22 de abril de 2016

LA "DESLEGALIZACIÓN" DEL MATRIMONIO IGUALITARIO.



Noticia de gran impacto nos ha conmocionado hace pocos días en Colombia. Magistrados de la Corte Constitucional habrían derrotado en mayoría, la ponencia del togado Jorge Pretelt con respecto al tema del matrimonio igualitario (6 contra 3). Como muchos creen, la Corte ha llegado a “legalizar” la tesis de que ya hay un matrimonio igualitario explícito en este país (tal como lo exprese en un articulo publicado en PanamPost, titulado: "Por la separación del Estado y matrimonio en Colombia"); cuestión que no es verdad, lo que se ha es validado, pero para que se convalide se necesita de un fallo definitivo; sentencia que aún no se ha elaborado (para más información ver el Reglamento de la Corte, Acuerdo 02 de 2015, artículo 34. 8). Lo que ocurrirá, es que la ponencia le corresponderá a otro magistrado, esta vez a Alberto Rojas (este último de tinte progresista; en contraste con el primero, que se destaca como conservador); todo da a entender que la providencia será a favor del colectivo "LGTB".
Es de alegrarse y preocuparse a la vez de esta validación y convalidación, al que no le llamaría en estricto sentido “legalización”; igual como sucedió con la sentencia del Tribunal Supremo que “legalizó” el matrimonio gay en el caso Obergfell v. Hodges en USA, en el que hubo celebración tanto como ira. Así como lo expresa Thomas Sowell cuando menciona que la idea del matrimonio homosexual es producto del razonamiento torpe propio de la táctica victimista, esa que proclama: "soy una víctima. Por tanto, si no me das todo lo que te pido y me permites pisarte como un felpudo, se demuestra que eres una persona malvada y llena de odio". A pesar de su falta de lógica, es indudable que se trata de una táctica de gran éxito político. Porque si bien se puede disfrutar de un supuesto triunfo de las libertades civiles, no es menos cierto que estas estén estatizadas; es decir, no garantizadas plenamente. No es lo mismo correr, que correr con peso, no corres igual; aquí, sucede lo mismo. El pretender casarse pidiéndole permiso al Estado es como correr, con el peso del yugo del Estado, es como querer pedirle permiso a este, para hacer lo que quieres hacer. Montesquieu decía que: "la libertad política no consiste en hacer lo que se quiere sino en poder hacer lo que se debe querer y en no ser obligado a hacer lo que no debe quererse".
Si lo que se quiere es ser libre, es siéndolo de verdad no a medias, algunos me inquirirán diciendo que: "se debe tomar la libertad que se pueda", pues es verdad, pero, ¿es que acaso no podemos ir más allá? Como he dicho arriba, si bien ha sido un triunfo para los individuos, no sirve de mucho si lo que se pretende además de estar sometido a un ente colectivo, es el de querer imponer la moral a los demás. Por eso es que este sea otro mal, ya que estas ciertas libertades no son manejadas por “intereses generales”, por parte de los ciudadanos, sino por parte de colectivos lobbistas que quieren imponer políticas nocivas en la sociedad, creando zozobra, discordia y resentimiento en la población.
Desde la Sentencia C- 577 de 2011 de esta misma Corte, ya se había abierto la posibilidad de que las parejas del mismo sexo pudieran unirse, como el hecho de poder constituir familia; además exhortaba al congreso para legislar sobre el tema, en todo caso establecía que las parejas del mismo sexo podían acudir a notarios o jueces a solemnizar su unión y confusamente por medio de matrimonios. El sin sabor que dejó este fallo fue la causa para que se produjera este nuevo hecho jurídico que no se ha concretizado aún, pero que se va a llegar a efectuar; el problema de todo esto ha sido la ambigüedad que ha marcado el sin sentido de las personas del mismo sexo que quieran casarse; por tanto, la solución no está en expedir fallos y fallos, reconociendo libertades civiles, sino que el Gobierno y el Estado en general deje de meter sus narices en los intereses particulares de los ciudadanos de lo que deban o no deban hacer, tal como sucedió recordemos con el cuento de la adopción de las parejas del mismo sexo; entonces, no es reconocerles o no reconocerles sino de no interferir en sus asuntos; dejar hacer, dejar pasar, que cada quien conviva con quién quiera convivir, que se casen si lo quieren hacer o no, por medio de un papelito, servilleta, escritura pública, documento privado, con festejos, sin festejos, con bombas y platillos, con o sin formalidades…, eso es problema de cada quien, como diría Rand Paul: ¿qué le importa al Gobierno haber definido que el matrimonio tenga que ser heterosexual u homosexual? De allí que comparta la frase de un amigo: "yo no quería que aprobaran el matrimonio homosexual, quería que abolieran el matrimonio heterosexual". Bien, porque la cuestión de la deslegalización no solo va con el tema del matrimonio igualitario y con otros temas concierne a las libertades civiles y políticas; sino de igual forma se debe hacer con el tema del matrimonio de las parejas heterosexuales.
Andrew Syrios expresa que el matrimonio y el Estado: son una unión infeliz. La institución del matrimonio ha sido un fundamento de la civilización, no del Estado. La institución del matrimonio fue raptado por este último, queriéndolo codificar, igual como lo hizo la Iglesia. Fue a partir del siglo XVI cuando se empezó requerir que los matrimonios se llevarán a cabo bajo la “protección de la ley”. Y este ha sido el falso dilema que bajo el ropaje de la "normatividad" se intente buscar en la consigna de “la igualdad de derechos”. Ciertamente como dice Sowell: “el matrimonio no es un derecho que el gobierno le concede a los individuos. Es una restricción de los derechos que ya tienen”. Refiriéndose no solo respecto a las parejas homosexuales como parece, sino también a las heterosexuales o poligámicas, si se quiere; pues, las personas pueden hacer lo que les plazca por medio de acuerdos, contratos, convenios..., sin necesidad de que una "ley" diga que hacer; este es precisamente el fenómeno de la deslegalización, porque, si la búsqueda son los derechos individuales esta es la forma más simple para convalidarlos, cosa contraria, que es lo que quieren hacer los "activistas", los colectivos... y no es nada menos que una aprobación folclórica, social... de su estilo de vida bajo la retórica de la “igualdad de derechos” que en última se ha transformado en una forma de tomar privilegios especiales para todo tipo de grupos.