13 de septiembre de 2016

UNAS POCAS VERDADES SOBRE EL FIN DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO*





Es necesario clarificar que estamos a favor de la paz, en eso no hay duda, lo que venimos a discutir acá o a dejar en tela de juicio es el acuerdo de paz. Al parecer tal acuerdo es entre el presidente Santos y las Farc, algo así, como un contrato donde existe la autonomía de la voluntad. Parece ser que este contrato -queremos decir- acuerdo de paz, se estrella con la insoslayable necesidad de pruebas, así como cuando el científico constata hechos para ser valer sus teorías, en este aspecto, Santos poco tiene de científico, pero sí mucho de político.
Según el literal b del artículo 38 de la Ley estatutaria 1757 de 2015 en la cual se dictan disposiciones en materia de promoción y protección del derecho a la participación democrática, la pregunta que se le hace al pueblo debe estar reglada por los cánones lingüísticos “del buen entender” en pocas palabras; debe ser clara, y que esta deba ser respondida en un sí o no respectivamente. Si bien la norma citada no estipula de qué forma debe ser estructurada la pregunta o como tal deba ser realizada, no se sigue que esta se pueda disponer a través de un juicio intuitivo por parte del presidente. Así como lo dijo en un evento en la Universidad Javeriana, “Santos dice que puede redactar “la pregunta que le dé la gana” en plebiscito”[1] (2016).
Por un lado, el presidente Santos demuestra su megalomanía implícita en pretender ser el dueño unívoco de este proceso, pero siendo inteligente argumentando que es de todos. A la pregunta ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Se está enfrentando el colombiano a la dicotomía del que usted apoye o no, tal aseveración esta de mas ya que el colombiano que vote sí, estará de acuerdo. Ahora, la oración final de la pregunta que es el quid al que queremos llegar; ¿en realidad habrá una paz estable y duradera en Colombia luego de este proceso de paz? La Corte Constitucional dijo que lo que se refrenda no es el proceso de paz, o la paz en un sentido semántico-constitucional sino al acuerdo concluyente entre el presidente Juan Manuel Santos y las Farc.
En el escenario en que la mayoría de colombianos voten por el sí, vemos peligrosa las atribuciones que tendrá el presidente en caso de avalar el proceso. Por lo tanto, el votante del sí estaría a su vez avalando el Acto Legislativo 01 de 2016 donde dispone grosso modo las siguientes acciones normativas, artículo 5: “El presente acto legislativo rige a partir de la refrendación popular del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. En consecuencia, estaríamos materializando el acuerdo en derecho positivo, es decir, haría parte de nuestro sistema normativo a través del bloque de constitucionalidad. El presidente en este caso, quedaría facultado por medio de un proceso legislativo especial para la paz, donde en el peor de los casos podría obstaculizar cualquier norma que no sea de su agrado o de su iniciativa. Tales leyes y actos legislativos derivados del acuerdo adquieren la calidad de cláusula pétrea, es decir, no pueden ser modificados en el sentido del Acuerdo logrado. A su vez, el presidente adquiere potestades legislativas como en casos de Estados de Excepción, facultad entendida como la posibilidad de emitir Decretos con Fuerza de Ley.
Y en el escenario de penumbra, donde todos somos conscientes que el coste de la guerra es mucho mayor al de la paz, se crea el “Plan de Inversiones para la Paz” por 20 años, cualquiera diría mermelada y sí, tiene razón.
Todos los colombianos anhelamos la paz, sin embargo, hay intereses de por medio y muy grandes para cambiar el estado constitucional del país e implementar a través de una fuerte carga ideológica lo que ellos consideran que es mejor para los colombianos. Quizás la meta ética tenga respuesta a tales justificaciones ético normativas. Por ahora, desde un punto de vista interno -en lectura de Hart- somos expectantes del mayor evento democrático del país en muchos años.


[*] Título inspirado en el texto de Susan Haack NADA EXTRAVAGANTE: UNAS POCAS VERDADES SIMPLES SOBRE LA VERDAD EN EL DERECHO. (Cambridge University Press, 2014).
[1] Al respecto, el presidente Santos aseguró que la Corte Constitucional le dio facultades para redactar la pregunta “que le dé la gana”.