15 de septiembre de 2015

POR QUÉ SOY LIBERTARIO





Durante mucho tiempo mis amigos y compañeros me preguntaron cuál es mi verdadera ideología política, en buena medida porque muchos de ellos no logran encuadrarme, dentro de las ideas políticas que suelen asimilar los jóvenes en las universidades y partidos o movimientos políticos.

Para unos, soy conservador, para otros soy radical, unos me han llamado “socialista moderado” (a la manera de la socialdemocracia y el socialismo democrático) mientras que otros, simplemente piensan que no tengo ideología. Es una fortuna que no me hayan llamado “comunista” o en el peor de los casos “anarquista”.

Muchos me han cuestionado sobre temas como la educación, la salud, la religión, justicia, cultura y economía, entre otros temas , mis posturas sobre cada uno de esos temas siempre ha sido las mismas: educación para todos, salud de calidad para todos, plena libertad de culto en un Estado laico, justicia porque todos somos iguales ante la ley, libre acceso a la cultura y plenas libertades económicas.

Ante ese panorama de incertidumbre y dudas sobre cuales son mis verdaderos ideales, en esta ocasión no solo les revelaré cuál es mi verdadera ideología política, y trataré de explicárselas desde mi punto de vista. A la vez, responderé algunas de las preguntas que ustedes pudieran estar pensando.

Para aquellos que me han pedido explicaciones, quiero que sepan que soy Libertario, y por ende, soy partidario del Libertarismo, o comúnmente llamado Libertarianismo (traducido del inglés Libertarianism) o incluso llamado Liberalismo libertario.

Seguro muchos me preguntarán qué quiere decir eso, y la respuesta se resume de la siguiente manera: simplemente soy partidario de la supremacía de las libertades individuales por encima de lo que afirmen el Estado o las instituciones, esto es, el derecho que tenemos cada uno de nosotros sobre nosotros mismos, y cuyo único límite son las libertades y derechos de los demás. Dicha ideología, para su conocimiento general, está sustentada en el individualismo filosófico, un anti-estatismo moderado (léase, un Estado mínimo cuya única tarea es garantizar los derechos y libertades a sus ciudadanos) y una economía de libre mercado, único modelo de prosperidad posible, con pocas trabas o nulas al libre comercio tanto entre individuos como entre naciones.

Quizás muchos me preguntarán por qué soy Libertario, y la respuesta a dicha pregunta puede resumirse en los siguientes puntos:

-Soy Libertario, porque creo y defiendo la libertad de todos los seres humanos de ser ellos mismos y desarrollarse como ellos lo deseen.

-Soy Libertario porque creo que la libertad es algo que viene atado al ser humano, quizás desde el momento de su concepción, hasta el momento de la muerte, y por ende, estoy en contra de cualquier método que coarte la libertad.

-Soy Libertario porque creo en la libre competencia y el libre mercado a través del libre desempeño del trabajo o profesión, única forma posible de lograr riqueza y prosperidad.

-Soy Libertario porque defiendo el derecho a la propiedad privada, puesto que lo que poseo es mío por cuanto lo he trabajado y tengo derecho a disfrutar de mis posesiones, y sólo yo decido a quién lo entrego, en qué forma, y a quiénes no lo entrego y mis legítimos motivos para no hacerlo.

-Soy Libertario porque creo en la igualdad en los derechos de todos los individuos ante la Ley, máxima garante de la convivencia entre los hombres, y única igualdad real y confirmada.

-Soy Libertario porque estoy en contra de aquellos sistemas autoritarios y dictatoriales que han pretendido y todavía pretenden dominar al hombre con el fin de perjudicarlo y convertirlo en máquina, algo que a mi juicio es grotesco y anti-natural.

-Soy Libertario, porque soy libre y capaz de expresar lo que siento y lo que pienso, en la forma que quiero, respetando por supuesto las opiniones de los demás.

-Y por último, soy Libertario porque la filosofía de la libertad va acorde con mi naturaleza y mi forma de ser.



Muchos quizás, al leer esta explicación, me preguntarán si creo en la justicia social y la igualdad social, y en este punto, no solo seré sincero, sino también claro: para mi no existe la justicia social, primero porque es un término ambiguo y muy dado a la confusión, pero si a esas nos vamos, habría que descomponerlo de la siguiente manera: la justicia equivale a darle a cada cual lo que se merece, ya sea según su accionar en Derecho, o según su labor a nivel profesional, y la cuestión social, se refiere al conjunto de individuos que conviven unos con otros. Por ende, la justicia social debería definirse como el darle a cada cual según su capacidad, su trabajo o su modo de actuar, que en muchos sentidos, solo sería justicia. Sin embargo, este término ha sido, ya sea de forma deliberada o no, con la igualdad social, utopía imposible de realizar porque implicaría darle a todos lo mismo sin importar su capacidad o profesión, lo que ciertamente no es justo, por cuanto cada cual es diferente a todos los demás, y por ende, es anti-natural. Tampoco creo ni en la justicia social ni en la igualdad social, por cuanto, en nombre de esos ideales, se han cometido las peores atrocidades en contra de la humanidad, para a la larga solo beneficiar al grupito de hipócritas y mentirosos profesionales y facinerosos que buscan subyugar del modo más obsceno al ser humano. Cosa que han hecho todas las ideas autoritarias, totalitarias y colectivistas a lo largo de la historia, llámense socialistas (desde los más moderados hasta los más radicales), comunistas, anarquistas, fascistas, nacionalistas y radicales religiosos; todos pregonando acabar con la naturaleza y libertades humanas. Y por una cuestión tanto de principios y naturaleza, no puedo permitir semejantes atropellos y vejaciones.

También, muchos me preguntarán si soy de derecha, centro o izquierda; lo primero es que esas etiquetas políticas ya no tienen validez actual en una época donde las ideologías de esos espectros solo han servido para justificar atropellos y disfrazar los peligros del populismo, que permea todo el espectro político. Por ende, los libertarios estamos muy por encima de esas etiquetas anacrónicas.

Es muy probable que mis lectores me pregunten si creo en la solidaridad, y la respuesta es que Sí, creo en la solidaridad, pero no como un valor que deba ser colectivizado, sino que para mi, es un valor que debe nacer de la conciencia y el corazón de cada individuo, con todo y que éste pueda ser enseñado en la familia y la escuela, puesto que es algo que, a mi juicio compete a la libertad individual de cada ser humano.

También, se me preguntará si se puede ser de cualquier religión o creencia y a la vez libertario, y la respuesta también es Sí, porque precisamente el ser humano es libre de tener la religión o creencia de su preferencia, en el marco del respeto entre individuos y países. En ese mismo tenor, aclaro que soy deísta, esto es, que creo en la existencia de Dios, pero no pertenezco a ninguna religión organizada, aunque respeto a aquellos que si pertenecen a alguna.

Espero que estas tres páginas hayan servido para aclarar ciertos aspectos de mi forma de ser, pensar y actuar, pidiéndoles a ustedes, apreciados lectores, simplemente comprensión y amistad.

Gracias por su atención.