14 de septiembre de 2015

EL NEOLIBERALISMO: "LA PALABRA COMADREJA" QUE IMPIDE PROMOVER LA LIBERTAD.



Por, Alberto Díaz Falcao.


En su libro "La fatal arrogancia", el economista liberal Friedrich Hayek, dedicó un curioso capítulo a lo que el llama "el lenguaje envenenado" criticando los abusos y distorsiones que se hace de ciertos términos. Advirtió, allí, el problema de la perversión del lenguaje y denunció la existencia de lo que el llamaba "Palabras-Comadreja", inspirado en un viejo mito nórdico que le atribuye a la comadreja la capacidad de succionar el contenido de un huevo manteniendo intacta su envoltura (la cáscara). Hayek sostuvo que existían palabras capaces de succionar totalmente a otras su significado, provocando la sensación de que nada anormal haya sucedido.
Tal vez el mejor ejemplo de esas palabras, sea "EL NEOLIBERALISMO", ya que eso, ni más ni menos, es lo que ocurrió entre el neoliberalismo y el liberalismo. El neoliberalismo ha vaciado el contenido y el fundamento del liberalismo, pero se pretende asimilarlo, mostrando solo su cáscara.
El neoliberalismo tiene de liberalismo solo el nombre (la cáscara), pero de sus fundamentos, NADA.
Sin embargo en la actualidad, el término neoliberalismo es el término más usado para desacreditar y desprestigiar las ideas de quienes defienden una sociedad libre.  Sobre todo es usado despectivamente por los detractores de la libertad, para descalificar al liberalismo como un sistema óptimo para mejorar el nivel de vida de los ciudadanos, asimilandose y adjudicándose los desastrosos resultados del neoliberalismo.
Asimilar las propuestas del NEOLIBERALISMO con las ideas del LIBERALISMO es solo una figura retórica por la cual se busca pervertir el concepto y los fundamentos que el liberalismo tiene.
El neoliberalismo aumentó el gasto del estado, aumentó el endeudamiento estatal y aumentó escandalosamente los impuestos existentes y creó nuevos impuestos en todos los países donde fue aplicado, siendo eso precisamente, a lo que se opone el liberalismo. Eso no es liberalismo, es justamente lo contrario de lo que esta corriente persigue.
A lo que hoy se denomina neoliberalismo  es lo que el gran economista liberal Ludwig von Mises bautizó como "intervencionismo". Es eso, y no otra cosa, lo que el mundo durante años ha experimentando: EL INTERVENCIONISMO".
A causa de ese error intelectual, se pone en boca de los liberales, cosas que los liberales NO DECIMOS y se intenta endosarnos resultados nefastos provocados por políticas que nada tuvieron que ver con sus mandamientos.
La tarea más importante que debemos emprender los liberales es orientar todo el esfuerzo al objetivo de enterrar esta equivocada asociación de la que gran parte de la sociedad está impregnada. Es importante aclarar y demostrar a esta corriente de pensamiento, que esa creencia está cimentada en profundas confusiones.
Los liberales fallamos en la tarea de diferenciarnos. ¿Por qué ocurrió eso? ¿Tenemos los liberales alguna responsabilidad en eso?  ¿En que falló el liberalismo para permitir que el término “neoliberalismo” sea asociado al liberalismo y se convirtiera en la mejor arma de sus enemigos?. En lo personal, creo que no supimos alzar la voz con la insistencia y magnitud necesaria para hacer escuchar la crítica de los pocos intelectuales, auténticos liberales, que en aquel momento la hicieron (Como es el caso del Dr. Alberto Benegas Lynch (h) entre otros, por ejemplo). Esa falencia merece una autocrítica. Existió una profunda falla comunicacional de nuestra parte.
Tal vez otro de los errores haya sido el no señalar de un modo implacable y enérgico a aquellos intelectuales  que en nombre del liberalismo llevaron a cabo medidas y actos de gobierno que son contrarios a sus más básicos fundamentos. Lamentablemente, no pocos han recurrido a palabrería liberal mientras operaban en sentido contrario, como bien dijo Lord Acton: "

Siempre fue reducido el número de los auténticos amantes de la libertad; por eso, para triunfar, frecuentemente hubieron de aliarse con gentes que perseguían objetivos bien distintos de los que ellos propugnaban. Tales asociaciones, siempre peligrosas, a veces han resultado fatales para la causa de la libertad, pues brindaron a sus enemigos argumentos abrumadores".

