16 de septiembre de 2015

LA RELACIÓN ENTRE DARWIN Y MISES.


Charles Darwin y Ludwig Von Mises.
Por, anónimo, vía @derechopublico1
Darwin y Mises tienen esto en común: ambos explican cómo a partir de formas simples se establecen cada vez formas más complejas, en un proceso espontáneo y natural. El primero lo explica en el ámbito de la naturaleza, el segundo en el de la sociedad.
Hay muchas personas con el suficiente criterio lógico y entereza mental para dejar de lado los mitos religiosos respecto a un ser sobrenatural, creador de la vida y el universo, y aceptar la elegante teoría de Darwin del proceso de selección natural, mediante el cual las especies que mejor se adaptan a su medio ambiente son las que sobreviven, desarrollando mejores modalidades de adaptación en este empeño y evolucionando, así, hacia estructuras más avanzadas (una simple mosca es infinitamente más compleja que un ordenador de última generación).
Sin embargo, muchas de esas personas no hacen el mismo uso racional de sus creencias y opiniones cuando se trata de analizar la acción humana, el cada vez más complejo entresijo de interacciones entre las personas: en suma, eso que llamamos sociedad. Son capaces de rendirse a la evidencia de que el universo ha alcanzado su configuración actual sin necesidad de que haya intermediado un creador responsable de su diseño, e inexplicablemente no son capaces de reconocer que la economía y la sociedad no necesitan de un regulador, una suerte de supervisor, responsable de su organización y buen funcionamiento.
Al igual que sucede en el mundo natural, la civilización en su forma actual es el resultado de siglos de adaptación de los seres humanos a su entorno, en un proceso en el que se han ido perfeccionando gradualmente los modos de asociación y colaboración que han desarrollado los individuos entre sí para su subsistencia, con métodos cada vez más eficaces que han contribuido a mejorar la vida humana, todos basados en el hecho incuestionable de que necesitamos de los demás para sobrevivir y que la supervivencia del colectivo es la supervivencia del individuo. En otras palabras, la supervivencia de los seres humanos también ha dependido del modo en que han conseguido vivir en sociedad sin aniquilarse totalmente los unos a los otros.
Por eso sorprende oír argumentar a ciertas personas que sin un modelo estatal controlando, regulando y supervisando la acción humana, la sociedad colapsaría ya que (y ojo aquí) se convertiría en una lucha darwinista por la supervivencia del más apto, cuando esto supone, sin más, un abandono totalmente injustificado desde el punto de vista intelectual de la idea planteada por Darwin del proceso de selección natural como un proceso de perfeccionamiento y desarrollo, para ser entendida de manera completamente retorcida al modo de una actividad con muy poca conexión con los objetivos de adaptación y subsistencia como es el exterminio mutuo.
Pero es más aun, es aceptar la teoría evolucionista a medias, es no comprender por alguna ceguera y prejuicio intelectual, que la supervivencia social también es supervivencia natural, y que la civilización surgió y se ha ido desarrollando y perfeccionando desde su surgimiento, por el beneficio que conlleva poseer un conjunto de pautas de conducta que sencillamente contribuyan a mejorar las condiciones de la existencia, mientras que todas las ocasiones en que como especie hemos estado a punto de fallar en ese propósito básico y común a todo organismo viviente, hallándose a un paso de la extinción, ha sido por medio de la violencia anti natural que acarrea el control, la regulación y la coacción de la acción humana, por medio de estructuras de poder basadas en dicho modelo estatista.
Es de una hipocresía escandalosa, por tanto, sostener que estamos obligados a contar con un aparato de poder coercitivo mediante el sistema estatal (eso que llamamos “gobierno”) para evitar que las personas actúan como depredadores entre sí. El darwinismo social ya ha estado presente en la sociedad y es causa directa, de hecho, de su surgimiento y no hay porqué temerle, puesto que consiste en asegurarse el mejor modo de convivencia para desarrollar cada vez estilos de vida más llevaderos. De manera alguna ha significado lucha entre las personas, sino más bien lo opuesto: cooperación y progreso. Y ocurre, como bien observaron Darwin y Mises, cada uno desde su esfera de estudio particular, de forma natural y espontánea, e incluso, si se quiere, por puro instinto.
La forma social de la selección natural no se refiere directamente, por otra parte, a la supervivencia del individuo como ente biológico, sino a la conservación de aquellos sistemas de organización social que lo pueden mantener vivo de forma más eficaz como ente biológico. A lo largo del tiempo, solo han subsistido las formas de organización social más eficaces, y en los casos en que no ha sido así, ha sido por medio de la acción antinatural y violenta del uso de la fuerza para mantener a las personas esclavizadas bajo sistemas que solo benefician a unos pocos y que por tanto no son los más aptos, al no cumplir con el propósito de mejorar las condiciones de vida de la humanidad.
Objetar que sin una entidad reguladora que controla de forma violenta la actividad de las personas (gobierno), los fuertes o supuestamente más aptos querrían tomar ventaja de los más débiles, y que esto conduciría al caos y el fin de la civilización, es no haber entendido absolutamente nada de lo que implica la teoría evolutiva por medio de la selección natural, en la cual queda expuesto de forma clara y categórica que solo aquellas formas de adaptación natural que contribuyan al mantenimiento de la vida, serán las que perduren, y que en eso consiste el que sean más aptas.
Si hay algo que contradice la teoría de la evolución por medio de la selección natural, es creer en la necesidad de disponer de un seleccionador.