1 de mayo de 2016

DEBATE: ¿LOS ANIMALES SON O NO SON "PERSONA"?



ARGUMENTO # 1


Recientemente a través de la Ley 1774 de 2016 en su artículo 5, se criminalizó el maltrato animal en Colombia, aunque esto no sea del todo cierto; podemos decir que algunos animales cuentan ya con ciertos privilegios, que otros envidian; a esto se le puede sumar que solo los gatos y perros cuentan con mayor protección, que el el resto de animales, solo por ser "amigos del hombre" y por ser animales sintientes y domésticos; esto no acaba aquí.


La situación cambia cuando a los animales se les quiere conceder derechos y no solo protección, sino que también quieran etiquetarlos como “personas”; esto ya está pasando en muchos países (Chile, Reino Unido, Suiza...) ya no solo quedándonos con la punición del maltrato, de ciertos animales. Si bien el debate puede ser antropológico, biológico, filosófico... nuestra intención es jurídica, desde una perspectiva interdisciplinar; acertadamente respecto al concepto de “persona”.


Desde el punto de vista del positivismo jurídico o del iusnaturalismo, no se puede considerar a los animales “con derechos”, ya que desde el primer enfoque se mira desde una construcción social hecha del hombre para el hombre, y desde el segundo, menos, ya que los derechos son dados para el hombre (en su sentido clásico o ya sea racional); por lo que no habría espacio para especificar los ciertos "derechos" que tienen algunos animales (no todos, según la “lógica animalista”). Este no es un debate nuevo, ya Schopenhauer, Bentham, San Francisco de Asís, San Agustín, y un montón de intelectuales, habían hablado sobre el tema; si bien miramos a Kant, este nos dice que, persona: “es aquel sujeto cuyas acciones son capaces de una imputación”; mientras que Hegel asevera que: “se una persona y respeta a los otros como personas”.


Entonces, ¿serían los animales capaces de una imputación y de respeto hacia las personas? ¿Podría un animal ir preso por matar a otro animal o ser humano? ¿Los animales contraerán obligaciones y heredarían? ¿Tendrán carácter de debilidad manifiesta, acciones afirmativa o déficit de protección? Pues si bien, esto parece alocado, si ha pasado en la historia, desde el siglo XIII al XVIII, recuerden el célebre caso de la marrana francesa (aquí), o el sonado caso de los ratones de Autun (aquí). Ahora mismo, ya no se habla si se puede considerar a los animales, como “cosas”, porque sería retrógrado y anacrónico, ni tampoco como “objetos”; es cierto que son seres vivientes, pero, ¿se pueden considerar con derechos, obligaciones, deberes y con imputación?


Tal como lo dice un seguidor de este Blog, Andres Antolinez:


“La calidad jurídica de persona se fundamenta sociológicamente en la aparente superioridad de los seres humanos, de la idea de que somos especiales respecto de los demás seres vivos. En la fundamentación filosófica del derecho, la calidad de persona se emplea para identificar a los humanos como la Idea Hegeliana fundamental para la construcción de la sociedad y de la normalización de la misma. Así, la idea legal de persona es una construcción, una formalización creada para legitimar un sistema de conductas que solo aplica a quienes ostenten la calidad de personas, excluyendo del mismo a los seres que no tienen tal calidad, En principio, la sociedad humana es una construcción basada en la idea de "persona" entendida una persona como la idea de identidad de los seres humanos, que en sentido estricto excluye a cualquier organismo biológico que no corresponda con la genética humana. De acuerdo a esto, se desconoce la capacidad de otros animales, que son de biologias distintas a las humanas, de ser parte del juego de normas e ideas por las cuales se rigen las sociedades humanas. En el caso hipotético que los animales, o demás seres vivos, asuman un grado de inteligencia que les permita comunicarse y socializar más efectivamente con nosotros los humanos, es menester cambiar la idea de persona y asumir integralmente la inteligencia y capacidades de los demás seres vivos, a los cuales no se les puede desconocer sus atribuciones como seres vivos pensantes y en condiciones distintas a las de los humanos-personas”.


Teniendo en cuenta lo anterior, los animales hoy en día son considerados como "objetos de derecho" en algunas legislaciones, en otras como sujetos y con supuestos “derechos”; existen animales que están más desarrollados cognitivamente que otros. No es lo mismo hablar de una mosca que de un perro (mientras que uno es vertebrado, “sintiente”, “amigo del hombre”, con cierta capacidad cognitiva, el otro no lo es) por tanto es común que veamos legislaciones que prefieran y privilegien a un sector específico de animales que otros; en todo caso sin son considerados sujetos de derechos esto no significa que tengan derechos o como personas, ya que este último es una construcción jurídica o una invención dada para el hombre (según la visión normativa que profeses). Porque bien el feto es sujeto de derecho, pero no es persona y no tiene derechos, el animal “no humano” también lo podría ser, pero sería comparar al animal con el feto, dándole la misma importancia “jurídica”, sin entrar en detalles emocionales o sentimentales.


