13 de marzo de 2015

EL DERECHO PENAL EN LA EDAD MEDIA SEGUN CARLOS ARTURO GÓMEZ PAVAJEAU





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“Vivimos en tiempos antiliberales, donde la elección individual es altamente sospechosa. El ethos legislativo se dirige hacia la conversión de todas las acciones en obligatorias o prohibidas, con menos y menos espacio para la volición humana. Puesto de modo simple, ya no confiamos en la idea de libertad. No podemos ni imaginar como funcionaría. Menuda distancia hemos recorrido desde la Edad de la Razón hasta nuestros tiempos”.


Por, Mario Felipe Daza Pérez


En el texto llamado DERECHO PENAL EN LA EDAD MEDIA de tan solo 124 páginas, el autor CARLOS ARTURO GÓMEZ PAVAJEAU, explica cómo se constituyó el régimen cruel, abyecto, represivo de la época del siglo V en adelante, por ahí hasta el siglo XV y comienzos del XVI, sin ir más allá, porque obviamente, si seguimos con las épocas subsiguientes, los atropellos no cesarían, por ello por la debida extensión que se debe incurrir en hablar históricamente del terror terrorífico (valga la redundancia) de la época de la oscuridad, solo se encuadra en la Edad Media, siendo aun esta extensa.

El autor en la contraportada del libro expresa:

“Se dice, con alcance de experiencia objetiva, que la historia debe conocerse para que no se repita. El Derecho Penal actual se bate en una encrucijada, puesto que sus bases liberales parecen horadarse cada vez más, lo cual ya no toca solo temas como la favorabilidad, la estricta tipicidad y problemas de inversión de presunción de inocencia, sino algo todavía más nefasto, que desdibujaba el paradigma que separa la Edad Media de la Modernidad: una extraña y rara moralización del injusto, impecablemente presentada desde una perspectiva técnico-jurídica, de una sutileza invocadora y provocadora, en tanto facilita en grado sumo la prueba de responsabilidad, pero vacía de contenido sustancial desde la perspectiva del Estado constitucional de derecho, en tanto se revela como una huída del bien jurídico. Si bien para el efecto se utilizan criterios válidos desde la perspectiva social, aunque discutibles, no es extraño que nuevamente la discusión se permee de elementos propios de confesiones religiosas de un conservadurismo extremo, pues en río revuelto ganancia de pescadores para los oportunistas, por tanto esto demanda que la academia recuerde a quienes se están formando en las lides penales las tragedias sufridas en otros tiempos”.

Ahora en el libro se habla de tres puntos sencillos:

  1. De la influencia de la religión
  2. Del cambio de paradigma en el Imperio Romano, teniendo en cuenta la religión.
  3. De la Edad Media y el Derecho Penal y también teniendo en cuenta la religión.

Estos tres capítulos a pesar de tener nombre distintos se conglomeran para hablar de lo mismo y del Estado político absoluto imperante de la época (aunque no se habla de Estado absoluto, sino de Poder Absoluto, ocupándose de todos los dominios del espíritu y cuerpo) en manos de los terratenientes, nobles… y por supuesto de la terrorífica religión, pero en específico del catolicismo. Pues, no haremos énfasis en los tres capítulos detalladamente sino que miraremos a los tres como uno solo, y nos concentramos en la parte penal de lo que fue en la Edad Media, mas no en la parte histórica u otras áreas.  

La Edad Media debió ser eterna para quienes la vivieron. Como hemos dicho arriba la Edad Media comienza con el siglo V marcada por la caída del Imperio Romano de occidente, y después con la inquisición que se marcó en el siglo XII, en adelante.

La religión no sólo fue la columna vertebral de los procesos penales desastrosos de la época, sino de los siglos siguientes, por ello la gran denuncia que hace Cesare Beccaria en su libro: De los Delitos y las Penas, algo que nadie se atrevería a denunciar, por eso lo hizo apócrifamente. Todos estos siglos, el gran historiador del cristianismo criminal como lo es Karlheinz Deschner lo conoce como: “edad de las tinieblas”, primero opera lo que se conoció como el paganismo como religión oficial recordemos del Imperio Romano, y que luego fue reemplazado por el cristianismo católico, con Constantino y Teodosio en el Concilio de Nicea en el 325 dc y luego 380 dc. Al comienzo no se toleraba al cristianismo, luego se le tolero, y cambio de paradigma, porque ahora era al revés, después con Constantino lo que se toleraba era el paganismo no el cristianismo, Juliano quiso volver al paganismo pero el cristianismo había tomado mucho vigor, era tomado como religión del Estado y todos sabemos de la extensión del Imperio Romano, como para poder cambiarlo de nuevo, y finalmente se logró consolidar lo que se quería que fue: Política y Estado (que es lo mismo) con la pesadilla de la Religión, y eso se consolidó en el siglo V no solo con dominancia sino que era la única no tenía competencia.

