29 de agosto de 2016

SOBRE EL REALISMO JURÍDICO GENOVÉS


En el capítulo denominado: «Un poco de realismo sobre el realismo jurídico genovés», Mauro Barberis (2011) critica el uso de la etiqueta, «realismo jurídico» (ambiguo) por lo que no le parece ajustado a lo que se propone con la teoría genovesa, ya que nunca se concibió como una corriente, sino simplemente como conjunto de pensadores a la que llamaba como: «viejos amigos/alumnos de Tarello». Si bien el tal realismo jurídico genovés, se presenta como otro tipo de realismo ya que se realiza un estudio del iusrealismo americano (Tarello) y del iusrealismo escandinavo (Castignone) la escuela genovesa no se puede pretender como continuadora del realismo en su tercer corte.
Los máximos representantes de esta linea de pensamiento son principalmente: Guastini, Chiassoni, Comanducci..., que en el pasado se proclamaban como: «teoría analítica del derecho italiano» regentado por Tarello (como teoría jurídica), Santi Romano (como institucionalismo) y Capograssi (como filosofía de la experiencia jurídica). Se cree que el nombre es vago y que responde a cuestiones estratégicas, como el de evadir llamarse: post-positivista, escepticismo interpretativo…, siendo esta una extensión de la teoría analítica como variante antiformalista del iuspositivismo.
Es el iusrealismo, en especial el de Ross, el que comienza a interesarse por los perfiles lingüísticos de la interpretación como teoría analítica, bien también sucedió con Bobbio y Scarpelli, a lo que se han mantenido por el imperativo metodológico de la avaloratividad; esto con referencia a la caza de ideologías, respecto a la creación de derecho por los jueces, como escepticismo; por tanto, los iusgenovenes han rechazado el iuspositivismo teórico e ideológico, quedándose con el metodológico. Para Barberis el nombre resulta ser un atractivo que llega a la  perplejidad metodológica. (p. 206).  
Lo que puede ser cierto en su fundamentos, es la validación que se le da sobre la realidad que recogen, sobre todo tipo de filosofía general; pero, para esto no hay que tomarlo de un grito, como si de una contienda se tratara, porque bien, ya el movimiento iusrealista ha desaparecido; lo que existe hoy en día son rezagos de ella, tales como: CLS, AED, Legal Process..., entonces no se puede tomar a los genoveses como sobrevivientes de esa batalla, porque son diferentes contextos. Por ello, que el autor italiano intente enviar a los “etiquetadores” el mensaje de colocarse serios con lo que se expone. El realismo jurídico pertenece a otra época y no a esta, por tanto se debe renunciar al término, así como se ha pedido con: «neoconstitucionalismo ideológico (iusmoralismo)».
Por otra parte, Liborio Hierro siguiendo con el planeamiento de Barberis, desde una óptica critica, esgrime que los iusrealistas se diferencian de los iuspositivistas:
En la separación derecho y moral, los iusrealistas son más radicales que los positivistas clásicos. Por ejemplo, Comanducci expresa que es una conexión imposible porque ni existe una moral objetiva ni si existiera estaría garantizado que los jueces la conociesen, como tampoco está garantizado que los jueces decidan siempre racionalmente.
En el subjetivismo metaético, los iusrealistas son más radicales que aquellos positivistas clásicos, lo que se convertirían en emotivistas; llamándoles: «subjetivismo ético radical».
El iusrealismo puede distinguirse aún más del iuspositivismo ya que comparten la tesis del escepticismo interpretativo, contando con una teoría propia de interpretación.
Expone además que la tesis de Comanducci y Guastini son casi idénticas con respecto al escepticismo interpretativo:
El derecho nace de actividades productivas, con la construcción de significados.
Los textos normativos tienen una pluralidad de significados, por tanto susceptibles de muchas interpretaciones.
La ponderación como técnica específica de resolución de conflicto entre principios constitucionales les parece peligrosa que no hace sino incrementar la incertidumbre y la inseguridad de las personas.
Para Guastini existe producción auténtica —creación de la nada— cuando un intérprete atribuye a un texto normativo un significado que queda por fuera de los límites de los significados admisibles, siendo partidario de la univocidad, estabilidad y coherencia de la jurisprudencia; en cambio, para Comanducci que defiende un modelo de interpretación racional del derecho, como parte de elaborar o reelaborar un sistema de reglas precisas; exhaustivas al máximo posible que guíen al juez en la búsqueda desde las distintas alternativas que se abren, en la que el operador pueda encontrar una conclusión previsible por parte de cualquier ciudadano; es decir, una interpretación en el sentido jurídico cuando no todas la veces se adscribe un significado a un documento, solo cuando surjan dudas o contrastes sobre el significado.
Por último, teniendo en cuenta lo anterior, el profesor español expone que el realismo jurídico de tercera ola, se describe como un: «constitucionalismo genovés propio», siendo este último mero «positivismo metodológico» o «constitucionalismo débil». (p. 234), ya que estos aceptan la jerarquía normativa superior de la constitución, su rigidez, y el control de constitucionalidad; como también reclaman una deferencia legislativa como voluntad democrática, una autocontención de los tribunales constitucionales y una superioridad de la subsunción sobre la ponderación.
Referencias
Barberis, M. (2011). Un poco de realismo sobre el realismo «genovés». En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 201-216). Madrid, España: Marcial Pons.
Hierro, L. (2011). Consideraciones sobre el trayecto genovés desde el realismo jurídico al constitucionalismo. En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 217-235). Madrid, España: Marcial Pons.

