2 de mayo de 2016

HACIA UN DERECHO PENAL DISTINTO: "TODO FILOSOFO JURÍDICO ES HIJO DE SU TIEMPO".




Un día me encontré con una máxima de HEGEL, en un artículo de CARLOS PARMA, llamado: “JAKOBS HACIA UN DERECHO PENAL DISTINTO”, que decía: “todo filósofo es hijo de su tiempo”. Esta fase irradia de los cambios históricos, culturales, económicos..., y de los flagelos violentos que han sido representados por cada uno de los grandes filósofos y no solo del derecho. HEGEL es uno de ellos; este encarnó las victorias y las derrotas presentadas en su tiempo, tal como sucedió con Napoleón con sus batallas por ejemplo; lo mismo se puede decir del mismo JAKOBS que soportó estoicamente la IIGM, como también: MEZGER, MAURACH..., o el mismo ROXIN.


De allí, cada época de “la ciencia del derecho” se torna distinta para cada uno; bien como esgrimía KELSEN:el derecho debe ser dinámico, no estático”, por eso nuestro ordenamiento no siempre es el mismo, es voluble, veleidoso y cambiante, más aún si hablamos de la filosofía del derecho; sobrevivimos día a día las reformas constantes que realizan “los intelectuales”; estamos amarrados a un sistema jurídico positivo, que rechaza la atrofia, la parálisis…, en antaño solíamos vernos como seres mecánicos y ahora con una hiperactividad que cada vez se acrecienta. ¿Cuántas reformas del Derecho tenemos?, ¿Cuántas se advienen? ¿Cuántas reformas tiene nuestra Constitución?, ¿Cuántas se avecinan?


Las reformas son importantes cambios en un cosmos jurídico; pero como solíamos decir asimismo, tantas reformas son malas para el derecho o tantas cirugías son malas para el cuerpo; debemos auscultar el verdadero “concepto de derecho”, no dejarnos de desconocer y dejar de perder la esencia, que puede causarnos, la “cuchilla jurídica”. Por eso que la coherencia sea vital a la hora de sistematizar y adecuar a nuestro andamiaje todo lo que ha venido evolucionando dogmáticamente, para poder ir acoplandolo, de acuerdo a las características y contextos del caso; no es que si se necesita una intervención sobre la nariz hagamos uno sobre la oreja o busto, porque sería en vano ese dinamismo que buscamos en el plexo jurídico.


Que bueno es discutir y  dejar de estar pensando en tantas reformas y cambios innecesarios que se creen inmanentes a un sistema jurídico; más bien debemos elucubrar sobre cuestiones meramente filosóficas, de como cambiar el derecho ¿hacia dónde vamos? Porqué no crear a la medida perfecta un tipo que se adecuara a nuestro vivir, a ser hijos de este tiempo y porque no pensar en una reforma futura, como proyectar en construir una carretera de cuatro, seis u ocho carriles y no de dos (tal y cual rezagamiento sucede en este país), que sirva para las necesidades del mañana, y no pensar en satisfacciones propias y populistas que no son inherentes a ningún sistema de derecho. Estamos obligados y es nuestra misión pensar en grande, y saber entender que el derecho y todos los ordenamientos jurídicos globales se expanden y van cambiando de parecer, con sus ideas y autores;  reitero el refrán de HEGEL: cada filósofo; y ahora incluyo: cada jurista es hijo de su tiempo, extrayéndose como parte del entendimiento que la sociedad tiene de sí misma de un cambio constante que es inevitable, infalible e indefectible.


JAKOBS, por ejemplo, desde el punto de vista de la dogmática del Derecho penal, penetra en el plano axiológico estableciendo que, los valores son establecidos por la misma sociedad, esta misma los va determinando y fijando; los va integrando respondiendo a la constitución o auto comprensión de la sociedad. Es de una hipocresía mayúscula atribuir al sistema de JAKOBS bien como arguye PARMA, tal como sucede en latinoamérica; de darle el apelativo de carácter “totalitario” a las ideas de este, “por no estar acorde” a una fuente superior o norma fundante básica, en palabras de KELSEN  (llámese: constitución), o acaso no lo expresa el mismo profesor de Bonn en sus textos y nos lo hace avizorar. Bien sus detractores parece ser que se apoyan en meros sofismas y como lo dice este autor argentino se enfrentan a la amathia (caracterizada por SÓCRATES como: “un estado de incultura. No sólo de una carencia de información sino más bien un “no querer averiguar el sentido de la realidad”).


Clausuro esta breve nota parafraseando a CARLOS PARMA:

“Ya lo enseñaba el mismo HEGEL, refutar es más fácil que justificar, porque es fácil es mostrar lo negativo, si se refuta se está más allá, y si se está más allá, entonces no se ha penetrado en ella”.


La obra de JAKOBS influenciada por HEGEL es producto de una madurez filosófica jurídica, y cultural de la tradición occidental; su pensamiento es un gran sistema filosófico; por lo que de esta manera, hablar de JAKOBS no es solo hablar de LUHMANN, sino también de otros autores que contribuyeron en la elaboraciones dogmáticas de este, como tal fue HEGEL, por lo que sus sistema pueden ser considerados: unitarios, completos y suficientes.