Las características que podemos reconocer de la Religión en ese entonces era:

— La Religión estaba por encima de la Ley
— La Religión y Política eran inseparables
— La Religión no sólo cobijaba al judío sino a toda la raza humana. Incluyendo creyentes y mas aun a no creyentes.

Para estos, la Ley fue inventada por Moisés, y se habla de Ley Mosaica (era un código de obligaciones y prohibiciones que contemplaba embrionariamente derechos, los deberes que ocupaban un primer lugar y luego los derechos serían vistos en un segundo plano; los derechos sólo generaban consideraciones, no obligaciones con respecto al otro), como primer legislador del mundo (Moisés), se instituyó un totalitarismo, todos los delitos son pecados así como todos los pecados son delitos. Derecho Civil, Penal y Moral son la misma cosa. Tan así pintaba la cosa como disciplina despreciable que en el año 1564 el médico Andres Vasalio padre de la anatomía humana lo condenaron a muerte (solo por mencionar un caso), por haber abierto un cuerpo y por haber afirmado que al hombre no le falta la costilla con que fue creada Eva. Así podríamos decir que el Derecho Penal no era sólo un instrumento de control social, sino también o más bien un instrumento de control de la humanidad tomando el pensamiento de San Agustín.

En conclusión, podría decirse que los intereses de la Religión, de la Política, del Derecho y de la Justicia fueron convergentes y eran los mismos que la doctrina agustiniana, en la que se decía que todo hombre cuando nacía necesitaba el bautismo, toda vez que por virtud del pecado hereditario derivado de la sexualidad, incluso el lactante tiene emponzoñado el cuerpo y el alma, por ello todos indefectiblemente deben ser absorbidos por la fe. Así el Derecho Penal virara de antigüedad grecorromana a la idea del odio del pecado, y todo acto exige una postrera sanción, se da inicio a la macabra justicia minuciosa y cruel.

Sabemos que todo giraba en torno a la religión (teocentrismo), pero sólo del catolicismo, repetimos, porque hasta el judaísmo fue excluido, todo giraba en torno a Dios a las relaciones morales, políticas, jurídicas, económicas de los hombres entre sí, pero todo este programa debía ser ejecutado por alguien, y esos eran, los Papas y los Obispos (ya que se creía que Dios había mandado a ellos, para juzgar, como suprema autoridad de dirección, el Papa es un soberano de todo y de todos). Así la iglesia normaba la vida de cada individuo sin excepción alguna, oh claro, si, con la excepción de ellos mismos, la decisión del Papa no era juzgada por nadie según la doctrina básica del Dictatus Papae 1075, él era único para deponer a los emperadores.

Acción y omisión, creencias, pensamientos y deseos le pertenecía, todo se penaba. La analogía in malam partem era la reinante de la época, (como también lo fue en la época nazi, aunque el libro no lo trate). Por ello luego Beccaria lo tratase en su texto monumental, rechazándola. La analogía común era en los “delitos” de bigamia y brujería, como el de herejía. Se llegaba a ser hereje por solo diría que no había brujos y que era mentira.

Los sacerdotes y obispos no sólo eran religiosos en el pleno sentido de la palabra eran políticos-religiosos hasta en los gobiernos seculares, tenían la palabra de decidir y recomendar que hacer, al clero le correspondía ejercer el monopolio de la enseñanza y la cultura de la lectura y la escritura, los teólogos dirimían contiendas religiosas; de allí que la noción de delito como elemento era la idea de pecado, la herejía se consideraba como delito de lesa majestad (¿o lesa humanidad?), con la conversión violenta nace de la época carolingia (cruzadas), afirmaba más la salvación de las almas, con la penitencia colectiva, individual, expiación pública, todo pagano, hereje y cismático era amenaza para el orden político religioso. El Derecho Civil y el Derecho Canónico tienen la misma base, para juzgar, agarrados de la misma tijera, algo cierto que me gusta de lo que dice al autor y es lo siguiente en la página 81:

“En fin, pues, con la imposición de la ortodoxia cristiana se consagra la victoria de la COLECTIVIDAD SOBRE EL INDIVIDUO, y se fundara la intolerancia como una necesidad institucional en nombre de Dios, cobrando la teología una importancia alarmante que degeneró en que la religión tiende a hacerse sabía, la fórmula impone su tiranía puesto que sólo puede haber una fe, así como una iglesia. La iglesia enseñaba lo que había de bueno y de malo en todas las actividades del hombre”.