28 de agosto de 2016

ANTINOMIAS Y LAGUNAS JURÍDICAS EN GUASTINI


Guastini (2011) en: «Contribución a la teoría del ordenamiento jurídico» conoce perfectamente que el sistema jurídico contiene normas mutables, es decir, dinámicas (diacrónica) entendidas como una secuencia conjunta. (p. 98). De hecho, escribir sobre el ordenamiento jurídico designa de por sí una ambigüedad; de allí que describa sobre la coherencia y la consistencia del derecho, como criterios que presuponen interpretación de textos en la que podrían identificarse antinomias como forma de resolución; pero también como de creación. Por tanto el conglomerado jurídico (Santi Romano lo llama sistema) no es otra cosa que el fruto de la actividad sistematizadora de los juristas (p. 102). Existen en este andamiaje dos tipos de producción normativa que pueden ser: «centralizado» (patentado por el Estado) o «descentralizado» —subjetivas— (creado por el ciudadano mismo).
Basándonos en el contenido centralizado de la producción de normas (poderes, derechos, obligaciones, normas jurídicas primarias, secundarias) propias del Estado; estas se caracterizan por contar con mayor problema que los ordenamientos descentralizados (subjetivos), lo que conduce a la carencia de una plenitud, en palabras de Bobbio; por tanto, expresar que un ordenamiento jurídico contenga lagunas y antinomias, sería llamarlo como: «incompleto, e inconsistente». Para esto, el profesor italiano hace referencia a cuatro tipos de lagunas, que son:
Lagunas normativas: se presenta cuando existe un supuesto de hecho para el que no haya consecuencia jurídica. Por ejemplo, un tipo penal que describa algún delito, pero que no tenga en esta misma descripción la sanción misma.
Lagunas técnicas: se presenta cuando falta en él una norma que es conditio sine qua non de la eficacia de otra norma. Por ejemplo, cuando se hace un llamado al "pueblo" colombiano "para acabar la guerra" con las FARC por medio de un plebiscito; sin saber lo que pasaría luego de la refrendación, tornándose el tema como inconcluso.
Lagunas axiológicas (ideológica o deontológica): se presenta cuando un supuesto de hecho, está regulado de forma "insatisfecha", ya que "falta una norma justa", en el motivo que quiera darle sentido el intérprete. Por ejemplo, la Corte Constitucional cuando declara la omisión relativa de una ley o cuando fundamenta una sentencia estructural.
Lagunas institucionales: se presenta como complejo de instituciones, cuando desaparece una institución esencial para el funcionamiento del Estado. Por ejemplo, si desapareciera la Fiscalía como órgano acusador, existiría un “déficit” en cuanto a la persecución penal.
En el tema de las «antinomias» tenemos que para Guastini existen dos tipos fundamentales de estas:
Antinomias en abstracto (necesarias): raramente se presentan, y se da cuando dos normas conectan consecuencias jurídicas incompatibles ya sea en parte o todo. Por ejemplo, cuando una norma prohíbe el aborto, y una segunda norma permite el aborto terapéutico, aquí se superponen conceptualmente.
