7 de julio de 2014

LIBERTAD E IGUALDAD EN JOHN RAWLS Y ROBERT NOZICK.






Por, Gustavo Soto de la Plaza


INTRODUCCIÓN

John Rawls escribió su magnum opus, A Theory of Justice (1971; en adelante, Teoría de la Justicia), en un período marcado profundamente por el avance de las ideas autoritario-conservadores ante las ideas democrático-liberales en el plano político y el predominio de las teorías utilitarias en el intelectual.

En efecto, los años entre los que se escribieron los ensayos y se publicaron en un solo libro (~1960-1970), Teoría de la Justicia, enmarcados en el contexto de la Guerra Fría entre el bloque capitalista dirigido por Estados Unidos y el bloque comunista dirigido por la Unión Soviética, vieron el surgimiento a lo largo del mundo de una serie de caudillismos, especialmente en países árabes (Hafez al-Asad en Siria, Muammar al-Gadafi en Libia, por ejemplo), y de dictaduras militares, sobre todo en los países de las Américas (Fidel Castro en Cuba, Anastasio Somoza en Nicaragua, Juan José Torres y posteriormente Hugo Banzer en Bolivia, Augusto Pinochet en Chile, entre otros).

En el plano teórico-intelectual, desde mediados del siglo XVIII el utilitarismo, con los escritos de David Hume, Jeremy Bentham, James y John Stuart Mill, Henry Sidgwick y Richard M. Hare, habían marcado la pauta de la discusión al interior de la filosofía política y moral. Su sistema aspiraba a una universalidad en que su moralidad fuese aplicable, teniendo como principio rector la máxima de que debe siempre procurarse el mayor bien -o el menor mal- para el mayor número de personas.

Este principio sería criticado por Rawls al señalar que "[c]ada persona posee una inviolabilidad fundada en la justicia que ni siquiera el bienestar de la sociedad en conjunto puede atropellar" (1975, p. 17): la utilidad de un acto injusto cometido contra una minoría por el bienestar de una mayoría no da a ese acto conformidad con la justicia. En concreto, la respuesta rawlsiana a la tradicional pregunta de si matar a unas pocas personas es justa si permite la conservación de la vida de un número mayor de personas es un rotundo no: la justicia "[n]o permite que los sacrificios impuestos a unos sean compensados por la mayor cantidad de ventajas disfrutadas por muchos".

Rawls intenta elaborar una teoría alternativa a la utilitaria, que diera un nuevo empuje al liberalismo. Comienza su reflexión con esta sentencia: "La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento" (p. 17). Por más conciso y elegante que sea un sistema de pensamiento, si no posee verdad, hay que descartarlo; por más ordenadas y eficientes que sean las leyes e instituciones de una sociedad, si no producen justicia, hay que descartarlas.

Una sociedad, según Rawls, es una agrupación de personas con pretensión de alcanzar ventajas comunes en cooperación. Un individuo, trabajando por sí y para sí, sin el apoyo de los demás, puede producir una cantidad de bienes mayor o menor dependiendo del conjunto de sus capacidades; no obstante, individuos en cooperación son capaces de obtener un número mayor de bienes y satisfacciones del que obtendrían trabajando cada uno de manera aislada. En esta cooperación hay presentes tanto una identidad como un conflicto de intereses: identidad pues, como se ha dicho, la cooperación social hace posible para todos quienes participan en ella una vida mejor de la que podría tener cada persona si viviera sólo de sus propios esfuerzos; conflicto porque cada uno de los participantes procurará para sí una cuota mayor en la repartición de la riqueza de las correspondientes a los demás. La pregunta por la justicia es la de cómo distribuir los frutos de la cooperación social, la de los principios que determinan la división de derechos y deberes, de beneficios y cargas de cada persona en la cooperación social. Estos principios son decididos en un acuerdo los participantes, puestos bajo un velo de ignorancia en un estado de imparcialidad al que Rawls llama posición original.

Este "velo de ignorancia" consiste en una omisión de información referente a la posición de cada persona, como clase económica, capacidades, talentos, edad, sexo, etc., lo que permite la deliberación imparcial y equitativa de los principios de cooperación social.

Rawls llega a dos principios de justicia: el principio de la igual libertad y el principio de la diferencia y de la igualdad de oportunidades.

            
1. Primer principio: "Cada persona ha de tener un derecho igual al sistema más amplio de           libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos".
            
2. Segundo principio: "Las desigualdades económicas y sociales han de ser estructuradas de      manera que sean para: 

a) beneficio de los menos aventajados, y b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades".

El autor acepta las desigualdades económicas y sociales sólo si esa desigualdad redunda en el beneficio del conjunto social, es decir, se permite si debido a ella los menos aventajados tienen un mejor estándar de vida. Se verá en el desarrollo de la monografía por qué este segundo principio entra en contradicción con la libertad y con el primer principio de justicia.

Robert Nozick, el padre del libertarismo, comienza su reflexión filosófica a partir de dos principios, el de la libertad individual y el del derecho a la propiedad (sobre sí y sobre elementos externos); intentará mostrar cómo se configura este derecho y cómo toda disputa política puede ser reducida a él. Éste es el valor fundamental de su teoría: nadie, ni un individuo ni el Estado (al fin, un mero conjunto de individuos) puede hacer privar a otra persona de su propiedad sin su consentimiento. El Estado nozickeano, pues, se limita a las funciones de seguridad, protección y garantía de contratos, administrando un ejército para evitar agresiones externas, una fuerza policial para evitar agresiones al interior de la sociedad y un sistema de tribunales para sancionar a los agresores y resolver los conflictos que deban ser resueltos por este medio. La entrega de educación, salud, vivienda; la administración de hospitales, bibliotecas públicas, parques, etc., quedan fuera del campo de acción del Estado minarquista.

