7 de mayo de 2016

LA REALIDAD POLÍTICA-JURÍDICA DE LOS DERECHOS HUMANOS




Desde el siglo XX se marca dos eventos importantes para los "derechos humanos" (en adelante: DDHH); primero, la organización institucional internacional jurídica y segundo, la defensa de los derechos y las libertades; esto se concibe si bien recordamos luego de la IIGM. Haciendo un breve recuento histórico, en la edad antigua y media, el individuo no era portador de derechos, sino eran sus amos los que pretendían sus derechos (bueno, aunque no muy alejado de la realidad), posteriormente, se comenzó a respetar las posiciones de cada individuo. Si tratará de delinear los DD.HH fue a partir de la Declaración de Derechos de Virginia de 1776 y de Francia de 1789, cuando se dió la plasmación de los derechos del hombre y del ciudadano.


La primera identificación fue realizada por T. MARSHALL dividiéndolos en: primero, derechos civiles (XVIII), segundo, derechos políticos (XIX) y tercero, derechos sociales (XX, conocidos como, DESC, “derechos” propios del "welfare state").


La segunda identificación la hizo CELSO LAFER y PAULO BONAVIDES (ver, aquí), diferenciándolos en: primero, derechos de primera generación (civiles y políticos, propios del siglo XVIII y XIX), segundo, derechos de segunda generación (DESC, propio del siglo XX) y tercero, los derechos de tercera generación (solidaridad o derechos del hombre en el ámbito internacional, a finales del siglo XX). 

La clasificación realizada por T. MARSHALL es la más aceptada y valorada por los estudiosos del tema, pero a propuesta del trabajo, y la realidad política-jurídica de los derechos humanos, la clasificación es la siguiente:


Derechos de primera generación: civiles. Siglo XVIII.
Derechos de segunda generación: políticos. Siglo XIX
Derechos de tercera generación: DESC. Comienzos del siglo XX
Derechos de cuarta generación: solidaridad. Finales del siglo XX


Hasta incluso, se habla de derechos de quinta y sexta generación (no aplicada para humanos, ver, aquí)


En la edad moderna, se presenta la separación: Religión, Estado, Moral, derecho, Economía y Estado... conocido como iluminismo, humanismo, ilustración... se planteó los debates iusnaturalistas y iuspositivistas, los debates políticos: liberalismo, fascismo, socialismo y demás “luchas de clases”. Bien, fue a partir de 1945 en adelante que se pudo hablar de una “realidad”, no antes, ni siquiera con la llamada creación de la: Sociedad de las Naciones en 1919. Las nuevas cartas política-jurídicas “crearon” un estatus de mantenimiento de condiciones de “justicia” y respeto a los Tratados Internacionales (artículo 93 de la CN de 1991), de “progreso”, "justicia social", dignidad... lo que sí se pudo hablar fue de una internacionalización de los Derechos Humanos. Se crea la ONU, se da cumplimiento a los Consejos de Seguridad, se origina la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional... a nivel regional nace la OEA, organización internacional creada por la Carta de Bogotá, autorizada para “proteger” derechos individuales; a partir del SIDH (a través de su Comisión y Corte IDH) basado en la carta de las organizaciones de Estados Americanos de 1948 y otros instrumentos como el Pacto de San José y la Convención Americana de DD.HH (y sus respectivos protocolos y enmiendas como la del Protocolo de Buenos Aires) se resguardan derechos y libertades que otrora no eran tenidos en cuenta; por tanto, en principio y en parte con este contraste, “se sigue una línea liberal de la humanización del derecho,” en este caso de la humanización del derecho internacional "público".


Pero, esto no llega aquí, las ambiciones políticas, jurídicas, sociales, históricas, económicas... de cada "pueblo" se transforma de generación en generación; ya no basta el solo reconocimiento del individuo como sujeto de derecho, sino también de los "colectivos"; en inicio, se piensa que el Estado ni los grupos de presión son sujetos de derecho, ni de derecho internacional. Pero, al parecer ya no solo es el individuo, el que tiene esa facultad. Esto se debe a que se rompe el modelo individualista que contemplaba la Declaración de Virginia y Declaración Francesa… a partir de este otro modelo, la persona pasa a ser “un todo”: igualdad de los DD.HH, cambia el origen natural-individual al origen contractual social; tal como lo menciona GILMAR BEDIN (cfr, los derechos humanos y el neoliberalismo):  “La dimensión filosófica de los DD.HH, tiene tres dimensiones, individual: formación del yo personal, asumirse como sujeto democrático, vida social en equilibrio entre su interés, el de la sociedad y el Estado, social: reconocimiento del otro como semejante, respeto por las diferencias, todas las formas de sociabilidad (familia, pareja, colegio, etc) y político: soberanía emanada de su autonomía y autodeterminación en una democracia” (cfr. Los derechos humanos y su desarrollo histórico).


