11 de mayo de 2016

¿QUÉ ES LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN?: REALIDADES Y VIVENCIAS EN LAS UNIVERSIDADES EN COLOMBIA.





La Teoría de la Argumentación Jurídica se constituye en la formación de los aprendices del Derecho (Futuros Abogados) en una plataforma infalible que instituye la realización dialéctica y perceptiva (Persuasión y Autosugestión Dialéctica) del principiante jurídico. Se trata quizás, después de los cursos de Introducción al Derecho, Teoría del Derecho, Teoría y Manejo de Fuentes y/o Interpretación Legal y Constitucional (Teoría General del Derecho), como el eje transversal de formación básico-cíclica que afina la estructuración del pensamiento del estudiante de las Ciencias Jurídicas en sus primeros semestres.   


Así las cosas, dada la autonomía propia que concierne a cada Escuela, Facultad o División de Estudios en Derecho (Ciencias Jurídicas Propiamente dicha), estriba que cada plan de estudio tenga un eje transversal que motive desde los primeros semestres, el pensamiento vocacional del futuro abogado. Por mencionar, existen Facultades de Derecho que se encargan de formar Privatistas, Publicistas o Internacionalistas; todo dependerá de la estructura programática de la malla curricular y de los ejes transversales que esta tenga como requisitos de fondo, en la formación del abogado.  Considerando que, ningún plan de estudios de Derecho en pleno siglo XXI, “debe ser  profesionalizante”, pues es el estudiante quien debe elegir después de agotado su ciclo de formación en lo esencial del derecho, el campo técnico en donde se desenvolverá profesionalmente.  (Filosofía Institucional de la Facultad).


Más allá de la descripción curricular, más allá de los rudimentos en los cuales esté fundamentado pedagógicamente el plan de Estudios del Pregrado en Derecho y del éxito profesional de los egresados según su “potencial área en que forma a sus abogados”;  la cátedra de Teoría de la Argumentación, se ha convertido en “un dolor de cabeza”, para muchos Decanos, Decanas, Directores y Directoras de Escuelas y Facultades de Derecho en Colombia.


¿Por qué sucede esto?


La variable que indica este problema, es el nivel de incertidumbre que el estudiante en el ejercicio de su función como aprendiz, vive y experimenta en el desarrollo del curso. Indicaciones como: “No entender la clase, al profesor, no coordinar el pensamiento jurídico entre lo desarrollado en la clase con las anteriores asignaturas, desconocer el lenguaje del profesor e incluso, sentir al profesor extraviado de la materia, pensando que está repitiendo lo que ya se había visto en otros cursos”, son contextos que nublan el proceso de enseñanza-aprendizaje del estudiante en el desarrollo de la asignatura. La razón: ¿Un mal profesor o estudiantes con poco nivel de percepción?


Es justificable concebir que los programas de Derecho son competentes dada la autonomía que brinda la norma Constitucional para el desarrollo de sus objetivos pedagógicos y académicos, pero esta autonomía está fracturando la capacidad de entretejer el conocimiento jurídico a manera de ciclo formativo general, dado que son pocas las Facultades de Derecho en Colombia que han entendido la dinámica de la formación transversal en la Teoría General Derecho, lo que esta mutilando la  recepción del estudiante en temas de la Filosofía y el pensamiento jurídico. Un mal profesor implica la existencia de alguien no entrenado en el desarrollo del curso, y el problema de percepción de los estudiantes en la Cátedra, implica que el instructor se está equivocando en el método, ¿Culpa imputable?, Personalmente ni al profesor, ni a los estudiantes,  totalmente imputable a quienes organizan y estructuran la asignatura desde el eje transversal de la malla curricular y esto dependerá de quienes regentan esta autoridad en la Facultad o Escuela de Derecho.


¿Una verdadera Teoría Unificada de la Argumentación en el Pregrado?


“La Teoría de la Argumentación” es un estudio interdisciplinario del debate, es la enseñanza en la dialéctica emisaria, es insondar en el diálogo, en la teoría-percepción del razonamiento y la persuasión. En esto, la apelación al estudio de la lógica, las reglas de inferencia y las reglas de procedimiento dialéctico y oratorio, son los elementos constitutivos de esta cátedra.


De esta forma, la argumentación enseñada en las Facultades de Derecho, debe preocuparse simple y llanamente por llegar a conclusiones a través del razonamiento lógico basado en premisas, no escritas, “sino argumentadas”. Con esto entonces, la asignatura debe estar estructurada sobre el sistema de “las tesis”, o conclusión principal a favor de la cual se quiere argumentar, no apelando exclusivamente al conjunto de premisas desde las cuales se pretende inferir la tesis, sino en enseñarle al estudiante la capacidad de crear de forma (oral o escrita) un argumento que muestre cómo de las premisas se sigue la tesis.