El Estado sólo puede entregar educación, salud, vivienda y servicios afines despojando a unas personas de su propiedad, o parte de ella, y destinándola a su financiamiento. Pero esto atenta directamente contra el derecho a la libertad y a la propiedad de los despojados, entrando en una contradicción evidente que hace imperativa la conclusión de que esos servicios, contrariamente a lo comúnmente aseverado, no son derechos, sino sólo servicios susceptibles de ser entregados, según Nozick, a cambio de una legítima retribución. Nuestro autor considera que ninguna persona debería ser obligada a sacrificarse por el bienestar de otra.
Ahora, hay que distinguir entre derechos positivos y derechos negativos. Si un derecho es positivo, eso significa que debe ser proporcionada por otra persona. Si un derecho es negativo, implica únicamente la no interferencia en su consecución, la obligación aquí consiste en la no imposición de voluntades ajenas. Los derechos positivos existen si y sólo si se fundan en contratos libres y voluntarios entre la parte que adquiere el derecho y la parte que contrae la obligación. El derecho a la vida es negativo: se exige sólo que ningún individuo haga algo que vulnere de modo objetivo la vida de otro objetivo; el derecho a la atención médica o a la salud sólo es tal si se contrata libre y voluntariamente los servicios de un médico.

De acuerdo a Nozick, para que una institución sea considerada un Estado debe cumplir con dos requisitos: 

(1) reclamar y ejercer un monopolio sobre el uso de la fuerza en un área geográfica determinada y 

(2) ofrecer protección a todo individuo dentro de sus fronteras. Hay un problema con este segundo requisito, y es que está en conflicto con el derecho a la propiedad: la seguridad no es gratuita, alguien debe pagarla, es decir, (a) quienes tienen dinero deben pagar la seguridad de quienes no tienen dinero y (b) quienes tienen dinero pagan compulsivamente por la protección del Estado; esto viola el derecho de los individuos a no ser sacrificados por el bien de otras personas y atenta gravemente contra su libertad y auto-determinación.

Nozick responde que, a través de un proceso de "mano invisible", surge, resultante de las acciones de los participantes de la sociedad en un Estado de Naturaleza, en el pasado o en el presente, un Estado mínimo. Este Estado de Naturaleza es aquel en que no existe una organización política y que, debido a la ausencia de policías y fuerzas de protección y seguridad, los individuos conviven de manera conflictiva, regida por la "ley de la jungla".

En algún punto, las personas comienzan a buscar la ayuda de sus vecinos para vigilar y detener la delincuencia. Este tipo de organización es llamada "asociación de protección mutua". Así, hay cada vez más asociaciones de protección mutua hasta llegar a la sustitución de esas asociaciones por agencias comerciales que ofrecen sus servicios de protección. Según Nozick, a las agencias les es más económico resolver los conflictos negociando que luchando, y el consumidor, mientras más grande y poderosa es la agencia, más seguro se siente; así, pues, pronto este gran número de agencias se vería reducido a sólo una, que monopolizaría el uso de la fuerza, llamada "agencia dominante de protección".

Ahora, habrá personas que prefieran no contratar con esa agencia dominante y defenderse por su cuenta, ejerciendo una fuerza aparte de la ejercida por la agencia dominante. Si esto es así, entonces la agencia dominante no sería un Estado. Pero la mayor parte de los ciudadanos será cliente de esa agencia, la que tiene el deber de protegerla contra todos, especialmente contra los que ejercen la fuerza de manera particular; por lo tanto, prohibiría que esas personas ejercieran su derecho a defenderse.

Al prohibir la defensa personal, la agencia está violando el derecho de esos individuos; al violarlo, tiene que entregarles una compensación. La compensación, dice Nozick, es ofrecerle gratis su servicio de protección. Así se cumplirían los dos requisitos para que una institución sea considerada un Estado: monopolio sobre el uso de la fuerza y protección a todos los ciudadanos. Pero al ofrecerle protección gratis, está obligando a sus clientes a financiar la protección de esos individuos; Nozick replica a esto que la redistribución se hace sólo porque debe pagarse una compensación. Estamos ante un punto conflictivo en el pensamiento nozickeano, de muy difícil solución.

Para Nozick, la desigualdad es un producto de la diferencia de talentos, habilidades y capacidades entre las personas y que, cuando no tiene por causa la compulsión, es tolerable. La igualdad, en cambio, sólo puede ser alcanzada por medio de la intervención (¿intromisión?) coercitiva del Estado, despojando a unos de parte de sus bienes y entregándoselos a otros, lo que atenta contra la libertad y contra la concepción liberal tradicional de la justicia como consistente en la retribución a un individuo de aquellos bienes de que ha sido despojado. Toda pretensión igualitarista, entonces, debe ser tajantemente rechazada.

En adelante se analizará más detalladamente la teoría igualitaria de Rawls y la teoría libertaria de Nozick, atendiendo a la configuración de los elementos mencionados en esta introducción.


                                    RAWLS Y NOZICK: PERSPECTIVAS COMPARADAS


Estando, como ha sido dicho, las doctrinas igualitaria y libertaria -de John Rawls y Robert Nozick, respectivamente- inscritas ambas en la tradición filosófica liberal, se entiende que la libertad ocupa en lugar importante en ellas, si bien los conceptos de libertad que manejan igualitarios y libertarios son distintos.

La elaboración de la teoría de la justicia de Rawls, en su libro Teoría de la Justicia, obedece a un intento por realizar un aggiornamento, una actualización del liberalismo y una adaptación del mismo a los nuevos tiempos, a través de la conciliación de libertad -o, al menos, de lo que el autor entendía por "libertad"- e igualdad económica, la que, hasta ese momento, había sido dejada de lado.