Con los llamados “derechos económicos y sociales” que se originan a partir de la Constitución de Weimar de 1919, la mexicana de 1917 y la revolución rusa, se comprende que el Estado es el garante (o sea todos los ciudadanos se convierten en deudores) ya no de otros individuos, sino de colectivos específicos, con el propósito de garantizarle: “salud, educación, alimentos, vestimenta…” (bienestar social) a todos. Ahora los “derechos”, son “derechos” no en contra del Estado (en sentido negativo) sino a través o por medio del Estado (sentido positivo, función de hacer, no, de no hacer); como el caso de los “derechos de los trabajadores” a percibir un salario mínimo, prestaciones sociales, horario condicionado… de esta forma, podemos dividir los derechos de los trabajadores en dos, igual como cualquier "derecho económico y social"; así, los derechos individuales y colectivos del trabajador son distintos, los primeros persiguen un mérito propio, mientras que los segundos una sinergia. Pero desde un enfoque liberal, este no sería el sentido que se le quiere dar, porque, el derecho individual del trabajador sería el derecho a trabajar, y no al trabajo, en el colectivo sería la libertad sindical como enfoque socialista, pero este última se podría incluir en el individual-liberal, por tanto esta división es inane.


Mientras que la primera y segunda generación de derechos (en versión de MARSHALL) se ha perdido estructuralmente, dándole paso a otros tipos de “generaciones”; los derechos civiles y políticos son los que han tratado de limitar los poderes del Estado, dándole empoderamiento al ciudadano o a grupos de individuos en su esfera de libertad en relaciones con el Estado mismo. Esto de convertirse en un hecho alcanzable, se ha vuelto una utopía. En conclusión el individuo es titular de derecho y obligaciones en la esfera internacional. AGUILERA PORTALES (cfr, teoría de los derechos humanos) dice que: “el derecho internacional de la comunidad es entendida como la comunidad totalizada de estado y personas, aparece actualmente un límite real a la soberanía absoluta del Estado que es de salvaguardar los derechos del hombre impuesto por la carta de San francisco, todo estado tiene el derecho de frotar en las personas bajo su jurisdicción con respecto a su DD.HH y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo o lengua”. Con el Pacto de San José (cada persona podrá presentar ante la comisión queja o denuncias) y el Protocolo facultativo del Pacto internacional de derechos civiles y políticos a nivel regional, se pueden denunciar todo tipo de atropellos individuales. En últimas los DD.HH plantean derechos subjetivos morales, la dignidad humana parte de la concepción de valor del ser humano independiente a su estatus (ética-valores), principios o derechos básicos, (racionalidad intersubjetiva según HABERMAS).


Todos los DD.HH hasta ahora son considerados: universales, indivisibles e interdependientes, relacionados entre sí. La cuestión estriba, por entender, ¿qué derechos humanos? Lo que en realidad pasa es que los Estados poco han aceptado esa indivisibilidad; le han otorgado mejor cabida a los DESC (derechos de segunda generación, o de tercera generación en la visión de MARSHALL) que a los derechos civiles y políticos (derechos de primera generación o segunda generación), precisamente por pretender querer darle un “bienestar social a la comunidad"; atropellando así los derechos propios de las personas/ciudadanos/individuos.


Si revisamos a los “intelectuales” que pregonan este “bienestar social”, nos dicen lo siguiente (para referencia de autores, pueden revisar, cfr, Direitos Humanos e Globalizacao, aquí):


MASLOW propuso la necesidad de alimento es superior que intelectual y espiritual. AMARTYA SEN expresó que se necesitaba la intervención del derecho para la seguridad alimentaria de las familias, los gobiernos deben de actuar cuando haya hambruna. DE WAAL que debe haber un contrato político o social dedicado a incluir DESC. RATNER habla de la indivisibilidad del medio ambiente, la salud y la equidad. Al menos, HUNT expresa que ningún instrumento nos dice que el sistema de salud deba ser público o privado, pero si no nos afirma que deba estar garantizado para todos, brindar conforma que sea coherente con los DD.HH.


Estos autores que defienden confusamente no solo a los “derechos humanos” como civiles y políticos sino también como sociales y económicos expresan llanamente que estos últimos, son justiciables, tal como lo determina COURTIS y ABRAMOVICH, como “derecho exigibles”, en cualquier parte del mundo. De esta manera SCOTT LECKIE expresa que las personas que son torturados o aquellos que padecen de hambruna, no deben estar en un estatus inferior, en el mismo sentido PHILIP ALSTON afirma que no es tan bueno llevar la indivisibilidad, ni tampoco hablar de jerarquías entre “derechos humanos” sea cuales fuere, lo que se debe hablar son de prioridades; se debe considerar prioritario aquello que se necesite en el momento adecuado, de usarlo adecuadamente para así lograr una realización progresiva. NARAYAN, PATEL, entre otros..., expresan que la pobreza se explica cómo impotencia, como algo desesperanzador, ya que jamás van a ser escuchados por los gobernantes, tal como suceden en algunos países del África.


Como réplica y contratesis, se puede expresar que son los Estados, los meros responsables de contribuir al abuso contra los DD.HH (sean civiles, políticos, económicos, ambientales, solidarios o “sociales”); si bien los actores no estatales pueden abusar de su posición, no es porque no quieran hacerlo, sino que pueden hacerlo porque los Estados se lo permiten, tal como dice BURKE: “El mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. De esta forma, los únicos que deben trabajar por la realización de estos “derechos humanos justiciables y exigibles” debe ser la misma sociedad civil, y no el Estado; en miras de buscar esa prestación universal de servicios públicos esenciales y no esenciales; tal como lo establece HUNT: “Debemos trabajar con actores no estatales”; bien, sin necesidad de coacción, expolio o saqueo. Este si que debe ser la realidad de los derechos humanos.