Lo que causa cierta gracia es que “los animalistas sentimentales” quieran darle un estatuto especial a los animales que no tienen; los derechos son inherentes a la condición de la persona y a su valor ontológico, por tanto de ninguna forma se puede equiparar una y otra cosa, es como decir: “aceite y agua”. Que el derecho le corresponde a la persona, no significa que tenga que haber un trato violento a un animal o una destrucción a fauna o la flora o a los recursos minerales, si fuese así ¿por qué no darle derechos a las rocas, plantas y edificaciones para protegerlas de toda violencia? Los derechos son regulaciones de los comportamientos de los hombres; ahora, si a los animales se les considera con derechos, sería una extensión ficticia (ficción jurídica) derivada de la acción humana.


Es decir, se puede legislar para protegerlos pero, no se puede extender a éstos el mismo tratamiento que a la persona, eso es imposible y descabellado. Un despropósito. El ser humano es capaz de conducir actos volitivos y cognitivos para ser responsables de sus actos, los animales “no humanos” no, por tanto el ser humano es capaz de comprender la imputación a partir de su raciocinio, tiene conciencia además de considerar el contrato o pacto social inherente al que se le adjudica sus responsabilidades, el animal no. Mientras que en el ser humano incapaz puede ser representado legalmente por otro, el animal “no humano” no, porque en el primero lo son los padres, el Estado; por tanto darle representación a los animales sería desfigurar aún más el derecho.


En suma, me resulta equivocada la idea de discutir si un animal es o no persona porque cambiando el estatus jurídico del animal no se van a resolver nada, decir que son sujetos con derechos no sería los más apropiado, ya que el sistema jurídico esta construido a partir de la razón, no de la emoción.


Entonces…


¿Podrían ser sujetos de derechos y no con derechos?


Si, pero no con la misma caracterización que el de una persona, o ¿piensas mandar a un perro a la cárcel? ¿Que el gato sea acreedor o deudor de una persona? La otra cosa sería que los animales sean sujetos de derechos, para tener situación digna, al no maltrato; porque bien a la vida no la pueden tener, debido a sus exepciones. La cuestión es en entender que todos somos desiguales, y eso incluye a los mismos animales, es una condición natural del hombre discriminar ya que en el aspecto biológico, antropológico no se puede cambiar con meras leyes, regulaciones y políticas criminales. Tal como dice, Jorge Loring Miró: "Aunque un Gobierno haga una Ley dando permiso a los burros para que vuelen, no por eso a los burros les salen alas".




ARGUMENTO # 2


Así, cuando se pretende hacer política, abusando de la jurisdicción constitucional, por más que se tengan los fines más altruistas, se está minando la seguridad jurídica. Las leyes constitucionales deben decir lo que dicen, no lo que pretende que digan un intérprete de la Constitución que fuerza el alcance del articulado constitucional para que encaje dentro de sus posturas ideológicas. Frente a la demanda de Constitucionalidad de los artículos del Código Civil que califican a los animales como bienes, la ineptitud sustantiva de la demanda es clara. La Constitución en ninguno de sus apartados establece el biocentrismo en el que se escuda el libelista. Se puede debatir si, desde las posturas de Singer y sus ideólogos; a los animales se les puede reconocer una personalidad disminuida, pero si se acepta jurídicamente, se debe hacer una reforma del texto constitucional para dar cabida a esa introducción jurídica, hasta ahora no prevista en nuestro ordenamiento. No se puede forzar el plexo jurídico a que se ajuste por constitucionalidad a algo que la Constitución no dice.




ARGUMENTO # 3


Lo de los derechos de los animales es un campo minado y la moda de equipararse a los seres humanos lo único que produce es un enredo.


1- Hay la misma diferencia entre una persona y un leopardo, por ejemplo, que entre ese leopardo y una garrapata, o entre la garrapata y una bacteria. El concepto de "los animales" no existe: es simplemente una visión antropocéntrica negativa (todo lo que no sea una persona).