Robert Axelrod ha afirmado en su libro La evolución de la cooperación (1996) que la naturaleza humana impulsa a los hombres a buscar su propia supervivencia y bienestar, siempre en persecución de su interés personal. Cada individuo, de manera aislada, produce una cantidad de bienes y satisfacciones menor a la que obtiene cooperando con sus congéneres, a través del mecanismo de la división del trabajo y el ejercicio de los talentos, capacidades y habilidades de cada una de las personas que compone la sociedad. Considerando la búsqueda individual del bienestar personal por sobre el bienestar general y el hecho de que el bienestar para todos los individuos es mayor cuanto mayor sea la cooperación social, se hace evidente que existe tanto un conflicto como un interés de intereses. Rawls, consciente de esto, se pregunta por la división o distribución más justa de los frutos de esta cooperación: ¿cómo determinar los derechos y los deberes de cada individuo? Esta pregunta, que es, en esencia, la pregunta por la justicia, tiene que ver con la pregunta sobre la estructura básica de la sociedad. Rawls supondrá que estos principios, estos pilares de la estructura de la sociedad, son el resultado del acuerdo original de todos los participantes de la sociedad: el Contrato Social.

Ahora, ¿cómo se llega a ese acuerdo? En un estado en que todos los individuos conocieran sus respectivas posiciones -algunas posiblemente contrapuestas-, los principios que cada uno de ellos escogería para organizar la sociedad iría en función de esa posición. Por un lado, los campesinos, quizá, bogarían por una sociedad más igualitaria y, por el otro, los más ricos defenderían un tipo de sociedad que permitiera grandes desigualdades económicas. En este escenario no existiría una deliberación razonada para escoger la mejor opción, sino un intento de cada persona por construir una sociedad conveniente para ella y/o los suyos, aun yendo en perjuicio de los demás.

Así, para que los cálculos de intereses personales no impidan la imparcialidad de la justicia en la sociedad, es necesario que la deliberación se lleve a cabo tras un velo de ignorancia, en que cada persona desconocería su posición en la sociedad: nadie conoce sus capacidades y talentos, su inteligencia, su edad, su sexo, etc. Adquiere aquí su sentido pleno la figura de Temis vendada.

Basándose en la teoría del interés individual o de la elección racional, Rawls concluye que los criterios universales de justicia en la cooperación social serían dos principios: 

(1) el principio de igual libertad para todos y 

(2) el principio de la diferencia, compuesto por el principio de la diferencia propiamente tal y por el principio de la igualdad de oportunidades.

De acuerdo al primer principio, "[c]ada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas que sea compatible con un esquema similar de libertades para otros" (1995, p. 67). Si bien Rawls no presentó una descripción precisa de libertad, ofreciendo conceptos más bien dispersos de ella,  es posible establecer dos ejes en que se sitúa para hablar de libertad: la idea de inviolabilidad del individuo originada en la visión del hombre como un fin en sí, y no a disposición de otros -"[c]ada persona posee una inviolabilidad fundada en la justicia que ni siquiera el bienestar de la sociedad en conjunto puede atropellar"- (p. 17), y en la idea de libertad como capacidad para cumplir los planes de vida, con la única limitante de no interferir con las libertades ajenas. Este principio es superior al segundo, de diferencia, y no puede ser sacrificado.

El segundo principio supone que "[l]as desigualdades sociales y económicas deben de resolverse de modo tal que: [1] resulten en el mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad (el principio de diferencia [, y 2] los cargos y puestos deben de estar abiertos para todos bajo condiciones de igualdad de oportunidades (justa igualdad de oportunidades)" (1995, p.68). Rawls considera que la igual repartición absoluta de la riqueza originada en la producción social provoca un problema de motivación: los individuos se esfuerzan, crean, producen pensando siempre en una ganancia para ellos al final, mayor al de sus congéneres; de haber igualitarismo puro, la producción se estancaría y sus beneficios, como la creación de empleos o la recaudación de impuestos, disminuirían o desaparecerían. Debe aceptarse, entonces, un cierto grado de desigualdad, con la condición de que esa desigualdad implica un mayor beneficio para los menos favorecidos.

La concepción de la justicia como equidad o imparcialidad no logra realizar la pretensión rawlsiana de conciliar la libertad con la igualdad: hay una contradicción entre el principio de igual libertad y el principio de diferencia. Teniendo en cuenta y unificando los mencionados dos ejes desde los que Rawls habla de la libertad, resulta la idea negativa de libertad como ausencia de interferencia en la acción personal. Pero para Rawls la incapacidad de concretar los planes de vida, debida a la imposibilidad de acceder a los bienes primarios necesarios, por cuestiones del sorteo natural, no permite el pleno goce de la libertad. Así, la libertad rawlsiana no es únicamente negativa, como ausencia de interferencia, también es positiva, como libertad de hacer. En Justicia Distributiva[1], Rawls afirma que debe encontrarse una interpretación del principio de igual libertad y de diferencia "según la cual las participaciones distributivas no sufran la influencia incorrecta de las contingencias arbitrarias de fortuna social y del sorteo de dotes naturales"; indirectamente, se presenta el aparato coercitivo del Estado, y la coacción, como herramienta de igualdad.

Rawls incurre en el error de confundir la libertad con la oportunidad. La libertad no es sinónimo de oportunidad. Un hombre no es menos libre por no poder casarse con la mujer que desea, no pudiendo concretar su expectativa de vida, ni por carecer de los medios para comprar una entrada para un concierto musical de su interés, es decir, de la oportunidad de asistir a ese concierto. Vista la libertad como oportunidad, estaría ligada con el cumplimiento o supresión de los deseos, esto es, un individuo podría aumentar su libertad satisfaciendo o eliminando sus deseos.

