24 de marzo de 2016

ENTIENDANLO DE UNA VEZ: "PROHIBIR O RESTRINGIR LAS IMPORTACIONES, EMPOBRECE".



Por, Alberto Díaz Falcao vía @derechopublico1

“No es crimen ser ignorante en economía, pues es una ciencia complicada y de gran especialización. Pero si es totalmente irresponsable el expresar vociferantes opiniones económicas habiendo permanecido en estado de ignorancia en esta ciencia”.
(Murray Rothbard)

Se tiene la falsa creencia de que exportar es bueno e importar es malo y por lo tanto se debe restringir las importaciones y fomentar las exportaciones. Se  interpreta que  si exportamos nuestros bienes a otros países, ganamos, y al contrario, si importamos bienes de otros países, perdemos.

Ya en el año 1770 el economista Escocés Adam Smith, y en 1840 el economista Francés Frédéric Bastiat nos legaron sobrados argumentos para enterrar este mito ó falsa creencia.

Decía (Adam Smith):

“Si un país extranjero puede suministrarnos un artículo más barato de lo que nosotros mismos lo podemos fabricar, nos conviene más comprarlo con una parte del producto de nuestra propia actividad empleada en fabricar cosas en que llevamos alguna ventaja [...]. En cualquier país, el interés del gran conjunto de la población estriba siempre en comprar cuánto necesita a quienes más baratos se lo venden”.  

El economista Frederic Bastiat escribió, en forma de cuento, acerca del personaje literario Robinson Crusoe, imaginando que este habitante solitario de una isla estaba trabajando en la construcción de una tabla a partir de un tronco. Pero ocurre que un día llega flotando desde el mar una madera justamente de la forma de la tabla que él estaba fabricando. Sin embargo, Robinson expresa:  “Si yo busco esa tabla, sólo me demandará el trabajo de cargarla y el tiempo necesario en descender y remontar desde la costa. Pero si yo fabrico la tabla con mi hacha, me procurará primeramente quince días de empleo, luego mi hacha se gastará lo que me proporcionará el trabajo adicional de afilarla y repararla. Está bien claro que si busco esa tabla provocaré mi ruina. Debo proteger mi trabajo personal, y ahora que lo pienso, hasta puedo aumentarlo arrojando el tablón de vuelta al mar”… Este razonamiento era absurdo. Sin duda alguna. Robinson descartó el tablón que le había sido ofrecido a cambio de poco trabajo. Considere usted a la nación como un ser colectivo, y no hallará un átomo de diferencia entre su raciocinio y el de Robinson.

Este razonamiento absurdo, es el mismo por el cual toda nación intenta protegerse a sí misma por medio de la prohibición de las importaciones, con el objetivo de proteger el trabajo. La teoría de Robinson la practicamos diariamente con toda asiduidad y meticulosidad. No hay ninguna diferencia entre tirar el tablón al agua, y el ofrecimiento de los alemanes, americanos o japoneses de poner en nuestros puertos un automóvil a mitad de precio del que nos cuesta producirlo.

Impedir la importación de bienes que podríamos comprar barato y con menor esfuerzo a cambio de  fabricarlo a mayor costo y con mayor esfuerzo, es un desperdicio increíble de recursos (que son escasos).

Al igual que Robinson, seguramente, la mayoría de la población exclamó: «¡ Pero si esas fábricas no existiesen habría desocupación!»”.

Si un marciano escucha esta exclamación, seguramente le diría que es una estupidez, puesto que con el tiempo y los recursos ahorrados, se puede producir otra cosa, ya que en ningún país sobran alimentos, sobran caminos, sobran viviendas, etc., y siempre queda mucho por hacer para satisfacer las necesidades de la población.

Es necesario entenderlo, no se trata de cerrar empresas ni de extinguir la producción nacional, el objetivo del libre comercio es dejar de producir caro lo que se puede importar barato, y que las empresas del país que producían esos bienes caros,  se dediquen a la producción de otros bienes en los  cuales tengamos ventajas comparativas. Los trabajadores, las inversiones y los recursos son desplazados hacia sectores donde el país cuenta con mayor ventaja competitiva (ya sea por su clima, suelo o cualquier otro motivo), en definitiva es dedicarnos a producir aquello que podemos hacer más barato y que los otros países están dispuestos a pagar más caro, lo cual significa hacer mejor uso de los factores de producción obteniendo un mayor beneficio”.  

—Si se le dice: con la libertad de comercio internacional vamos a vernos inundados de carne, de pan, de carbón ..etc., responda: no tendremos hambre ni frío.

—Si se le dice: ¿Con que pagaremos? responda que eso no os inquieta. Si se nos inunda es porque tenemos con que pagar, y si no podemos pagar, no se nos inundará.

—Si se le dice: es indispensable que un gran país tenga la industria del hierro, responda: lo más esencial es, que ese gran país tenga hierro.

—Si se le dice: obligar a los hombres a arar las piedras aún cuando no convenga es aumentar su trabajo, y por consiguiente su riqueza, responda: obligar a los hombres a cavar pozos prohibiendoles el agua del río, es aumentar su trabajo inútil, pero no su riqueza.

—Si se os dice, como en la Prensa: El estado debe enseñar al pueblo porque y como es preciso comer la carne, responda: Deje el Estado entrar la carne, que en cuanto a comerla, el pueblo menos civilizado del mundo tiene ya bastante edad para aprender a hacerlos sin maestro.

