1 de septiembre de 2015

¿QUÉ SERÍA DE LOS POLÍTICOS SIN LOS IMPUESTOS?





Por esta época los políticos parecen candidatos a canonizaciones, y no a alcaldías o puestos en el concejo. Ofrecen mejores hospitales, escuelas con jornadas completas, y una cantidad enorme de hermosos proyectos. Por eso el día que una amiga me contó aterrada que en Bogotá había un candidato a la alcaldía, por un tal “Movimiento Libertario”, que no ofrecía mucho más que bajar los impuestos. Lo primero que pensé fue que ese hombre no ofrecía poco, ofrecía mucho. Pero además, ofrecer una disminución de los impuestos es un acto de honestidad y sensatez, cualidades que poco se ven en la casta burocrática. Y es que claro, si la mayoría de la gente vota por quien más cosas “gratis” ofrezca, la consecuencia lógica es que entre los candidatos se desate una guerra de quién ofrece más.

Sin embargo, hay un gran engaño del que la gente parece no percatarse, y tiene que ver con  que todo lo que estos políticos ofrecen como “gratis”, en realidad es pagado por cada uno de nosotros. Pero a estos señores poco les gusta hablar acerca de la supuesta gratuidad de lo público, por eso usan un lenguaje, que a mi consideración, es engañoso. Por ejemplo, Petro dijo: voy a hacer un concierto de Calle 13, mi alcaldía va a traer a una de las mejores bandas para que todos los ciudadanos de Bogotá disfruten sin pagar un peso. Pero lo que debió decir fue: todos en Bogotá, incluyendo a los ancianos que con su pensión pagan un predial, o a la señora que vende tintos en la esquina y paga IVA todos los días, van a tener que pagar un concierto de Calle 13; sin importan si les gusta o no. En este punto, mi amiga ya me había dado la razón en que decir abiertamente que hay que dejar de sacarle dinero a la gente en impuestos, es un acto de honestidad. Y es que claro, como no se habla abiertamente del engaño de lo “gratuito”, un candidato que, por ejemplo, propone cientos de actividades artísticas “gratuitas”, va a ganar mucha más simpatía que este joven que honestamente dice que propone dejar de quitarle dinero a la señora de las empanadas para hacer un concierto al que ella seguramente no irá.

Por eso, tenga en cuenta que cada que usted hace una llamada desde su celular, o cada que sale a cenar con su familia y tiene que pagar IVA, está pagando los proyectos que un político eligió como los mejores para usted. O tal vez, los mejores para él, porque si la elección de alguien depende de cuantas cosas hermosas se prometan, nos encontramos ante un problema de riesgo moral, en el que los candidatos estarán tentados a ofrecer infinidad de maravillas, porque al final quienes pagan no son ellos. Es el ciudadano común el que corre con los gastos, ya sea por medio de impuestos, o por emisión monetaria.

Entonces, los políticos se reeligen una y otra vez gracias a nuestros impuestos, que según ellos, van destinados a ayudar a los más pobres y, en general, a aumentar el bienestar de todos. Pero, ¿es cierto que nuestro dinero, en manos del estado, tiene un mejor uso que el que le daríamos nosotros mismos? Al respecto hay que decir que el estado no funciona como una empresa privada, en la que el dueño debe utilizar bien su dinero, y crear un producto o servicio que la gente quiera comprar, porque de lo contrario, no va a tener clientes y va a quebrar. El político de turno utiliza nuestros impuestos como quiere, no importa si no nos gusta cómo funcionan los hospitales o las escuelas públicas, los menos favorecidos no tienen la opción de elegir, no pueden irse y quebrar al estado.

El actual alcalde de Bogotá, por ejemplo, prometió crear empleo, y efectivamente lo hizo. Con el dinero que todos pagamos en impuestos creó, entre otras cosas, algo que se llama “Misión Bogotá”, que según la descripción del programa, son jóvenes que se dedican a “Apoyar las diferentes actividades de gestión y promoción de entidades públicas como Transmilenio, SITP, SuperCADE, alcaldías locales, entre otras.” El señor alcalde, con nuestros impuestos, contrata a una gran cantidad de jóvenes que se dedican a andar por las calles, con chaquetas que dicen: “Bogotá Humana”. Pero, ¿eso es brindar empleo de calidad? ¿Cree usted que el gobierno les está brindando oportunidades reales a estos jóvenes? ¿Es esto un manejo eficiente del dinero que pagó usted en sus impuestos? Crear empleo es muy fácil, el problema es crear empleo que genere valor, que cree riqueza para una sociedad y nos beneficie a todos, y eso solo lo puedo lograr la empresa privada. Por lo tanto que este joven proponga bajar los impuestos, quiere decir que propone una política a favor de las empresas, y con esto a favor de los más pobres, que son los que se benefician cuando se crean empleos y cuando nuevos empresarios producen bienes más baratos.

Imagine, con una disminución de los impuestos, cuántas nuevas empresas se crearían, empresas de verdad valiosas, que logren aumentar las tasas de empleo al tiempo que ofrecen bienes y servicios mejores y de menor precio. No empleos temporales y sin ningún valor, como los que normalmente crean los gobiernos. Ahora imagine que el estado no obligue a los más pobres a asistir a los colegios “gratuitos” y de mala calidad que ellos manejan con nuestro dinero, sino que, como propone este joven candidato, retomando a Friedman, a cada familia de escasos recursos, se le diera un bono para utilizar en el colegio que quisiera. Se crearían decenas de colegios buenos que buscarían ganarse ese bono ofreciendo calidad y buenos precios. Si un colegio no es bueno, la gente deja de demandarlo y quiebra. Contrario a lo que sucede en la actualidad, en donde el gobierno dispone de nuestros recursos, y si no nos gusta como lo hace, no podemos dejar de demandar la educación que nos ofrece.

Entonces, por estas fechas de elecciones, recuerde; nada de lo que le dicen que es gratis lo es, nosotros lo pagamos todo con nuestro dinero. De lo que nosotros pagamos, lo que queda después de los robos de algunos políticos, y de pagar los gastos de funcionamiento de un estado enorme, se destina a la creación de empleos por parte un político al que no le importa qué tipo de puestos se crean. Otra parte va a hospitales dirigidos por políticos a los que no les interesa si el hospital presta un buen servicio o no. Y otra parte se va a actos populistas que logran embaucar a gente de buena fe.

Por lo tanto, como para mí es éticamente incorrecto quitarle dinero a los menos favorecidos para pagar un concierto al que ellos seguramente no asistirán. Así como también es inaceptable derrochar el dinero que todos pagamos, en hospitales y colegios de pésima calidad. A mí no me parece malo un político que promete bajar los impuestos y aliarse con la empresa privada; me parece buenísimo. Mientras tanto, lo que sí me parece que está mal, es votar por el político que más prometa dilapidar mis recursos. Contrario al derroche sin escrúpulos que ofrece la mayoría de candidatos, lo que debería hacer el estado, es brindar las condiciones para que cada persona pueda lograr sus propios objetivos, que al final se convertirán en beneficio común. Por ejemplo, que los colegios compitan en precios y en calidad, que gane el mejor, y que el dueño del colegio que solo busca ganar dinero para él, termine beneficiando a todos los niños que, gracias a la libre competencia, tendrán educación barata y de calidad.