Hay muchos casos en que las dotes, el talento y la capacidad producidas en las personas por el sorteo natural, determinan que un individuo gane o pierda, que cumpla o no sus deseos o expectativas de vida. La fortuna de este sorteo natural puede hacer que alguien menos talentoso para, digamos, el fútbol probablemente perderá su puesto en un equipo en favor de un jugador mucho mejor; lo mismo puede pasar con un aspirante a guitarrista en algún famoso grupo frente a alguien mejor dotado. Esta falta de equilibrio torna insostenible el principio de la diferencia y su máxima de asistencia a los menos favorecidos a través de la desigualdad.

Ahora, surgen preguntas como cuál sería el límite de acción para mantener el principio de diferencia, es decir, para que las ganancias de los aventajados impliquen mejoras para los menos aventajados y cuál sería el límite para no caer en el puro igualitarismo: estas preguntas revisten una enorme importancia.

Desde una óptica libertaria, Rawls está en el límite de ese igualitarismo puro o absoluto; a pocos pasos está de convertir su doctrina en la filosofía de Procusto, aquél posadero del Ática que, a cuantos aceptaban el ofrecimiento de hospedarse en su posada, cuando dormían los amordazaba y ataba al lecho. Si el viajero era de talla alta, lo hacía acostarse en el lecho corto, y para acomodarlo le cortaba las partes de su cuerpo que sobresalían: los pies, las manos o la cabeza. Si era de baja estatura, lo acostaba en la cama larga, y para adaptarlos a la cama les estiraba violentamente las extremidades para alargarlos; de aquí su nombre: Προκρούστης, Prokroústês, Estirador.

Ilustremos esto con una exageración -no por exageración, inapropiada-: ¿qué ocurre con las bonitas y las no tan bonitas en un baile? Las bonitas tienen una ventaja debido al sorteo natural que podría entregarles mayores réditos que a las no tan bonitas, sin mejorar la situación de estas últimas (lo que no sería permisible de acuerdo al principio de la diferencia). El igualitarismo puro diría que debe hermosearse a las no tan bonitas o afear a las bonitas, para que, así, nadie gane o pierda sin entregar o recibir ventajas compensatorias.

¿Dónde está el límite del principio de diferencia para no contraponerse al principio de igual libertad, para no incurrir en el crimen de Procusto? Seguramente Rawls respondería con el principio kantiano de tratar a cada persona como fin y no como medio. Pero al sostener que el principio de diferencia "representa, efectivamente, un acuerdo original para compartir los beneficios de la distribución de talentos y capacidad naturales, cualquiera que sea esta distribución, con el fin de aliviar todo lo posible las desventajas arbitrarias que se derivan de nuestra posición inicial en la sociedad", se mantiene la contradicción con el primer principio, aun más, este principio, para ser cumplido, podría llevar a la consideración de las personas como medios por las instituciones.

La concepción rawlsiana de libertad, al plantear el principio de diferencia como un elemento fundamental de su teoría de la justicia como equidad, implica la utilización de la coacción por el Estado contra los individuos. Desde el libertarismo, el principio de la diferencia es visto como antiliberal, entrando en directa oposición con la libertad: Nozick considera que la doctrina de Rawls supone que nosotros no somos los únicos dueños de nosotros mismos, sino que el Estado posee derechos de copropiedad sobre nosotros; la teoría rawlsiana no sólo es insuficiente para evitar invasiones sobre el patrimonio corporal o material de las personas, dicen los libertarios, sino que también las permite y estimula si con ello se alcanza una mayor igualdad entre los ciudadanos.

Veamos un caso en que el principio de diferencia se contrapone a la libertad: Rawls dice que para que el principio de diferencia se cumpla, debe respaldarse la igualdad de oportunidades en las empresas y la libre elección del trabajo, a través de la vigilancia de "la conducta de las empresas e impidiendo que se establezcan barreras y limitaciones a los cargos y mercados deseables", es decir, alguien que, por un motivo cualquiera, estableciendo "barreras y limitaciones", decide no celebrar un contrato con otra persona, estaría atentando contra la igualdad de oportunidades y la libre elección del trabajo de esa otra personas: el principio de diferencia manda que se obligue al -se use la fuerza contra el- primero a celebrar el contrato para que haya igualdad de oportunidades.

Los libertarios sostienen que lo planteado por Rawls constituye una invasión y un acto de agresión opuestos al intercambio voluntario entre individuos; en palabras de Murray Rothbard, supone "forzar a alguien a escoger y actuar de manera diferente a la que le dicta su propia mente" (2006, 41).

Robert Nozick comienza su reflexión con la libertad individual como valor fundamental, pero estructura su teoría centrado en algo aun más elemental: el principio del derecho a la propiedad. Este principio supone que cada individuo es dueño de sí mismo y de los objetos o bienes que haya adquirido pacíficamente, a través de la apropiación originaria o del intercambio voluntario (derechos de propiedad neolockeanos). El derecho a la propiedad -y a la autopropiedad- implica el derecho de cada individuo a decidir qué hacer con su vida y patrimonio, y a no ser sacrificado o agredido por el bienestar y el interés ajenos.