Lo cierto es que no se conseguirá, al menos no de un modo exitoso, ofrecer una alternativa política liberal que logre convencer a la sociedad acerca de los beneficios de la libertad, ni conseguir el apoyo necesario para ser influyente, mientras el liberalismo no logre desembarazarse del espanto que le tiene la sociedad a esa palabra debido a los amargos resultados que cosechó del neoliberalismo.
Enterrar las falsas creencias para después poder introducir las ideas auténticas de la libertad es el único camino. Es una tarea titánica, ya que debemos convencer a un auditorio confundido que cuando escucha una u otra de estas dos palabras, ni siquiera conoce exactamente de lo que está hablando. Solo basta ver que al neoliberalismo, son más las personas que lo critican que las que realmente lo han leído. De manera que la aclaratoria se dificulta al tener que abarcar ambos conceptos.
Para comenzar a desarmar este enredo, es necesario insistir en aclarar algunas cosas del neoliberalismo.
¿Que es el neoliberalismo? Se acepta que el “neoliberalismo” podría haber sido acuñado como término en agosto de 1938 por un muy destacado grupo de intelectuales liberales en París (aunque eso está discutido). Se acepta también que es un programa económico parido y aplicado en algunos países de la Europa de posguerra. Pero aclarar ese punto no es el objetivo de esta nota, sino hacer referencia a su desembarco en América. En ese desafío trataré de resumir lo que, en mi opinión, fue el proceso y el contenido de lo que se denominó neoliberalismo en Latinoamérica:
“Debemos sepultar al liberalismo del siglo pasado, al liberalismo clásico Manchesteriano. Que un nuevo liberalismo nazca, un liberalismo moderno, "un neoliberalismo", "una economía social de mercado”. Con esas palabras culminaba el discurso del banquero que allí representaba a uno de los 100 bancos que, entre 1974 y 1982, se habían convertido en los principales acreedores de América que veían peligrar el cobro de sus deudas debido a la debacle económica en la que había caído Latinoamérica. El agudo silencio que inmediatamente inundó el salón, parecía revelar que esa era la primera vez que la mayoría de los allí presentes oían pronunciar la palabra ‘neoliberalismo’.  Este grupo manifestaba una urgente avidez por encontrar algún camino que le permitiese seguir cobrando las deudas de los países de América Latina que ya habían confesado que no podían continuar pagando y comenzaban a declararse en default. Sus dos propósitos eran por un lado apoyar propuestas para la normalización de esas economías y por otro lado promovía la estatización de esas deudas a efectos de asegurar su cobro con la garantía de los estados. Estatización y garantía que con el correr de los años fue conseguida (cosa que solo lo pueden hacer los estados), apoyada y asistida con ayuda de los organismos internacionales de crédito (que deben ser cerrados) y que fue la causa del aumento crónico del endeudamiento estatal y del aumento constante de los impuestos que pagan hoy todos los ciudadanos de los distintos países. Por el lado de los financistas, se podría decir que el neoliberalismo nació enfermo y con intereses espurios que lograron endosarle a los ciudadanos del mundo el fracaso de créditos incobrables imprudentemente administrados por pseudo empresarios financieros.
Paralelamente  y separados de aquellos financistas existían reuniones de una corriente de intelectuales (que se decían liberales) intentando elaborar y proponer una receta para terminar con la sangría provocada por el desorden administrativo estatal que dominaba en aquella época en los países en cuestión. Se buscaba un sistema que permitiera poner orden a la indisciplina fiscal y monetaria que padecían varios países de la zona fijando límites a las irresponsabilidades administrativas de los gobiernos de estos países con el objetivo de sacarlos del estancamiento y del círculo vicioso de la inflación y las reiteradas y dolorosas devaluaciones provocadas por el zafarrancho administrativo de sus gobiernos. Por el lado de estos intelectuales, se podría decir que la intención era ayudar.
Estas iniciativas prosiguieron hasta concluir en la confluencia de ambos grupos, desembocando en lo que hoy conocemos como "El Consenso de Washington" de 1989.
Su autor John Williamson dijo que el Consenso de Washington “era una lista mínima de 10 políticas, que yo pensé que todos aceptaban.” (En realidad debió decir: todos los políticos y burócratas oficiales y privados de Washington aceptaban). Las propuestas de este acuerdo fueron sugeridas para América latina y son las que hoy se conocen como las tan denostadas políticas de los ’90, y a las que hoy llamamos "El Neoliberalismo".
Fueron practicadas en Chile, el precursor. En México por Salinas de Gortari (1988-95), en Venezuela por Carlos Andrés Pérez (1988-92), en Bolivia por Jaime Paz (1989-93), en Argentina por Menem (1989-99), en Brasil por Collor (1990-93), en Perú por Fujimori (1990-2000), en Ecuador por Durán (1992-96), y en algunos otros países.

