir en Twitter e Instagram como: mariodaza