Para ilustrar este punto Nozick utiliza un experimento mental bastante peculiar: la lotería de ojos. Vivimos en un mundo de naturales desigualdades físicas y biológicas: algunas personas son altas y otras bajas, unas son blancas y otras negras, unas son rápidas y otras son lentas, unas son videntes y otras son ciegas o tienen problemas de la vista. Imaginemos, por un momento, que el trasplante de ojos  es una cirugía sencilla y con altísimas probabilidades de éxito. La pregunta es si, como sociedad, para tener una mayor igualdad, deberíamos realizar una redistribución de ojos: tomar un ojo de alguien con dos ojos sanos y dárselo a un ciego o a alguien con problemas de la vista... Es posible que haya algunos voluntarios, pero no todas las personas con ojos sanos van a estar dispuestas a dar uno de sus ojos: ¿deberíamos instituir una lotería nacional obligatoria y forzar a los perdedores a donar un ojo? Seguramente, nadie apoyaría eso: cada persona debería tener derecho a decidir si donar o no, porque cada persona es dueña legítima de sus ojos, de su cuerpo y de la totalidad de las cosas de su pertenencia. La redistribución de la riqueza, en tanto en cuanto constituye el sacrificio de un individuo por el bienestar ajeno, no se diferencia de la redistribución de ojos.

La reflexión nozickeana sobre la existencia del Estado se funda sobre la base del derecho de propiedad, examinando primero la situación de ese derecho en una sociedad anarquista y concluyendo la necesidad del minarquismo. En una sociedad sin Estado, el individuo puede tener derecho a la propiedad, desde luego, pero, piensa Nozick, si no hay un organismo central encargado de hacerlo respetar, ese derecho será letra muerta. El individuo podría tratar de defenderse si su derecho es vulnerado, pero no podría llamar a la policía para protegerse o evitar el conflicto, ni demandarlo para recibir una compensación. Esa situación llevaría rápidamente al escenario descrito por Hobbes en su Leviatán, en que la vida se torna solitaria, tosca, embrutecida y breve. Para evitar eso se necesita un Estado, aunque mínimo y limitado al ejercicio de las funciones básicas de seguridad, protección contra el robo y el fraude, y obligación del cumplimiento de los contratos. Este Estado contará con un cuerpo de policías para combatir las agresiones en el interior de la sociedad, un ejército para combatir las agresiones desde fuera de la sociedad, y un sistema de tribunales para la resolución de conflictos.

En los tiempos modernos, los Estados suelen estar encargados también de la entrega de servicios como la recolección de basura, el alumbrado público, la sanidad, la educación pública, etc. Además de estos servicios, a los que cualquiera puede acceder, entregan servicios a los segmentos de menores recursos de la sociedad, como los subsidios para la vivienda o la alimentación. Todavía más: dictan qué cosas deben hacerse y qué deben evitarse, por el bien de los ciudadanos; sancionan el uso y el consumo de drogas, obligan la educación, censuran libros y películas -afortunadamente, cada vez menos-, etc.

Todo esto va mucho más allá del Estado mínimo -o minarquista- de Nozick: se trata, en mayor o menor grado, de Estados de bienestar. Para poder financiar la entrega de esos servicios por el Estado se requiere un sistema de impuestos, es decir, una redistribución compulsiva de las riquezas de los individuos. El paternalismo asumido de prohibir y obligar ciertas cosas por nuestro bien, y la redistribución de las propiedades, quebranta el derecho de cada individuo a disponer de sí y de su patrimonio sin interferencia ajena.

Ahora, esos servicios continuarían existiendo, pero serán ofrecidos por privados, ya no por el Estado. No se pagará impuestos para su financiamiento: quien esté interesado en un servicio, lo contratará libremente pagando a la empresa proveedora. No habrá ayuda del Estado para los pobres: serán los individuos más afortunados los que los ayudarán voluntariamente, por caridad o solidaridad; parafraseando las palabras de Frédéric Bastiat en Justicia y Fraternidad, "en cualquier parte donde se manifiesta, la solidaridad es espontánea o no lo es. Decretarla es aniquilarla".

Respecto a los derechos, Nozick distingue entre derechos positivos y derechos negativos. Los primeros son aquellos que para ser satisfechos requieren una obligación para otros; los segundos, en cambio, para ser satisfechos requieren una prohibición para otros. Por ejemplo, considerar la afirmación "yo tengo derecho a la vida": ese derecho puede ser entendido como un derecho positivo, significando que el resto de la sociedad tiene la obligación de proveer a quien detenta ese derecho de lo necesario para seguir vivo (e.g., comida o atención médica), o como un derecho negativo, significando que nadie puede privar de la vida al sujeto del derecho. El tipo de derecho planteado por Nozick es el negativo. Es posible la posesión de derechos positivos, pero sólo de aquellos surgidos de un acuerdo libre y voluntario entre las partes involucradas. Por ejemplo, si contrato a un médico para mantenerme en vida, adquiero un derecho positivo a su servicio.

Son conocidos los problemas éticos como el del dilema del tranvía ideado por Philippa Foot: "Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente; por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?". Nozick responde a  esta interrogante con un no rotundo: el rehén tiene derecho a la vida. Y ese derecho no sólo es negativo, no sólo supone la ausencia de agresión y la imposibilidad de una intervención ajena que ponga en peligro su vida; también impone restricciones indirectas, es decir, su derecho establece restricciones a las acciones de otros. Junto a estas dos característica está la supremacía de los derechos frente a consideraciones morales o de orden similar. De este modo justifica Nozick la inviolabilidad de los derechos; no pueden ser legítimamente violados.

Habiendo esclarecido la naturaleza de los derechos, podemos ver cómo se concreta el Estado ideal nozickeano. Pero antes de eso entendamos qué es un Estado para Nozick: ¿qué da a algo el carácter de Estado? Dos cosas: 

(1) reclamar el derecho exclusivo a, y detentar el monopolio de, el uso de la fuerza legal sobre un territorio determinado, y 

(2) ofrecer protección a todos los individuos hallados al interior de sus fronteras.