Antinomias en concreto (contingentes): frecuentemente se presentan, cuando dos consecuencias jurídicas se contrarían sobre un mismo supuesto de hecho y no a varios. Presupone por sí una antinomia en abstracto, como cuando una norma permite y una prohíbe, pero, una tercera norma permite y prohíbe al mismo tiempo. Por ejemplo, como cuando X ley dice que debemos entrar a una biblioteca callado, y otra norma Y alega que debemos gritar cuando alguien necesite ayuda, y pues el supuesto seria si: "alguien necesitara ayuda en una biblioteca".
Por otro lado, expresa el autor que las antinomias se dividen a su vez en:
Antinomias totales: cuando se contradicen totalmente, por ejemplo, una norma permite matar y otra no (sin salvedades).
Antinomias parciales unilaterales: cuando se contradice parcialmente, una norma que prohíbe aplicar la eutanasia de todo tipo, pero otra que lo permite solo para la activa (que es una clase) pero que la prohíbe para otros tipos de no eutanasia permitida, como el homicidio piadoso o pasiva.
Antinomias parciales bilaterales: cuando dos supuestos de hecho se cruzan, pero puede que algún supuesto de hecho coincida con el otro, de la forma incompatible con la otra. Por ejemplo, una norma X reglamenta el uso de los carros en los parques, mientras que Y establece otro tipo de regulación, para el mismo supuesto de hecho sobre los carros, siendo dos regulaciones de distintas materias. La norma Y describe el uso de carros en los parques de diversión, mientras que X en los parques en general, por tanto si se menciona de parques en general o de diversión por separado no habría problema; la inconsistencia se presenta cuando se describe sobre parques y parques de diversión aplicados en un precepto sobre todo tipo de parques incluidos el de diversión, incluido en la norma X en la que Y ya tenía regulación.
Por último, el iusrealista expresa que la plenitud y la consistencia no son propiedades intrínsecas de un ordenamiento, previas a la interpretación. Por si, no constituyen un problema del ordenamiento. Por tanto arguye que las lagunas y las antinomias se pueden prevenir por medio de la interpretación, de tal forma que los textos pueden ser interpretados para que no se presenten (aunque pueden aparecer después de esta); para ello, hace énfasis en hacer uso de la interpretación adecuadora, conforme a la constitución o de segundo grados como las de: "lex posterior, y lex specialis"... siendo que la ponderación que utilizan los «iusmoralistas» no es la única técnica posible. Invita a la actividad sistematizadora de los juristas, siendo la mejor medida de interpretación, como forma de integrar, armonizar el derecho, creando derecho nuevo (pero ojo, producto de la interpretación, eliminando una de las normas para la aplicación de la otra como forma de colmar la laguna; otra cosa es la interpretación para una disposición preexistente o de formulaciones normativas).  


Referencias
Guastini, R. (2011). Contribución a la teoría del ordenamiento jurídico. En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 81-116). Madrid, España: Marcial Pons.