Eso no es todo, no solo tenían la administración de justicia y política, sino también económica, eran los grandes terratenientes de la época, por ello la crítica que la hace Marx al sistema feudal, puede ser cierta, en la que se construía a partir de los que llama este, como: burgueses, en consonancia con los sacerdotes, obispos, nobles... para apoderarse de todo aquello que no fuera de ellos (robo, privilegios), la organización de las tierras y tenencia en los siglos IX y XI estuvieran en sus manos. Un poder concentrado absoluto como todo mecanismo de terror y espanto colectivo. Se les puede reconocer, como se lo conoce hoy en día al corporativismo, lleno de prebendas y favores estatales, que aunque la sociedad medieval no se dividía en clases sociales. No es que estas no existiesen, sino que las mismas podían verse inmersas en tipo social diferencial: el estamento (les llamaría estatismo religioso). Así la aristocracia que abarcara a la nobleza y al alto clero se constituía en la clase privilegiada del antiguo régimen. Estos gozaban de los privilegios y el Tercer Estado (más bien se le podría llamar el Tercer Reich, aunque sería una anacronismo) sólo tenía obligación y deberes. Era la propiedad la base de la estructura económica medieval, y la única condición de riqueza

Otra cosa que me gusta es cuando dice el autor en la página 98:

“Aquí el Estado cuida a sus súbditos como el padre a su hijo, cuida que siempre está justificado al considerar AL INDIVIDUO como un MENOR DE EDAD, lo cual legitimaba cualquier medida por dura que fuera, pues siempre se entenderá que aquella va en beneficio del súbdito. En tan intensa relación paternalista se le atribuye al Estado el derecho de INTERVENCIÓN EN LA ESFERA INTERIOR DEL INDIVIDUO, con base en la consideración que cada individuo, incluso el adulto, tiene necesidad de ser protegido de sus propia inclinaciones e impulsos (parece que fue un planteamiento comunitarista, donde el individuo no se puede cuidar solo y el Estado debe socorrerlo para ayudarle)”.

Por ello con todo esto la ley penal, dice el autor, era llamada por los teólogos como mixta, toda vez que gozaba por un lado de naturaleza moral, en cuanto obligaba en conciencia y por otro, comprometía de manera externa, en tanto se imponía una pena. Aquí aparece la idea de pecado como correlativa a la del delito, como ley divina positiva, en suma el delito se encontraba imbuido por aspectos religiosos y morales.

Aquí la pena buscaba restaurar los órdenes divinos, individual de la conciencia y lo social, siendo este de menor importancia. La pena tiene una función de expiación por cuanto sirve para limpiar el alma del delincuente y cualquier sufrimiento justifica con base en el apremio espiritual, así el arrepentimiento haya de lograrse dice al autor aun quebrantando la voluntad material del penado con el fin de obtener el perdón divino.

Lo antijurídico penal (toda conciencia es religiosa), se daba en que todo delito era una grave corrupción de la conciencia misma del delincuente, con lesión al prójimo y a Dios, aquí encontramos entonces:

— Ofensa personal (grave corrupción para la misma conciencia)
— Ofensa social (grave ofensa al prójimo) y
— Ofensa religiosa (lo más grave, nefando).

Delitos nefandos o graves, dependía de la malicia del corazón o intrínseca de las acciones, se ve la ofensa a la voluntad de Dios. La solo desviación personal correcta con la relación de Dios, corresponde a la corrupción para la propia conciencia como elemento del delito. Así la unidad nacional está apostada a la fidelidad de Yahvé, a la obediencia de sus mandatos, de esta manera, se pecaba por ser directo a Adán por solidaridad de la raza humana, por por desobedecer la Ley de dios y por quien no fuera cristiano la violaría por soberbia y orgullo, por no creer en él, era despreciado el elemento social, de la importancia del desvalor del resultado, no estaba muy alejada de la norma subjetiva de determinación, en la regla de los actos humanos (desvalor de acción), todo ello estaba en el manual de inquisidores actualizado por Nicolau Aymerich, por encargo de la santa sede, antes de salvar el alma del acusado los proceso de condenado de muerte tenían como fin mantener el bienestar público y aterrorizar al pueblo.