¿Cuales son y en que consisten esas medidas? Son las siguientes:

1) Reducir el déficit del Estado, (disciplina presupuestaria, los presupuestos públicos no pueden tener déficit
2) Reorientar ese gasto a la atención médica básica y a la educación elemental en primer término;
3) Reforma impositiva, ampliar las bases tributarias y reducir las tasas impositivas marginales para aumentar la       actividad económica y la recaudación.
4) Dejar flotar las tasas de interés para oxigenar los mercados financieros;
5) Sostener un tipo de cambio “competitivo” -permitir devaluaciones- para alentar las exportaciones;
6) Eliminar las restricciones físicas a las importaciones y sustituirlas por aranceles, a reducir luego gradualmente     hasta un 10 o 20 por ciento;
7) Liberalizar la inversión extranjera directa.
8) Privatizar las empresas estatales;
9) Desregulación de los mercados (eliminar barreras de ingreso a los mercados y fortalecer la competencia)
10) Fortalecer la propiedad privada.

¿Ese paquete de medidas era liberal?

Algunos mandamientos sí, pero la mayoría NO.
La medida 1: no habla de reducir las funciones, ni el gasto del estado. Solo recomienda equilibrar cuentas para contener la inflación.
Las medidas 2 y 3: son ambiguas, y pueden fomentar el intervencionismo en lugar de reducirlo, según como sean instrumentadas.
La medida 5: contradice los lineamientos y fundamentos más básicos del liberalismo. Por el contrario, es mercantilista. Sistema al que el liberalismo se opone ferozmente.
Las medidas 4, 6, 7, 8, 9 y 10: eran de “libre mercado”, pero al igual que otras de la lista, podían interpretarse e instrumentarse con criterio y a la manera liberal, o implementarlas con dirigismo  e intervencionismo gubernamental, como efectivamente se hizo.
Sin embargo hoy se quiere asimilar con el liberalismo algunas políticas o ideas en particular que aisladamente podrían ser compatibles con él. Pero analizadas en su conjunto y por su forma de implementación resultan ser contrarias a la doctrina liberal. De manera que la asimilación es incorrecta.

¿Fueron aplicadas las medidas del Consenso de Washington en la práctica?

NO todas y algunas parcialmente. Todo el decálogo de medidas sufrió un largo y erosionante proceso de tergiversación y concesiones. Los cambios fueron cosméticos, raquíticos, tímidos y totalmente alejados del verdadero libre mercado. Al final se aplicaron muy parcialmente, tarde y muy mal.
¿Y cuál fue el resultado? Desastroso. Un engendro peor aún, Neo-Estatismo o Estatismo Reformado. En América Latina las consecuencias fueron devastadoras produciendo estrepitosos fracasos. Pero es necesario resaltarlo: se ejecutaron con poco y nada del verdadero liberalismo, y el nombre que le cabe al producto resultante sería ¡Neo-mercantilismo! y solo basta citar sus resultados: 1) El Estado sigue a cargo de funciones impropias: educación, salud, cultura, etc.  2) las tareas propias del estado siguen desatendidas. 3) La inflación galopante se sustituyó por impuestos excesivos en algunos casos y en otros la inflación continúa. 4) los monopolios estatales fueron sustituidos por monopolios privados y se crearos un sinnúmero de entes reguladores. 5) Por eso siguen los excesos de gasto y deuda. 6) El aumento de impuestos continuó con la asfixia del ahorro e inversión privadas.
7) La competencia en mercados de bienes y de factores sigue restringida. 8) Las empresas privadas siguen dependientes del Estado y bajo su tutela y control con rentabilidad y precios regulados. 9) Todavía Permanecen los aranceles de comercio exterior y los derechos antidumping. 10) La pobreza está como estaba. No disminuyó.