27 de agosto de 2016

EL PROBLEMA DEL OBJETIVISMO MORAL EN EL DERECHO




Para Pierluigi Chiassoni (2011) en: «Tres ejercicios para una crítica del objetivismo moral» recalca el tema de la “objetividad” en el derecho; ya que está de moda en la filosofía moral, porque al parecer: "no ser objetivista resuena arrogante y persuasivo" hoy en día. Considerándose este como un empirista obstinado y un subjetivista impenitente, afirma que el objetivismo es insostenible y si son aceptables sus premisas no son objetivas. He ahí el dilema.
¿Existe el objetivismo moral en el derecho?
Para responder esto, el profesor italiano distingue entre objetividad ontológica (onto-metafísica, responde si existen valores, normas y/o propiedades morales que a diferencia del subjetivismo ontológico, depende de los sujetos), y objetividad epistemológica (en el que los valores, las normas, y/o propiedades morales son susceptibles de conocimiento objetivo por parte de los agentes morales, es la posición de los sujetos frente a la moral).
La objetividad epistemológica, se diferencia a su vez en: objetivismo intuicionista (donde los valores, normas y/o propiedad morales son susceptibles de un conocimiento espontáneo por parte de los agentes morales; son aprendidos, captados, comprendidos de modo irreflexivo en la vida cotidiana), objetivismo racionalista (donde los valores, normas y/o propiedades morales son susceptibles de conocimiento objetivo por parte de los agentes sugeridos por la razón y aceptables por cualquier agente racional) objetivismo constructivista (en el que se sostiene la posibilidad de un objetivo de principios y valores morales, en el ámbito de una concepción de la moral entendida como una práctica) y objetivismo empirista (sostiene que los valores, normas, normas y/o propiedad morales son susceptibles de conocimiento objetivo, entendido como conocimiento avalorativo y empírico).
La objetividad deontológica (se basa en el ámbito de experiencia moral como una práctica de reglas, normas y valores que deben guiar la conducta humana con alguna pretensión de universalidad) y la objetividad metodológica (relativa al método de la argumentación y justificación moral). Pero en general, el objetivismo moral es cualquier posición (metaética) caracterizada por la tesis según la cual hay un espacio para la objetividad, siempre constando de una ambigüedad. (p. 154), ya sea que haya una realidad moral objetiva, valores morales objetivos, propiedades morales objetivas de acciones y/o estados de cosas, normas morales objetivas, hechos morales objetivos, juicios morales, proposiciones morales y conocimiento moral. En todo caso existe un objetivismo que le llama tempestado (cuasi-objetivas, pseudo-objetivas, que se distingue con prioridad de ingredientes subjetivos) y otro radical.
El iusrealista en su ensayo menciona a los filósofos Georg von Wright y Michael Smith, esto con el fin de distinguir entre metaética y ética normativa. Para el profesor finlandés la ética normativa y ética no normativa son conceptos distintos; el primero versa sobre aquello que está bien, mal o no, y el segundo en que algo no prescribe ni describe. En esta última descripción, se subdivide en: ética descriptiva (como estudio sociológico, psicológico, histórico... de las ideas, códigos, costumbres; un estudio empírico de la moral) y la metaética propiamente dicha (como estudio filosófico de los conceptos y juicios morales, mejor dicho un estudio lógico o conceptual de la moral), resultando ser una investigación empírico-descriptiva. (p. 169).
Para el profesor australiano, la ética normativa proporciona respuestas a problemas morales sustanciales: ¿debo donar dinero? La metaética, por el contrario, proporciona respuestas a problemas muchos más generales concernientes a los problemas que se ocupa la ética normativa, basada en las características esenciales de la práctica moral cotidiana de la gente común. (p. 171), hace hincapié en la existencia de los hechos morales (como ética descriptiva o empírica), en el descubrimiento de un particular criterio de corrección o verdad moral, a veces como propuestas redefinitorias orientadas a un auditorio más circunscrito a ese conjunto de filósofos morales y de agentes morales comunes que se adhieren a una axiología racionalista de la ética. (p. 172).
Por otro lado, Moreso ha abrazado la causa del constructivismo ético; la forma de objetivismo epistemológico funcional de que hay en la moral un espacio para la objetividad fundado sobre la hipótesis de un ideal. Esta moral común existiría a pesar de las notables diferencias diacrónicas y/o sincrónicas en las normas. En este punto para el profesor español todos los individuos, "en condiciones ideales" convergerían sobre las mismas normas y sobre los mismos juicios morales, constituyendo un "ideal moral común" para todos los agentes racionales, estando "en una misma nave en alta mar" como una permanente reconstrucción.
Para Chiassoni esta fundamentación de un ideal de justificación de los juicios morales es parte de un constructivismo. (p. 182); lo que le propone al profesor catalán y demás “objetivistas” es moderar sus pretensiones, y reconocer abiertamente su irracionalidad con respecto los valores morales, renunciando a la supuesta búsqueda “objetiva" para los principios y juicios morales.
Referencias
Chiassoni, P. (2011). Tres ejercicios para una crítica del objetivismo moral. En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 147-186). Madrid, España: Marcial Pons.