El beneficio del comercio exterior consiste en intercambiar lo que uno produce con ventajas, por aquello que uno produciría con desventajas.

Sostener que importar es malo, es un argumento estúpido. Porque no ha habido, no hay, y no habrá, un país que pueda importar sin haber exportado. Y a la vez  sería de idiotas exportar sin nunca importar. Para comprar, previamente hay que vender, pero el previamente deja muy claro que la venta es el medio y la compra es el fin, y no solamente desde el punto de vista cronológico, sino también, y principalmente, desde el punto de vista económico: para comprar bienes y servicios hay que generar ingreso, para generarlo hay que vender algún bien o servicio, para venderlo hay que producirlo y, para producirlo, hay que trabajar, trabajo que es el medio, consumo que es el fin, medio que tiene sentido únicamente en función del fin.

La razón de ser de las exportaciones, son las importaciones, y nada más que las importaciones. Dicho de otra manera: se exporta (se vende) para poder importar (para poder comprar). Las exportaciones son el medio y las importaciones el fin.

Ningún país extranjero sacrificará sus recursos, su capital, ni el producido de su esfuerzo  sin exigirnos algún bien a cambio, el cual en algún momento tendremos que producir y es por esa causa que  “Las importaciones no producen desocupación, tampoco provocan la pérdida de la identidad nacional, ni el cierre de la industria nacional.

Sin embargo, durante años he estado leyendo los editoriales en diferentes periódicos del país, y escuchando a políticos, funcionarios, algunos empresarios y hasta economistas, todos pidiendo la intervención del Estado para cerrar la frontera, impedir las importaciones y fomentar la producción y el empleo nacional.

Ahora, en Tierra del fuego se producirán computadoras que según la revista The Economist, tendrán un costo de fabricación 3 veces superior al que las compraremos en Miami y 10 veces superior al costo que se producen en Asia. Vamos a fabricar caro lo que podríamos comprar barato.

Considere a la nación como un ente colectivo y no encontrará diferencia alguna entre su razonamiento y el de Robinson, vamos a fabricar Mil computadoras nacionales y vamos a tirar al agua Tres mil que podríamos comprar con el mismo esfuerzo.

No aprovechar la eficiencia de otros países que abaratan los bienes que consumimos es una empobrecedora tontería. Dejémonos de tonterías y pongámonos a reflexionar sobre los cambios que necesitamos promover para aprovechar la oportunidad que nos brinda esta nueva era económica de mucha eficiencia y bajos precios. Como decía Bastiat hace ciento cincuenta años, no aprovechar ese beneficio equivale a tirar de regreso al mar la tabla que llegó flotando por temor a perder la oportunidad de tener que talar un árbol. De esta visión equivocada, nace el proteccionismo  que bloquea las aduanas y nos impide gozar de los beneficios del intercambio libre.

El proteccionismo impacta directamente sobre el salario de los trabajadores. Restringir las importaciones es impedirle a un ciudadano comprar bienes más baratos o de mejor calidad porque el fabricante de esos bienes tiene su domicilio establecido al otro lado de la frontera. Impedir comprar un bien más barato es reducir el salario de los ciudadanos. Es empobrecer al consumidor para beneficiar injustamente a los fabricantes incompetentes locales.  Pagar un precio más caro logrará que los ciudadanos sean más pobres.  Cuando los empresarios, los políticos y los intelectuales piden al gobierno que proteja cierta industria, lo que en realidad están pidiendo es que los pobres subsidian a los ricos e incompetentes.

Si algo se ha hecho mal en el ámbito de la economía en las últimas décadas, fue restringir el libre comercio entre personas de distinta nacionalidad poniendo a un grupo de burócratas del gobierno, desde un escritorio, decidiendo qué sí y qué no, la composición y el monto de las importaciones y exportaciones, en lugar de que sean los consumidores, comprando o dejando de comprar en el mercado según sus preferencias. Y si en algo NO son ejemplo las economías de los países desarrollados, es en su proteccionismo a ultranza. El proteccionismo del gobierno estadounidense, no tiene ni pies ni cabeza. El proteccionismo de los países de la Unión Europea los ha empobrecido. El proteccionismo de Brasil es un error, y el de Argentina un despropósito.

El proteccionismo es nocivo para las naciones.

“La aduana proteccionista es opuesta al progreso de la población, porque hace vivir mal, comer mal pan, beber mal vino, vestir ropa mal hecha, usar muebles grotescos, todo en obsequio de la industria local que permanece siempre atrasada…” J. B. Alberdi (Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina).

Ninguna nación se ha empobrecido comerciando. No hay país empobrecido a causa del libre comercio. Por el contrario, aquellos países que lo impidieron se quedaron pobres.

Es increíble que en este siglo todavía se padezca la limitación de quienes se oponen a que la gente pueda comprar y vender pacíficamente sus cosas, respetando los derechos de los demás.  Hoy nos obligan a aceptar que si los diputados o el Ejecutivo dictaminan que no tenemos derecho a vender y comprar donde más nos conviene en el globo, simplemente no lo tenemos, salvo que paguemos un impuesto de dónde salen sus sueldos.

Es lamentable e indignante,  que los mismos dirigentes que nos imponen el proteccionismo y nos dicen que es malsano ingresar bienes más baratos de otros países, cuando viajan al exterior se traen medio mundo a cuestas. El idioma castellano es rico en palabras para describir estas conductas: Cínicos, Hipócritas, Farsantes, Simuladores, Descarados, Desvergonzados, Deshonestos, Impúdicos…