La segunda característica tiene un problema: sí, el Estado ofrece protección a todos, pero esta protección no es gratuita, alguien debe pagar por ella. A través de una redistribución compulsiva de las riquezas, quienes tienen dinero deben pagar por el acceso a la protección de quienes tienen muy poco dinero y de los que no tienen. Pero esto quebranta el derecho de quienes son despojados a disponer libremente de sus propiedades, viola la noción nozickena de libertad como consistente en la ausencia de imposición de voluntades ajenas en la acción de un individuo, es un atentado contra la justicia.

Nozick responde a esta objeción con el argumento de la formación del Estado a través del proceso de la "mano invisible". Mientras los teóricos contractualistas -Rawls incluido- empiezan en un estado de naturaleza y concluyen directamente -y rápidamente- que los problemas surgidos en ese estado son tan graves que se hace necesaria la creación de un Estado que los resuelva, Nozick es más pausado: piensa que existe un mecanismo (la mano invisible) que regula la interacción social y permite el surgimiento del orden desde el aparente caos.
Comienza su argumentación definiendo el estado de naturaleza como aquél en que no existe una organización política. En este estado, como ya habían apreciado los contractualistas, la convivencia entre los individuos se torna prontamente conflictiva; se cometen agresiones e injusticias que, no habiendo policías ni autoridades, deben ser resueltas por cada miembro de la comunidad. Llegados a un punto, los vecinos, comprendiendo que se las arreglan mejor en grupo que de manera particular, comienzan a buscar ayuda y a agruparse y organizarse para vigilar, combatir y detener la delincuencia; a esta organización llama Nozick "asociación de protección mutua". Con el tiempo, surgen varias asociaciones de protección mutua.

Ahora, ser miembro de esas asociaciones supone apoyar a los demás miembros con sus problemas, lo que implica una inversión de tiempo y esfuerzo mayor a la que cada miembro invertía previamente. Un individuo podría aceptar ese trabajo adicional, pues le es más conveniente que no participar en el grupo, pero hay una solución que evitaría que esto sea necesario: la división del trabajo. Sólo algunos se dedicarían a la oferta de servicios de protección y seguridad; las asociaciones de protección mutua se tornarían agencias comerciales de protección. Los conflictos y las guerras no serían ya entre todos los individuos de la comunidad, sino entre las agencias de protección únicamente. Nozick piensa que prontamente esta multiplicidad desaparecía y quedaría sólo una agencia, con monopolio sobre el uso de la fuerza legal; esto, porque, prefiriendo los individuos la seguridad que les da contratar a una agencia grande y poderosa, para las empresas sería más conveniente fusionarse que competir entre sí.

Retomando la definición que hemos dado de Estado como aquella agrupación que reclama y detenta exitosamente el monopolio de la fuerza legal, y que entrega protección a todos los individuos residentes en el territorio que gobierna, veamos si la agencia monopolizadora resultante de la fusión o desaparición de sus competidoras se constituye efectivamente como un Estado. Esta agencia dominante  tiene, como se ha visto, un monopolio sobre el uso de la fuerza, pero no es obligatorio contratar sus servicios. Habrá quienes prefieran defenderse de manera particular, ejerciendo una fuerza aparte a la de la agencia; si es así, entonces ésta no sería un Estado. El problema es que la mayor parte de los ciudadanos será cliente de la agencia, y ésta tiene el deber de brindarles protección contra todos aquellos que puedan poner sus vidas o propiedades en peligro, por lo tanto, prohibiría el uso de la fuerza no sólo a sus clientes, sino también a quienes no lo son, aun cuando estos no clientes usen la fuerza únicamente como medio de defensa.

Al prohibirlo, está impidiendo el derecho de éstos a defenderse; por racional o al menos conveniente que sea contratar con la agencia, quien no quiere hacerlo está en su derecho. Al quebrantar este derecho, la agencia debe entregarle una compensación; según Nozick, esta compensación sería la entrega gratuita de su servicio. Ahora sí posee la agencia los dos elementos ya mencionados que la vuelven un Estado.

Ahora, la agencia no sólo ha violado el derecho de algunos a la defensa, sino que, al ofrecerles protección gratis como compensación por la violación de su derecho, está redistribuyendo la riqueza de sus clientes: hace que sus clientes paguen por la protección de quienes reciben la compensación. Nozick responde a esta objeción aduciendo que la redistribución no se realiza porque, de no realizarse, habría gente sin protección, sino porque debe pagarse una compensación.

Tras haber comprendido cómo es que se forma el Estado, cabe preguntarse: ¿qué poder debe dársele a este Estado?, ¿cuáles son sus funciones?, ¿cuáles son sus límites? Hemos visto que los Estados modernos tienen funciones que van mucho más allá de las funciones elementales de seguridad y protección; ofrecen servicios públicos u orientados hacia sectores de escasos recursos, que son financiados por los pagadores de impuestos a través de un sistema de redistribución de la riqueza. Según Rawls, todos estos servicios son legítimos, porque van en la línea de la concreción de [su] concepto de justicia social. Propuestas de este tipo suponen que la riqueza es una especie de torta a repartir; Nozick discrepa de esta idea.

Para distinguir su posición de las demás teorías políticas, ofrece la siguiente clasificación. Hay dos tipos básicos de teorías políticas, las que siguen el principio del "estado final" y las históricas, de las que hay dos variantes. El principio del "estado final" dice que para saber si una distribución de la riqueza es justa, hay que fijarse en la estructura global de la distribución. Para ilustrar esto consideremos un esquema en que una persona A recibe un monto X + 1 y una persona B recibe un monto X, y luego el inverso. Puesto que lo importante es la utilidad global, si estas dos distribuciones -la original y la inversa- producen el mismo nivel de bienestar para la comunidad, entonces no importa cuál se escoge. Aquí la justicia no dependería de una cierta distribución, sino del efecto global alcanzado.