21 de agosto de 2016

¿ES POSIBLE UN ESTADO MICROSCÓPICO?



En el texto “Anarchism/Minarchism” coordinado por Tibor Machan & Roderick Long; Charles W. Johnson en uno de los capítulos del libro, explica una variable de la ya trillada discusión entre la existencia del Estado, el Estado mínimo y una sociedad ácrata; denominado como: “micro-Estado”. Arguye, que igual al minarquismo, se debe dejar la facultad de legislar al Estado, pero no en su aplicación. Por ende, las funciones ejecutivas de este, las tendría que realizar los ciudadanos y no el Gobierno mismo. El Estado solo debería reclamar el monopolio de la legislación/reglamentación.
“So even if a minimal government cannot claim a monopoly on the executive functions, perhaps a “microscopic” government could claim a monopoly on legislation”. A government that maintained only a monopoly on legislating and adjudicating rights, but left enforcing them up to private efforts, would be a very limited government indeed; it might very well have no police, no executive bureaucracy, no intelligence agencies, no border guards, and no armies. The microscopic state that resulted would be far more limited than Rand's “limited government,” even more minimal than Nozick's “ultraminimal state”. (Johnson, 2008, p. 164).
Un Gobierno que mantiene sólo el monopolio de legislar y la adjudicación de los derechos, dejando su cumplimiento solo a los esfuerzos privados, sería una Gobierno de hecho muy limitado, diría Johnson; podría  bien, no haber policía, burocracia, agencias de inteligencia, guardias de fronteras, y ejércitos. “El Estado microscópico” que defendería, sería el resultado más limitado de lo que Rand llamaría como: "Gobierno limitado", y aún más reducido de lo que Nozick llama como: “Estado ultra-mínimo”.
A diferencia de Spooner, que defendía un “Gobierno ultra-microscópico”; el Gobierno no tendría ningún poder ejecutivo y legislativo, ni de privilegios para hacer cumplir el alcance de la ley; por tanto, las decisiones estarían limitados a los menores detalles dentro de un sistema de obligaciones casi en su totalidad predeterminados por el principio de no agresión. El objetivo de Spooner (2011) sería: “los ciudadanos sólo estuviesen obligados a reconocer la autoridad soberana cuando, y sólo durante el tiempo que haya consentimiento individual de reconocer su autoridad, explicando su jurisdicción y autoridad, solamente”. (pp. 13-15).
El relato histórico más reciente de un “Gobierno microscópico” lo encontramos en la constitución de Islandia medieval (los vikingos). El Estado Libre de Islandia no era una anarquía en sí, sino una administración con poder legislador soberano (Althing), que sirvió como Tribunal de última instancia en cuestiones de leyes; pero sigue siendo interesante para los anarquistas porque el orden legal en Islandia funcionaba sin el poder ejecutivo. La sociedad islandesa fue la única entre Europa Occidental, con una política exterior, sin defensa, sin campesinos y pocas batallas. Debería haber sido una utopía sin embargo, su literatura erróneamente está dominado por la brutalidad y el asesinato (Byock, 2001, cap. 9).
En conclusión, lo que propone el autor, es una revolución política contra toda forma de Gobierno, sin importar lo "limitado" y la centralización del poder desmesurado que sea, e incluso en instituciones no coercitivas. “Revolución” significa para este, el proceso de disolución de la autoridad legal, aunque sea este “microscópico”. Ningún Gobierno en la tierra tiene la autoridad para forzarte a reconocer su autoridad sobre ti y mucho menos para que te obligue a pagar impuestos o reglamentar su comportamiento. Si las órdenes de un Gobierno invaden tus derechos; entonces, tienes todo el derecho a retirarte, ignorar, desafiar, o resistir.

