8 de diciembre de 2016

LA JUSTICIA RESTAURATIVA, COMO ALTERNATIVA A LA CRISIS DEL DERECHO PENAL ACTUAL: A PROPÓSITO DEL CASO URIBE NOGUERA



El crimen ha sido imperdonable para muchos de los opinólogos de las redes sociales que dicen que los jueces tienen derecho a condenar a quiénes hayan sido partícipes del delito. El encubrimiento por parte del cuarto poder de no querer entregar información, ha sido otro agravante para unos, y para otros la omisión del Estado de no vigilar lo ocurrido. El crimen de Yuliana Samboni de 7 años ha estremecido al país, por parte de una persona de “alta alcurnia” que ha manipulado las pruebas; sea quien sea este sujeto, no nos interesa, ya que lo que se debe involucrar es un derecho penal de acto no de autor, al menos, eso nos enseñan en la cátedra. El silencio, o más bien el refrán que reza: “el que calla otorga”, es valedera para esta ocasión.
La sobredosis de cocaína ha sido la causa y no el fin por el cual el Uribe Noguera, ha cometido la conducta “libidinosa”, que bien le endilgan, tales como: feminicidio agravado, secuestro, tortura y acceso carnal violento (concurso heterogéneo sucesivo). Lo cometido es un "acto libre por su propia causa" (actio libera in causa) figura que nació con Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica) y Pufendorf (Elementorum Jurisprudentiae Universalis libri duo) y se da cuando quien comete «injusto» en un estado de inconsciencia provocado consigue su resultado, que en principio le haría irresponsable por falta de culpabilidad (inimputabilidad), tal como lo indica el artículo 33 del Código Penal, “al no tener la tener la capacidad de comprender su ilicitud o de determinarse de acuerdo con esa comprensión”, derivado de trastorno mental transitorio, preordenado por su propia cuenta (tomado como una tentativa acabada).
La restitución de la victima debe ser la esencia de una justicia libertaria, aunque hay gente que no cree que uno puede prescindir del Estado en la administración de justicia, expresa Christian Michel. Muchas personas adicionan la pena de muerte, castrar químicamente y la cadena perpetua como respuesta a la violencia que genera más violencia, es como si la “sociedad” nacionalizara la pena y los daños causados a las víctimas. Sencillamente, un sistema judicial basado en la restitución reduce la cantidad total de atropellos, como lo arguye Linda y Morris Tannehill en Mercado para la Libertad. A través de la historia, las más nefastas torturas practicadas públicamente a los delincuentes nunca han servido como un disuasivo real (Cfr. Derecho Penal en la Edad Media); si así fuera, nuestros antepasados hubiesen gozado de un planeta libre de delitos, las prisiones no estuviesen atiborradas y las cárceles no fuesen escuelas para el crimen.
Existe una preocupación adicional para un libertario, cuando se da cuenta que el procedimiento actual de justicia está basado en un principio en el que coloca a la “sociedad” claramente por encima del individuo. La ausencia es evidente (aunque la Corte Constitucional ya les ha dado participación: C-209 de 2007). Tenemos que el Fiscal no representa a la víctima; pero actúa en nombre de otros, por ejemplo, en la critarquía se busca aplicar consuetudinariamente un castigo basado en costumbres y precedentes, como lo proponen Michael van Notten o Frank van Dun, esto limitaría el tamaño del Estado y la competencia en las instituciones de la justicia, tal como lo comenta Rothbard en Ética de la libertad.  Por tanto, la única víctima es la víctima (entendiendo por sujeto pasivo la directas e indirectas) y no la “Sociedad”.
S. Schafer ha expresado que al ir monopolizando el Estado la institución del castigo, los derechos de los perjudicados se han alejado lentamente del derecho penal. (Restitution to Victims of Crime). Clarence Darrow en Resist Not Evil estima que el aparato estatal de los tribunales, juicios y prisiones es un fraude gigantesco que provoca más injusticia y delincuencia de la que consigue eliminar, por ello, que haya considerado la pena de muerte opuesta al humanismo e inútil. El Estado no debería estar interesado en condenar a hombres o castigar delitos, sino en administrar justicia entre hombres. Si quitar la vida pudiera devolver la vida a la víctima a la que mato podría haber alguna excusa aparente para la pena capital, no se trata de “ojo por ojo, y diente por diente”, sino de: “No resistas al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
En conclusión, el lugar natural de todo reproche jurídico debe ser la justicia restaurativa, como alternativa a la crisis del derecho penal actual, anejo a la sanción social impuesta por la comunidad.