Las teorías históricas consideran las circunstancias históricas y las acciones de los individuos. Hay dos tipos de teorías históricas, las pautadas y las no pautadas. Para determinar la justicia de una distribución, las primeras se fijan en características históricas relevantes de los individuos, según un criterio determinado, como la necesidad, el mérito, el trabajo, etc. Una distribución es justa si se adapta al criterio escogido.

La teoría de Nozick es histórica, pero no plantea ninguna imagen o pauta al que las relaciones entre los individuos o la distribución de las riquezas deberían conformarse. Nozick piensa que la distribución original de los recursos se debe a las voluntades de los individuos en interacción utilizando ciertos mecanismos de adquisición y transferencia de propiedad. Una distribución es justa si se debe a la actividad pacífica, libre y voluntaria de los individuos de una sociedad.

Para ilustrar esta idea, Nozick diseña la siguiente situación. Pensemos en un escenario D1, en que la riqueza es repartida de manera distributiva tendiente a la igualdad. En esta sociedad vive un renombrado basquetbolista, Wilt Chamberlain. Chamberlain acuerda con su club que una parte del dinero recaudado por taquilla irá directamente a sus bolsillos. Los espectadores, maravillados por la destreza del jugador, acuden en tropel a sus partidos. Tras una temporada, el deportista ha recaudado mucho más dinero que cualquier otra persona; hay una alteración en la distribución original de la riqueza. De la distribución D1 pasamos a una distribución D2. Nozick se pregunta: si la distribución D1 era justa, ¿qué se le puede objetar a la distribución D2? Si la gente pasó voluntariamente de D1 a D2, entonces la distribución D2 es justa y Chamberlain tiene derecho a ese dinero. Rawls diría que D2 es injusta y que, por lo tanto, debe volverse a D1, imponiendo la distribución originaria aun en contra de la voluntad de la gente que transfirió libremente su dinero a Chamberlain.

Ahora, aun siendo el enriquecimiento de Chamberlain originado en una transferencia voluntaria por parte de los espectadores, en ausencia de perjuicio para terceras personas -los no espectadores continúan con la misma cantidad de dinero que tenían en la distribución D1-, podría objetarse que lo que una persona puede hacer con su dinero no depende sólo de cuánto dinero tenga, sino también de cuánto dinero tengan los demás, y dado que la concentración de dinero -y poder- en las manos de unas cuantas personas pueden afectar a terceros, porque estos hombres adinerados pueden, por medio de la especulación, aumentar, por ejemplo, el precio de las casas y disminuir los salarios por medio de monopolios y afines, convendría a quienes tienen menos recursos vivir en una sociedad más bien igualitaria que en una sociedad con [unos cuantos] hombres de grandes fortunas. Siendo así, cabría lugar para la regulación de las transferencias.

Pero, dice Nozick, la regulación, aun cuando sea mínima, convierte una situación no pautada a una situación pautada. Sólo hay dos opciones: libertad absoluta o conformidad total a una visión social. No se permite la violación del derecho individual a la libertad, ni siquiera en pos de una mayor igualdad o de una mayor cohesión social.

El intercambio voluntario no es la única manera de adquirir una propiedad, también se puede adquirir por la vía de la apropiación originaria, es decir, extraer un bien de la naturaleza que previamente carecía de propietario. Quien planta un árbol, tiene más derecho a él o a su fruto que alguien que no lo ha hecho. En cuanto a las tierras, una persona no puede apropiarse de más tierra de la que puede trabajar, y además debe dejar tierra suficiente y de igual calidad para todos los demás; la apropiación no puede dejar en peores condiciones a los demás.

Pero no hay tierras ilimitadas, y en los tiempos en que nos ha tocado vivir, prácticamente no hay terrenos sin propietario. ¿De qué sirve, entonces, esta noción de adquisición? ¿Qué pasa con los hambrientos que mueren de hambre por no poder cultivar un terreno? Nozick se hace la pregunta de por qué esa gente muere de hambre; si es porque no tienen acceso a tierras ya que han sido apropiadas, pero pudieron haber vivido si no se hubiera realizado la apropiación, se trata de una violación de la provisión de que los apropiadores no pueden dejar en peores condiciones a los demás, por lo tanto, pueden exigir una compensación.

El tercer elemento de la teoría de Nozick es el de la rectificación. Debe rectificarse las violaciones que han resultado en injusticia. Pero a lo largo de la Historia han habido muchas violaciones, de unos pueblos contra otros, de los gobernantes contra los gobernados, de los ricos contra los pobres. Nozick piensa que la rectificación de las injusticias del pasado pueden hacer necesario, al menos a corto plazo, un Estado más extenso: esta es la única concesión de Nozick a Rawls.

Las concepciones de la persona de Nozick y Rawls son también diferentes. Rawls se centra en la comunidad, en el colectivo. La cooperación social produce un bienestar y una satisfacción imposibles de alcanzar si cada persona trabajara por su cuenta; surge la interrogante de cómo distribuir ese producto de manera justa. Rawls responde a esta cuestión con el principio de la diferencia: las desigualdades son permitidas únicamente si resultan en el beneficio de los menos afortunados. Si una persona es rica, pero su riqueza no beneficia a los menos ricos, entonces su riqueza debe ser redistribuida.

Para Nozick esto es impensable: es inmoral sacrificar a un individuo por el bienestar de otro. Hay en él un individualismo absoluto. Las personas, con sus distintos talentos, capacidades, habilidades y esfuerzos, procuran para sí niveles de riqueza superiores a los de sus congéneres. Y si eso se produce de  manera pacífica, no cabe protesta alguna.