Referencias
Johnson, C. (2008). Liberty, Equality, Solidarity Toward a Dialectical Anarchism. En Machan, T. & Long, R. (Eds.), Anarchism/Minarchism (pp. 155-188). USA: Ashgate. Recuperado de: http://web.calstatela.edu/faculty/areed2/LongXXXMachan.pdf
Spooner, L. (2011). No es traición. Constitución sin autoridad. Paraguay: Orden Voluntario. Recuperado de: http://www.miseshispano.org/2013/02/la-constitucion-sin-autoridad/  

18 de agosto de 2016

SOBRE LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA: COMANDUCCI VS ATIENZA




En un capítulo del texto: “Realismo jurídico genovés”; el profesor italiano nos comenta sobre la interpretación jurídica en la teoría del derecho contemporáneo (mainstream). Este afirma, que la interpretación está dada en el razonamiento jurídico, judicial, radicada en el papel del juez. Mientras que Atienza (2011) se basa en una teoría del derecho teórica, el iusrealista se enfoca en una fundamentación metateórica. Para Comanducci lo prescriptivo no puede dar lugar a ninguna teoría, sino a una ideología. (p. 74).
Por ello, distingue tres tipos de interpretación:
Hermenéutica, que es la atribución a los sentidos, objetos, fenómenos y procesos, por parte del sujeto que la conoce.
Semántica, que es darle significado a entidades lingüísticas y
Jurídica, que igual a la anterior, varía según las dudas o discusiones acerca de ese significado.
Son bajo estas dos últimas líneas interpretativas las que presentan problema. Dentro de estas podemos encontrar las tesis: “neo escéptica” y “neoformalista”; la primera, anotada en una actividad volitiva en la que el operador elige el significado que le va atribuir al documento, creando el significado, mas no descubriéndose; y la segunda, circunscrita en los documentos normativos cuyo sentido es manifiesto y que por consiguiente, no han de ser interpretados, donde los supuestos se aplican a las consecuencias jurídicas, claramente. Sin que tenga que ser interpretada.
Para Comanducci estas dos tesis no son contradictorias, ya que una puede ser usada con acepción semántica y la otra con acepción jurídica. En todo caso, algunas veces el juez realiza una interpretación y en otras no, lo que le llama: “tesis ecléctica”.
En este son, no hay interpretación en el sentido jurídico de los casos que se deban adscribir un significado a un documento; sino solo cuando surjan dudas o contrastes acerca de cuál es el significado que ha de adscribirse al mismo. Normalmente se presenta esta situación en el ámbito jurídico cuando no hay consenso universal acerca de cuál sea el significado correcto que hay que atribuir a un documento normativo. Cuando por ejemplo, dos jueces interpretan (en la acepción semántica) la misma disposición de una ley de distinta manera, se dice que tal disposición necesita ser interpretada (en la acepción jurídica). Puede ocurrir que se haya considerado clara una disposición, esto es, que se haya considerado que no requiere interpretación (acepción jurídica), hasta que alguien la intérprete (en la acepción semántica) de manera distinta. Así, una disposición puede parecer clara en una primera lectura pero puede suceder que requiera una interpretación (en la acepción jurídica). Creo, en conclusión, que en el ámbito jurídico se deben utilizar conjuntamente las acepciones semántica y jurídica de interpretación, pero manteniendo la distinción en el plano conceptual. (Comanducci, 2011, p. 59).
