20 de junio de 2016

EL FETICHE O EL SÍNDROME DE LO LEGAL



Es común en nuestros días legalizar de lo trivial, hasta lo “más importante” para la Sociedad; desde cómo dar un beso, con quien estar en la cama, incluso, de considerar si una persona es un animal o no. Pronto veremos legalización del canibalismo, de la pedofilia, del querer ser un objeto atrapado… en fin, esto es llamado en lo político como: “la ventana Overton”, que consiste en una secuencia de acciones con el fin de conseguir el resultado populista deseado (pasando de lo impensable, a lo radical, de lo radical a lo aceptable, de lo aceptable a lo sensato; de lo sensato a lo popular y de lo popular a lo político; en este último es donde se concentra esa Rebelión de las Masas, lobby o grupos de presión) según el fetiche legal (“amor” por el derecho) o el síndrome normativo (neurosis obsesiva) en que estemos; tal como dirían algunos pijos progres.

Teniendo en cuenta lo comentado por LEMAITRE RIPOLL (ver, El derecho como conjuro, aquí) y BOTERO BERNAL (ver, La corrupción: tensión entre lo político y lo jurídico, aquí); a la ciudadanía le ha caído un efecto placentero el determinar si algo debe estar legalizado o no, es como si estuvieran desnudo al considerar que algo no esta legalizado (eso es lo normal, que suceda todo el tiempo, lo cotidiano: la legalización). Queremos “legalizar” Uber, cuando ya está regulado por las normas del derecho comercial y civil; queremos “legalizar” como el hacer el amor con animales, o el poder considerarse de otra especie, cuando no está prohibido. Aquí la cuestión no es que este prohibido o legalizado, sino que lo puedas hacer. Pues, si tu ya cuentas con la libertad de hacerlo, ¿para qué llegar a la “legalización”? Es decir, a los privilegios, porque bien eso es lo que se consigue hoy en día cuando alguien habla de legalización en cualquier sentido. Mientras que un conservador quiere legalizar para prohibir; un progre quiere legalizar para obtener prebendas del Estado. Mientras tanto un liberal quiere: "deslegalizar", o como su nombre lo indica, quiere: “liberalizar”, y que seamos los mismos ciudadanos quienes decidamos que hacer o no. SANTO TOMÁS decía: “la ley civil no puede prohibir todas las obras viciosas".

Un Gobierno entre más corrupto, más normas anticorrupción tiene (BOTERO BERNAL, siguiendo a ÜBERHOFEN, cfr. La corrupción en el derecho comparado), y esta es la forma de esconder la realidad, pero bien, no las consecuencias de la realidad (RAND, cfr. La virtud del egoísmo); lo que hace producir normas ineficaces. La cuestión es creer que lo que describe el sistema jurídico, va a cambiar la realidad, no importando que se verifique en el mundo ontológico, y esto hace parte del formalismo jurídico, del legalismo; pensar que la "majestad de la ley" puede sobre la fuerza de la "realidad", siendo que la ley debe ser la última ratio; ya que no todo se puede regular, debiendo ser lo mínimo posible, expresa BOTERO BERNAL (ver vídeo, aquí).

El fetiche o el síndrome de lo legal (manifestación patológica), podemos resumirlos en términos económicos como aquella estanflación, recesión, desempleo y devaluación jurídica, como si de moneda y precios (norma) habláramos; pero de esta forma difícilmente podremos cumplir con su función: la certeza del derecho. ¿Por qué será que tantas personas inteligentes y con experiencia política, en lugares como Colombia, insisten en la reforma legal y en el litigio constitucional como si no conocieran las limitaciones del derecho como transformación social? Expresa LEMAITRE RIPOLL, (ver vídeo, aquí).

Si bien, se necesita de leyes, no se necesita para todo, sino para lo más importante (describir penas y delitos, marcar pautas generales del derecho...), la jurisprudencia, doctrina probable y el precedente (derecho honorario) deben ser las herramientas adecuadas para decantar el camino a seguir, según la conducta que vayan tomando los ciudadanos, según los convencionalismos sociales. Por tanto, legalizar sería importante para demarcar las reglas generales de todos los individuos, tal como: la elaboración de un código civil, comercial, penal..., pero no para cosas que ya están permitidas y que aunque están toleradas (no permitidas) puedan realizarse, como: la prostitución.

Entonces, ¿no entiendo cual es el fetiche legal o el síndrome normativo que existe hoy en dia en la sociedad?

Lo que necesitamos es un alto grado de culturización, tal como lo tiene hoy en día Suiza, donde las personas se comprometan a respetar las instituciones jurídicas y el imperio del derecho, sin que esto signifique caer en la desgracia de la “legalitis” o la “regulitis”. No toda regulación requiere de implementación del Estado, hasta el último Kelsen, lo predicó en su libro: «Teoría General de las Normas». Si bien, puede haber regulaciones netamente privadas entre particulares, no tiene porqué hacerlo el Leviatán; si el propietario X de un immueble quiere vendérselo a Y, pues en si, eso es ya una regulación normativa entre las partes (efectos interpartes, y que puede tener efectos interpares, cobijado judicialmente). Por ello, la importancia de la “deslegalización” particular de las cosas, sumado a esto de una vindicación de la costumbre, puede considerarse una forma pasar de una sociedad degenerada a una una sociedad civilizada.