17 de septiembre de 2015

LA AYUDA SOCIAL NO SOLUCIONARÁ EL PROBLEMA DE LA POBREZA.



Por, Alberto Díaz Falcao, vía @derechopublico1


"La destrucción acelerada del sistema económico, que estamos experimentando hoy, es el producto de la destrucción previa del pensamiento económico” — (George Reisman).

Hay países ricos y países pobres. Los países no son pobres porque tengan escasos recursos naturales. Hay países con una fatal escasez de recursos naturales y sin embargo son ricos, como lo es el caso de Suiza, Japón, Hong Kong, Singapur etc., y por el contrario, hay países  con abundancia exuberante  de recursos naturales  y sin embargo se quedaron pobres, como es el caso de Argentina, Ucrania,  Venezuela, Cuba, etc. Si la riqueza dependiera de la cantidad de los recursos, los países más ricos serían los del continente Africano y sin embargo se observa lo contrario. Otro claro ejemplo lo observamos en países que se han dividido como es el caso de Alemania y que antes de la división contaban con los mismos recursos naturales, la misma capacidad industrial instalada, la misma educación, el mismo nivel intelectual de su población, el mismo idioma, las mismas costumbres y la misma raza,  y sin embargo de un lado del muro se progresaba  y del otro lado permanecieron estancados y se quedaron pobres  resultando entre ambas partes una diferencia enorme en la calidad de vida.
¿Qué es lo que hace la diferencia? Las inversiones de capital. Los países que cuentan con mucho capital porque incentivan y atraen inversiones son ricos, y los países que ahuyentan y expulsan  las inversiones se quedan descapitalizados y son pobres.
La mejor manera de pertenecer a la categoría de países pobres, se puede conseguir combatiendo el capital y las inversiones. No existe posibilidad de crecimiento económico y consecuentemente de disminuir la desocupación, la pobreza y la indigencia sin fuertes inversiones en todos los sectores productivos y de servicios. Esta es una verdad elemental y universal. Para salir de la pobreza es absolutamente necesario invertir, solo con capital invertido se puede lograr una producción en masa, para las masas y se multiplicará el trabajo. Sin inversiones es imposible el crecimiento.
Hasta el año 1930 La argentina fue uno de los diez países mas ricos del mundo en el ranking de riqueza por habitante. En la actualidad está entre el puesto 70 y 90 de ese mismo ranking.


¿Qué es lo que ocurrió? Ahuyentamos las inversiones.

¿Qué es lo que necesita un país para atraer inversiones?: Restablecer  EL ESTADO DE DERECHO para garantizar el respeto irrestricto por los derechos  de  propiedad, la libertad de contratar y una justicia eficiente y ágil que de garantías del cumplimiento de los contratos.
Para invertir su capital, los inversores  exigen un sistema jurídico de reglas claras, generales y establecidas de antemano (seguridad jurídica). Al contrario de lo que se cree, el capital es cobarde. Un sistema sujeto a criterios , regulaciones e intervencionismo arbitrarios e improvisados que este expuesto a la discreción de los funcionarios  hará que la inversión sea poca o nula y por lo tanto el crecimiento y el empleo. Sin crecimiento no aumentará nuestra riqueza, si no aumenta nuestra riqueza, no se mejoran ni la salud, ni la educación, ni la seguridad, ni la justicia, ni la vivienda. La calidad de vida será peor. La pobreza impide mejorar esas cosas y persiste debido a la ausencia de creación de la riqueza, y esta, depende de las inversiones que solo pueden existir sobre la garantía de un Estado de Derecho.
Quienes dirigen la política económica y social de nuestro país ignoran esta premisa universal. Nuestros dirigentes pretenden planificar y dirigir toda la actividad privada de nuestro país sin advertir esta realidad y están empecinados en intentar todo lo contrario. Insisten en aplicar las recetas fracasadas del pasado esperando conseguir resultados distintos. Pensar que se puede aumentar la riqueza fomentando el consumo aumentando el empleo publico innecesario, el gasto público desenfrenado,  la obra publica sobrefacturada, el crédito subsidiado,  la ayuda social y  la emisión monetaria, equivale a quitar la espoleta de una granada esperando que no estalle.
Creer que es posible subsidiar a todo el mundo sin sacarle dinero a todo el mundo por vía de la expoliación, es una alucinación. El aumento insoportable de impuestos y la consecuente inflación necesarios para mantener este sistema, es un despropósito. Sospechar que los impuestos pueden aumentarse impunemente sin provocar pobreza generalizada, es lo mismo que dinamitar un edificio creyendo que no pasará nada. El sistema que practicamos hoy, ha impregnado a la ciudadanía con la idea de que hay que esperarlo todo del estado. La profundización de nuestro modelo argentino, que promueve la redistribución populista de la riqueza ha dinamitado el sistema que permite generarla. Insistir en este sistema oprobioso que se ha transformado en clientelismo político representa inculcar una cultura escandalosa  que castiga los méritos del ciudadano productivo y premia a los obsecuentes improductivos,  llevándonos a una inevitable decadencia que generó como resultado, la miseria moral y económica de nuestro pueblo.
Reconocer la ineficiencia,  la impericia y la incapacidad del estado para planificar y dirigir la economía es el  paso indispensable para hacer posible un cambio.  ¿Para que se empeñan en administrar la cosa privada cuando ni siquiera aciertan en administrar la cosa pública que la Constitución les manda como lo es la seguridad y la justicia?.
Habiendo probado de todo, menos la sensatez, se hace indispensable realizar  un giro político de 180 grados. Hay que revertir todo el andamiaje jurídico ilegal e ilegítimo dictado hasta el momento. Tenemos un infierno de leyes que dicen y se contradicen y que ya nadie entiende (incluida nuestra Constitución) . Se debe realizar una profunda reforma fiscal para redefinir "en que debe gastar el estado", "cuánto debe gastar el estado" y "cómo debe gastar el estado".  Se debe cambiar nuestro sistema impositivo perverso que expolia la renta y el patrimonio de los habitantes, adoptando un sistema con no más de dos o tres impuestos que la economía argentina esté en condiciones de soportar para terminar con la expoliación y así recrear un clima de negocios y de incentivos a la inversión y a la creación de riquezas. Es necesario repensar totalmente el anacrónico  sistema de legislación laboral vigente en Argentina bajo nuevos y avanzados lineamientos que no impidan el empleo como en la actualidad. Es fundamental restablecer el estado de derecho basado en el respeto por los derechos de propiedad y devolver la garantía jurídica de que cada ciudadano pueda disponer del fruto de su trabajo sin que nadie, ni el gobierno, ni el sindicato, ni el monopolio público o privado puedan decir qué tienen que hacer con su dinero. Debe estructurarse un nuevo orden económico fundamentado en leyes justas, razonables y de fácil cumplimiento. Tenemos que abandonar el populismo, la demagogia, y tenemos que crear en un orden social y económico  que nos permita terminar con la inestabilidad institucional que provoca la economía politizada y redistributiva manejada por el Estado.
Decía Juan Bautista Alberdi: 
“La riqueza, como la libertad, vive en el hombre, y tiene por causa al hombre. En el hombre está la mina, no en el suelo. El suelo puede estar lleno de oro: allí se quedará si falta el hombre capaz de explotarlo”…"El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza”... “¿Que exige la riqueza de parte de la ley del gobierno para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”.