Al realista genovés le resulta importante determinar qué tipo de normas se producen a través de esta interpretación. Le parece curioso que ahora el juez no solo produce normas individuales y concretas sino también generales, lo que la noción de validez se utiliza producto de la actividad interpretativa del juez, destacando que hay normas generales más y menos vigentes, fundamentada en la previsibilidad de las decisiones elaboradas a través de la interpretación, como cuando sucede que en una jurisprudencia se crean normas generales. Afirma, que mientras que en general las normas producidas por el legislador son válidas y también vigentes, en la mayoría de los casos las producidas por los jueces no son vigentes. Y es por esto que el realismo o neo escepticismo interpretativo han sido criticados, producto de la teoría del derecho contemporánea que han elaborado teorías preceptivas en construcción de modelos axiológicos relativos a interpretación y a la justificación de esta.
Comanducci resuelve este impasse expresando:
Las decisiones interpretativas tienen que ser manifiestas, para poder ser controlables. Por lo que exponiéndose las razones sobre la decisión interpretativa, la opinión pública estará en condiciones de cuestionarla, de ejercer un control de interpretación le llama el autor.
En sentido fuerte,  la justificación debe ser coherente. Es decir, coherente consigo misma (sincrónica) y coherente en el tiempo; debe ser llevado por el juez armoniosamente (diacrónico). Todo esto en aras buscar la certeza.
De aquí, que se consiga una dimensión individual de una decisión interpretativa, en obtención de responsabilidad en conciencia como productor de normas y no con responsabilidad política como si de legislador se  tratara; la búsqueda no debe ser solo en consecución del valor de la equidad, sino también de la certeza, como forma de encontrar la coherencia en el tiempo, volviéndose previsibles al final del caso.
¿Cómo lograr esta coherencia en el tiempo?
Dworkin, Zagrebelsky y Ferrajoli, exponen la idea de apelar a los principios y valores constitucionales como criterios-guía en la interpretación de los textos normativos infraconstitucionales.
El modelo de coherencia entre estos son muy distintos, siendo que Ferrajoli ve con escepticismo la llamada ponderación (Atienza, 2011, p. 77).
A lo que el profesor iusrealista tiene reparos:
Conlleva que en cada caso se elija a través de una operación de ponderación entre los valores y los intereses constitucionales involucrados, el principio a aplicar como criterio-guía en la interpretación. Lo que aumenta la incertidumbre, de la forma en que cada caso puede ser distinta, sin que se elaboren metra-criterios, en ausencia de criterios que establece su solución.
Y si pudiese superarse, estos meta-criterios estuvieran determinados, con una filosofía política de trasfondo tal como sostiene Dworkin (progre) que brindara apoyo a todos los jueces; no pareciendo estar deslumbrada en las sociedades contemporáneas, generalmente marcadas por divisiones y contrastes políticos e ideológicos. Por lo que habiendo esa ausencia, de la ponderación y los valores constitucionales queda confiada al variable juego de las mayorías dentro de los tribunales constitucionales, con el resultado de aumentar, no de disminuir la incertidumbre del derecho.
Para Atienza (2011), el escepticismo axiológico y el positivismo jurídico constituyen obstáculos fundamentales para construir una teoría de la interpretación adecuada para los sistemas jurídicos de los Estados constitucionales (p. 78).
Siendo esto no tan cierto para Comanducci por las razones anteriormente expuestas.

Referencias
Atienza, M. (2011). Sobre la interpretación jurídica de Paolo Comanducci. En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 72-79). Madrid, España: Marcial Pons.
Comanducci, P. (2011). La interpretación jurídica. En Ferrer Beltrán, J., y Battista Ratti, G. (Coord.), Realismo jurídico genovés. (pp. 52-70). Madrid, España: Marcial Pons.