4 de mayo de 2016

LA DISTINCIÓN ENTRE DELITO PÚBLICO Y DELITO PRIVADO EN ROMA


La distinción que se presentaba entre delitos públicos y delitos privados, bien, es una diferenciación difícil de entender hoy en día; por eso quiero con este breve ensayo, explicar lo que fue esta bifurcación en época romana, remitiéndome a los los Comentarios de GAYO y a las Instituciones de JUSTINIANO. No pretendo agotar el tema, lo que quiero es describir el desarrollo histórico de los delitos, en esta etapa; y el de mostrar al público en general que no solo en el Derecho Penal contemporáneo se discute sobre dogmática penal, en ese tiempo también se hacía.
Notamos como el derecho ha surgido de nuestro antepasado, y el sistema romano ha sido testigo de ello; fue el pilar fundamental para erigir todo un andamiaje jurídico, tal como lo fue el derecho civil; en el se ha fomentado todas unas instituciones claras que hoy en día perduran. Con el estudio del Corpus Iuris Civile y de todas las fuentes romanas, han servido como base para el estudio del conocimiento jurídico, y el derecho penal no ha sido ajeno a esto; la dogmática precisamente nace a partir del derecho romano, indirectamente, porque fue con el Derecho Civil de donde se derivó, con ilustres tales como: IHERING, SAVIGNY, PUCHTA, WINDSCHEID, PUFENDORF...
Ahora, otra cosa distinta es que en el derecho penal le hayamos dado, a esa dogmática (“sacándole el jugo”), todo el desarrollo posible, bien como no sucedió con su originador, el derecho civil.
Los delitos como muy bien sabemos, llanamente, son los que se encuentran plasmados en cada Código Penal en su parte especial; pero eso otrora no era posible, debido a la confusión que existía dentro de este concepto.
Anteriormente se hablaba de delitos públicos y delitos privados, conociéndose los primeros por vulnerar la colectividad, tales como: el homicidio, incendio de cosecha, el daño nocturno, cuya sanción la impone la misma comunidad; para los segundos eran delitos: el hurto, rapiña, lesión a persona o daño injustificado (conocida más tarde como Lex Aquila); suponían un daño o lesión a bienes jurídicos del individuo, por lo que la sanción era la flagelación hasta la muerte; de hecho, se podía practicar el talión, pero esto cambia y da un giro fundamental, cuando la pena se hizo pecuniaria. Inicialmente la pena pecuniaria era voluntaria, después se convirtió obligatoria legalmente, sustituyéndose por la entrega del mismo cuerpo (nexum); así, la persona debía de entregar una suma de dinero por el daño producido, en el mismo efecto; si eran varios, cada uno entregaría su suma (obligación conjunta) y la cancelación de uno no excluía a los demás (solidaridad acumulativa). En últimas, en el caso que no se pudiese pagar en dinero se daba la noxalidad que era entregar al infractor o entregarse con el mismo cuerpo, como ultima ratio.
La distinción entre delitos privados y públicos, como hemos dicho, no se distinguió en un inicio y fue precisamente en lo “pecuniario” lo que viró la cuestión, convirtiéndolo en un hito, yendo más allá..., ya que en los delitos públicos se comenzaba hablar de pagar con una suma de dinero por el ilícito cometido y ya no como pena o como una obligación, sino como multa.
En Roma, se hablaba de situaciones que no eran de contratos ni de delitos, estrictamente, bien, porque el hecho se cometía sin culpa, tal como: “el arrojar algún objeto de un edificio, como el abuso del poder o como la violencia generada por el recaudador de impuestos”, que si bien estaba relacionado con una acción de contrato a la vez estaba obligado como si fuese un delito; pero no era ninguno de los dos, debido a que son bienes jurídicos que debían ser protegidos; por ello que se considerara este tipo de acontecimientos como: “cuasidelitos”; que si bien no tenían una sanción aflictiva, si resarcitoria.
Clarificando la cuestión, hemos inferido que a los primeros si les relaciona con el “contrato” y a los segundos con los “delitos”. De los delitos se evidencia la tipicidad, de los “cuasidelitos” no podemos decir lo mismo, ya que la falta de un contrato se deriva un incumplimiento de obligaciones, o de una responsabilidad extracontractual (determinación que fue acuñada a partir de 1700); concepto que los romanos conocían como Lex Aquila. Estos, desconocían el término de “responsabilidad”, pero sí podemos decir con certeza que de un delito, para ser más preciso de un cuasidelito, podría derivarse una responsabilidad extracontractual.
Curiosamente, toda esta confusión, genera la distinción entre delito privado y público. Y como en principio "todo tiene un final bonito”, fue precisamente con la figura de una autoridad auténtica la que hizo descender dicha separación. El pretor, como diríamos actualmente “el juez”, jurisprudencialmente tal y como sucede ahora, con todo lo de la “constitucionalización del derecho”, en este caso es llamado: “publicizacion” no del derecho sino de la reacción frente a los hechos ilícitos; contemplaba la posibilidad de llevar en el mismo proceso la pena pecuniaria relativo a los delitos públicos, hablando ya de una reprochabilidad social que se le hace al sujeto-agente; pero describiendo una pena y un resarcimiento totalmente distinto del que se concebía otrora; ahora, hablamos de acciones mixtas frente al mismo proceso, pero, de naturalezas jurídicas distintas.
Así fue como en Roma, desde GAYO, hasta las Instituciones de JUSTINIANO, marcó los frutos de esta separación. Lo que concebimos en un principio como delitos privados, mayormente, pasaron a describirse como delitos públicos (hecho ilícito), bajo la mirada de la reprochabilidad social. Los delitos que se incluían dentro de algunos códigos civiles fueron excluidos tipificados e incluidos dentro de los códigos penales de cada legislación nacional, tales como la: rapiña, el hurto, lesiones, ofensas..., sin dejar claro está, la función o el valor prevalentemente resarcitorio de los delitos privados tramitados bajo un mismo proceso, conocida como: acciones mixtas.