¿Cuáles serían las diferencia que (como mínimo) debían contener esas 10 políticas para merecer que sean endosadas liberalismo?  (En este punto pido disculpas a los libertarios ancap,  pero al solo efecto de mostrar las diferencias hago la suposición de que se puede mantener al Estado en tamaño mínimo) Para ser liberales, hubieran sido estas:

1) Reducir las funciones del Estado a las propias: seguridad, justicia e infraestructura;
2) Disminuir el gasto público y orientarlo a una profunda reforma en esas tres actividades;
3) Pagar entera la deuda estatal, y prohibir el endeudamiento hacia el futuro por parte del estado.
4) Unificar, simplificar y reducir todos los tributos, rebajando la recaudación para permitir el ahorro, la formación de capital y la creación de riqueza y reducir la pobreza.
5) Privatizar la economía pero también la educación, la medicina, jubilaciones y pensiones, etc., para incrementar la calidad y cantidad de su oferta. Para el caso que sea necesario, instrumentar cupones de ayuda para la demanda de los más pobres, en un período de transición establecido.
6) Reforma monetaria con eliminación del curso forzoso de la moneda.
7) Liberar los precios de todos los bienes y factores, incluso los sueldos y salarios, tasas de interés y tipo de cambio.
8) Eliminar toda restricción al comercio exterior incluido aranceles e impuestos a ese sector.
9) En todos los sectores: complementar las privatizaciones con desregulaciones, a fin de garantizar al máximo la competencia.
10) Alentar sin interferencias ni intervencionismo el ahorro y toda clase de inversiones ya sean nacionales o extranjeras.
11) Que las medidas sean aplicadas en la práctica y no como ocurrió con el decálogo neoliberal.

CONCLUSIÓN:  



Señores:  El neoliberalismo no es el liberalismo. El neoliberalismo no existe como sistema de mercados libres, lo que vimos y todavía tenemos es el control de la visible mano del estado asociado con grupos de pseudo empresarios privilegiados. Lo que el neoliberalismo nos dió es EL INTERVENCIONISMO del estado. Los resultados de las políticas económicas neoliberales a las que en Argentina se asocia con la década de los 90 o como el menemismo, nada tienen que ver con los postulados del liberalismo de estado reducido y economía abierta. La crisis económica de los 90 , que ha llevado a un aumento del Estado en todo el mundo, NO debe, ni puede ser presentada como prueba de la aplicación ni del refuerzo del liberalismo. Para comprobarlo, solo basta ver el crecimiento del gasto público, del endeudamiento estatal, del corporativismo empresarial, la corrupción, las fijaciones de precios, de salarios, de las tasas de interés, de las importaciones y exportaciones, la planificación estatal de la cantidad de dinero y de la emisión, distorsionando totalmente el mercado y el proceso económico escogiendo ganadores y perdedores de esa década.
Por el contrario, el liberalismo  promueve un gobierno limitado y la economía libre es su resultado natural. No debemos confundirlo con el “Neo-liberalismo”. El liberalismo es una doctrina que tiene su base en el mercado y no en el estado. Los liberales aspiramos a liberar al individuo del Estado monstruoso que se ha adueñado de sus vidas y los mantiene siervos. El liberalismo busca dar al ser humano una sola cosa, la libertad de buscar su propio bienestar en un ambiente de paz y libertad. El liberalismo es el programa político del ciudadano de a pié que solamente aspira a crear, trabajar y emprender sin trabas y permitirle disfrutar del producto de su esfuerzo sin que el Estado aplaste sus sueños ni expolie su patrimonio con impuestos.
No son muchas las salidas, es el intervencionismo que nos ahoga, o construimos una sociedad libre, una sociedad regida por leyes que otorguen derechos en lugar de privilegios y favores, regida por el mercado y no por el Estado.
Lamentablemente, hoy, casi ninguna corriente política se atreve a hablar de austeridad, de ajuste, de equilibrio fiscal, de desregulación, de competencia, de libertad de mercados y de todas esas cosas tan necesarias como imprescindibles para sanear esta enferma economía Argentina. Y todo debido a esa maldita "palabra comadreja", el neoliberalismo, que ha dejado un camino minado para el avance de la libertad. No será posible armar una corriente política que llegue a buen puerto mientras no se entierre esa falsa creencia que está instalada en la sociedad.
A pesar de ello, ANÓTELO: existe el liberalismo. Existe el liberalismo y algún día  deberá ser aplicado tal cual es, porque es el único camino que le permitirá a los ciudadanos del mundo, salir del desierto en el que el ESTATISMO los ha metido.