No solo se penaba el desvalor de acción, sino también el desvalor de deseo de pensamiento, cosa que no existe hoy en día, el delito interior como lo llamaban con esto se juzgaba al alma, como el no desear el prójimo ajeno, por ejemplo, esto era lo antijurídico de esa época, y que con el Manual o Código de inquisición de 1484, se le atribuía a Tomás de Torquemada, se penaba hasta creer que el espíritu santo no procede del padre y del hijo, se consideraban herejes, aferrándose al corazón de sus errores.

No solos los pecados (delitos) se quedaban en el pensamiento, otros se iban a la acción o al resultado (afectación de derechos) del mismo o se conmuta con la aceptación del imperio no de la ley o el derecho sino de la fe. El autor nos dice que el desvalor de acción y de resultado eran contingentes, los desvalores del deseo y del pensamiento eran necesarios y suficientes por sí solos, por tanto esenciales y fundamentales en la configuración del injusto, como elementos fundantes del injusto.

Así todo injusto comportaba necesariamente culpabilidad, la incorrección interna tiene mayor peso que la externa. TAL SIMBIOSIS ANTILIBERAL propia de una concepción proveniente de la cultura judeocristiana y patrocinada por el Estado, generaba un producto muy particular de comprender el Derecho Penal y sus instituciones. Las penas eran arbitrarias y predominaban las corporales, la pena de muerte (que luego Beccaria rechazaría relativamente), produciría un efecto preventivo general de aterrorizar a la sociedad por su perversa morbosidad, como placer de espectáculo de feria, como regocijo animal y grosero, como de conseguir la ejemplaridad, lo que valen la pena es el dolor que redime, todo sirve, para que se haga despertar al hombre al individuo, como principio de purificación y de enmienda.

Pero como toda institución pervertida (corporativista), se interesaban más en los bienes que en las mismas personas, a costa de enriquecerse, de acaparamiento de inmuebles, con el fin de obtener recursos adicionales, para estimular a los jueces producir sentencias adversas, condenatorias, propias de un proceso inquisitivo (que siempre será igual al proceso de la inquisición), ofensivo, enemigo del reo. La presunción de culpabilidad era la regla (se procesaba por dolo y tenía que demostrar el caso fortuito, los indicios eran de mala fama, existía “pena de galeras” que era una especie de esclavitud o servilismo), la inocencia la excepción, la tortura era buena medida para el alma, y modo de prueba (cuestión que Beccaria tiempo después también hablaría en 1764), la pena repone la paz, equilibra el orden, no sólo en la sociedad sino también en el alma del delincuente, expía su culpa (fin purgativo de la pena, enfoque teológico-moral), escarmentar al culpable, dar ejemplo a los demás, fin vindicativo e intimidatorio, como táctica del gobierno y de la religión, en suma: la Ley Penal era un arma creadora de miedo colectivo y así transformadora el control en terror y la pena en intimidación (Id, auten per quod inducit lex quod sibi obediatur, est timor peenae, decía Santo Tomás de Aquino). No se define a al delito sino al autor (derecho penal de autor), salteadores, malhechores, bandidos, facinerosos, todos interpretando de forma analogica in malam partem, por ejemplo, la usura fue condenada porque iba en contra la disposición de Dios, por lo que se estaba vendiendo era el tiempo y este era de Dios, o como el de abandonar el hijo la casa de sus padres era impiedad, la magia…

Para colmo, solo los nobles y las altas castas, estaban exentos del tormento, y solo en delitos extremadamente graves, se les “enjuiciaba”, pero tampoco, no recibían azotes y penas corporales, sólo pagaban, podrán invocar el “indulto al sacar”, pagando a la Cámara Real un rubro específico; los esclavos sufrían de penas corporales, al no tener patrimonio, los dueños no pagarían, de todos modos así bajando la estratificación entre más arriba estuviese en la pirámide la pena era menos dura, por lo que había un gran desigualdad (en las leyes y en el derecho), que por la cual no se debía permitir.

Y concluye el autor diciendo en la página 117:

“Y así es como se explica como la actitud legitimadora y actividad estatal al servicio de la fe entre Iglesia y Estado resulta prevaleciendo dicha ideología de aquella concepción del Derecho Penal en la Edad Media”.