“La Teoría de la Argumentación”, debe resucitar  “el arqueo dialéctico” esto es, que el estudiante de Derecho adquiera la capacidad de identificar y entender la presentación de un argumento explícito o implícito, y las metas o propósitos de los participantes en los diferentes tipos de diálogo. Con esto, no se trata simplemente de quedarse en la Lógica o en la construcción de argumentaciones basadas en textos tan complejos, donde el estudiante no encuentra una salida cognitiva; la verdadera “Teoría de la Argumentación” involucra la instalación del “Onus probandi” o carga de la prueba dialéctica, para fijar quien hizo la afirmación inicial y por consiguiente el responsable de proveer las evidencias por las que su posición merece ser aceptada. En este aspecto ¿Son estas las competencias desarrolladas en los estudiantes después del curso?, puede acaso un estudiante acordar tal expresión después de agotado el curso: “Siento que mi oratoria, dialéctica y capacidad de argumentación mejoró considerablemente”. Soy suspicaz, y discurro que nadie  que se forme de conformidad a las reflexiones de la verdadera argumentación jurídica, puede expresar tal locución.


No podemos concebir que la argumentación jurídica se basa solo en la enseñanza de  la abstracción de reglas, subreglas, principios implícitos o explícitos, ratio decidendi o en su defecto, construcción de líneas jurisprudenciales, “eso no es argumentación”, eso es una pequeña área de la Técnica del Manejo de Fuentes en el Derecho llamada “Interpretación Legal o Constitucional”. La Teoría de la argumentación es dotar al estudiante de la potencialidad de plantear un discurso argumentativo, donde el aprendiz del derecho, pueda conocer las condiciones de propiedad y legitimidad de lo que ha construido racional y dialécticamente; esto es, crear la autenticidad del estudiante como un argumentador , más que un mero hermenéutico.


De esta forma los programas de derecho deben  en primer lugar  replantear la cátedra partiendo de que el abogado debe ser un “comunicador claro y seguro”, que adhiere tesis y que debe ser capaz de convencerse de ellas y no simplemente entrando en el prejuicio cognitivo de hacerle creer al estudiante que “Argumentación es solo Argumentos Deductivos e Inductivos”.


En definitiva como seguidores de cualquier corriente del pensamiento y la filosofía jurídica en temas de argumentación a saber: Perelman y la Nueva Retórica, La Lógica Informal de Toulmin, La Tópica Jurídica de Theodor Viehweg, la Teoría Estándar de la Argumentación de Alexy y MacCormick de Manuel Atienza y su Nueva Teoría de la Argumentación Jurídica basada en la dialéctica del Derecho Europeo Continental, debemos centrarnos en dos cosas:


Primero: Que el estudiante sepa argumentar de forma oral y escrita y Segundo: Alcance la adhesión dialéctica a quienes se está dirigiendo”. Si se hace esto, entonces hemos progresado y cumplido medianamente.


Por lo que es tiempo de iniciar juicios de simulación en las clases de teoría de la argumentación o llamada en mi caso, “Teoría del debate”, abrazando de las artes y las ciencias de la discusión y la dialéctica parlamentaria, el diálogo, conversación y por supuesto la “persuasión Lingüística”, apelando también a las reglas de la inferencia, la lógica y las reglas de procedimiento en ambos sistemas para generar una coherencia entre lo actuado, escrito y argumentado; trascendiendo más allá del “P entonces Q” e instalado incluso en los cursos de argumentación jurídica avanzada, “Sistemas y Teorías del Debate Jurídico con apelación a la Programación Neurolingüística y la Sociolingüística” (Modelo Harvard o Derecho Anglosajón), pues antes de enseñar argumentar, hay que enseñar a conferenciar, dialogar  y coordinar el pensamiento es decir “enseñar hablar”.


Finalmente los cursos de Introducción al Derecho, inermes en la Filosofía Jurídica, los cursos  de  Interpretación Legal y Constitucional o Teoría y Manejo de Fuentes y  por último el curso de ese ciclo, llamado “Teoría de la Argumentación”, deben unificarse en una misma área “La Gran Teoría General del Derecho”, en donde al estudiante se le enseñe que es el Derecho, como se interpreta y como se argumenta en el. Evitando perjuicios cognoscitivos de repetir lo que ya se ha agotado en otros cursos. Así la media del curso al preguntársele ¿Qué es la Teoría de la Argumentación?, contesta: “La plataforma que perfecciona la dialéctica del argumento  y la herramienta que nutre la adhesión en mi profesión de abogado  en el campo jurídico que desarrollare” y no en el infortunio de hoy, cuando a portas de un siglo XXI cargado con tantas fortalezas en el Derecho, donde el Neoconstitucionalismo y la Filosofía Jurídica son el eje transversal de las relaciones de las Ciencias Jurídicas, el aprendiz del Derecho contesta escuetamente: “La Teoría de la Argumentación fue un curso, donde no aprendí nada, no le entiendo al profesor y sufrí demasiado para aprobar”.


Programas de derecho, a reformar estructuralmente esta cátedra. ¡Hay que avanzar!