2- Para bien o para mal las personas están en el ápice de la cadena alimenticia. No es un juicio moral: es un hecho. Con nuestras decisiones podemos acabar de la noche a la mañana con una especie, o generar una nueva, o recrear una extinta. Podemos desaparecer un hábitat en un abrir y cerrar de ojos, o decidir preservarlo. Ya no existe "el mundo salvaje" o la "naturaleza virgen". Existen los hábitats que conscientemente escogemos preservar.


3- En ese orden de ideas se puede proponer una infinidad de esquemas morales o éticos para definir nuestra relación con "los animales" y todos son igualmente válidos.


4- Dentro de ese contexto mi opinión (no es más que eso, una opinión, del mismo modo que es sólo una opinión la de quienes plantean que los animales son sujetos de todo tipo de derechos) es que la sociedad puede escoger, si quiere, reconocer algunos derechos a algunos animales, según su relación con ellos.


5- Si queremos proteger una especie silvestre (los jaguares, por ejemplo) podemos tomar la decisión de establecer normas para restringir la caza de esa especie, podemos sacar del mercado amplios espacios para que se mantenga su hábitat, podemos extender la protección para proteger la fauna que constituye su alimento, etc. Pero en el mismo sentido sería simplemente una estupidez pretender que cada jaguar tiene derechos, por el simple hecho de que la vida en su entorno natural es por definición violenta, territorial, sujeta a hambrunas y enfermedades, sequías e inviernos, etc. No veo factible, ni deseable, pretender que la sociedad salga a rescatar jaguares en una situación equivalente a la de los niños de la Guajira, por ejemplo (hablando de lo cual no vi a los animalistas rasgarse las vestiduras con la mortandad de chigüiros con el fenómeno del niño, como hicieron hace un año con un simple verano).


6- Del mismo modo, si queremos tener mascotas domésticas, podemos regular las condiciones en que se pueden tener estas: puesto que siendo cautivas dependen de sus amos, se puede exigir alimentación adecuada, higiene, vacunas, espacio y rutinas de ejercicio. Pero tampoco me parece deseable, por ejemplo, tratar de impedir la eutanasia para un perro enfermo. De hecho se podría alegar que esa eutanasia es un derecho que tienen los perros y que ya quisiéramos los humanos.


7- Con esos dos ejemplos quiero ilustrar que la relación entre los humanos y los animales es utilitaria: depende del uso que les queramos dar. Ese uso puede ser estético (preservar la naturaleza), emocional (el cariño de una mascota), de vestimenta, de comida, de trabajo, de investigación científica, etc. Los usos posibles son tantos como la imaginación permita. No veo cómo alguien puede regular a rajatabla normas que apliquen para todos.


8- Dentro de esos usos son perfectamente legítimos la caza y la pesca deportivas, las de subsistencia, los toros, las corralejas, las peleas de gallos o de perros, las carreras de caballos, etc. En todos los casos satisfacen una necesidad humana, y no es de ningún modo superior la actitud animalista: es simplemente una posición moral diferente, como la que se puede tener sobre el aborto, o sobre los derechos de los LGBTI. Son posiciones aceptable únicamente en la medida en que ellas mismas contemplen que las posiciones de sus contrapartes también son aceptables.


9- Aprovecho para comentar dos puntos vinculados con el tema: primero, alguien que "el consenso es" tal o tal. FALSO. No existe tal consenso, pero lo que es mucho más grave, no existe un argumento menos libertario que invocar un consenso. Consenso es cuando se evita tener discusiones abiertas y opiniones contradictorias. Es el tonito suficiente que usan los amigos de "la paz", los burócratas para justificar su existencia, la iglesia para imponer su punto de vista, etc... Segundo: el ambientalismo y el animalismo son dos temas completamente diferentes. A los animalistas les gusta presentarse como "verdes", pero es equivalente al Partido Liberal presentándose como lo que su nombre indica: nada que ver con la realidad. El animalismo se ocupa del bienestar de cada animal individualmente, y tiene una utilidad práctica a la hora de pensar qué se hace con las mascotas abandonadas, cómo se deben regular los mataderos, que se debe hacer con la fauna domesticada, etc. Pero riñe con el ambientalismo que tiene que tomar decisiones difíciles para preservar un hábitat (por ejemplo sacrificar una sobrepoblación de una especie para preservar un hábitat), o una especie (por ejemplo sacrificar un macho dominante que ya no se reproduce para permitir que los machos jóvenes se reproduzcan y se mantenga la población). Entre las verdades de a puño que los animalistas nunca aceptarán pero que un ambientalista entiende sin problema están que el sistema de conservación ambiental más eficaz que hay se llama un coto de caza, o que prohibir las corridas implica la desaparición de un montón de subespecies (razas se decía antes) lo cual va en contravía de la conservación y la diversidad genética.