Rawls llega al punto de considerar los talentos de una persona una propiedad comunal. Volviendo a  Wilt Chamberlain, él nació con talentos para el básquetbol. No hizo nada para merecerlo, pero practicó mucho para desarrollar su talento y convertirse en un jugador de élite. En cambio, hay muchas otras personas que desperdician sus talentos, que no se esfuerzan por desarrollarlos. ¿Por qué el esforzado debería sacrificarse por el bienestar y el interés de quien no se ha esforzado en absoluto? Rawls piensa que incluso el esfuerzo que posibilita el desarrollo de los talentos puede deberse a factores como el estatus social o el apoyo parental. Tal vez, el que se esforzó pudo contar con el apoyo de sus padres, familiares o amigos, y con respaldo económico o emocional, de los que carecía el hombre que no se esforzó. Y, sin embargo, hay innúmeros casos de personas que, proviniendo de un trasfondo por entero desventajoso, han logrado superarlo y tener éxito en la vida.

La concepción rawlsiana de una persona reduce al individuo a un ser sin responsabilidad. Quien no se ha esforzado y, por lo tanto, posee una posición social reducida, podría decir que no es él el responsable de su malestar, sino la sociedad, que es la sociedad quien debe mantenerlo. Lo mismo podría decirse, siguiendo la idea de Rawls, de los criminales: les ha tocado un trasfondo social desventajoso que los ha llevado el crimen, y la responsable de eso es la sociedad, por lo tanto, la sociedad en su conjunto debe compartir la suerte del criminal -aun sus víctimas-.


                                                                         CONCLUSIÓN


En esta monografía se ha abordado y explicado las visiones que tanto Robert Nozick como John Rawls tenían respecto a la libertad, la igualdad económica y la justicia, y a la relación entre igualdad y libertad. ¿En qué consiste la libertad?, ¿Es posible alcanzar algún grado de igualdad económica sin afectar la libertad?, ¿es permisible la desigualdad, y hasta qué punto? Estas y otras son las preguntas a las que hemos intentado dar respuesta atendiendo a los pensamientos de nuestros dos grandes intelectuales.

Rawls parte de la idea de que los hombres se agrupan y colaboran entre sí para obtener un mayor bienestar del que tendrían si trabajaran aislados, pero que, sumado a esta identidad de intereses, tienen un conflicto de intereses consistente en que cada uno de ellos intenta hacerse con una porción de la riqueza mayor que la de los demás miembros del grupo, y concluye que, al momento de unirse, celebran un acuerdo en que establecen dos criterios de justicia para determinar las cargas y los beneficios de cada individuo: el principio de la igual libertad y el principio de la diferencia.

El principio de la igual libertad establece que cada individuo debe ser igual de libre que sus congéneres, teniendo una inviolabilidad fundada en la justicia que impide ser sacrificado por el bienestar de otros. Para Rawls, la libertad consiste esencialmente en una ausencia de interferencia ajena en la voluntad o en la actividad individual, siempre, por cierto, que esa voluntad o actividad individual no vulnere la libertad de los demás. Pero piensa también que si una persona no puede concretar sus planes o expectativas de vida por carecer, por acción del sorteo natural, de los bienes primarios necesarios para ello, está impedido del pleno goce de su libertad. Así, la libertad no supone únicamente la dicha ausencia de interferencia -no es sólo negativa-, sino también la tenencia de oportunidades, es decir, la capacidad de hacer.

Según el principio de la diferencia, la desigualdad económica sólo es tolerable si redunda en el bienestar de los menos favorecidos de la sociedad. La igualdad no puede ser absoluta, piensa Rawls, porque si todos los individuos tuvieran la misma participación en la riqueza obtenida de la cooperación social, sin importar su mérito, no tendrían incentivos para esforzarse, la producción se estancaría y sus beneficios desaparecerían; el resultado, el malestar de toda la sociedad. Dirá Rawls que la persecución de la igualdad se limita a la posibilidad de que todas las personas estén facultadas para concretar sus expectativas.

Nozick piensa que cada individuo tiene un derecho de propiedad sobre su persona y sobre su patrimonio -de los bienes que haya adquirido pacíficamente, a través de la apropiación originaria o del libre intercambio-, y este derecho no puede ser sacrificado por el bienestar o el interés de otra persona. Para él, la libertad consiste en la capacidad del individuo de actuar según su propia consciencia y voluntad, siempre que se abstenga de agredir a otras personas. Siendo así, la redistribución de la riqueza que implica el segundo principio de Rawls -redistribución de la riqueza que permite el financiamiento de servicios públicos y universales o de servicios exclusivamente destinados a las clases menos favorecidas- es contraria a la libertad (hay una -matizada- esclavización del individuo, que es controlado de acuerdo al criterio del gobernante) y a la justicia (es vulnerado el derecho del sujeto a disponer libremente de su patrimonio).

Aunque Nozick cree en la necesidad de la existencia de un Estado, formado espontáneamente en el entramado de relaciones sociales, y que define como la agrupación que se arroga y detenta exitosamente el monopolio de la fuerza sobre un territorio, y defendiendo a todos los residentes de ese territorio, considera que debe limitarse a las funciones fundamentales de seguridad, protección y resolución de pleitos.

Rawls, en tanto, entrega al Estado la función de brindar servicios universales como la educación y la sanidad públicas o la administración de parques y bibliotecas, así como la entrega de subvenciones para quienes las necesiten. Como se ha dicho, estos servicios deben ser financiados por los ciudadanos a través de los impuestos; las propiedades de los individuos son invadidas por el Estado.

Nozick critica esto. En una sociedad minarquista, el ideal nozickeano, esos servicios serían entregados no por el Estado, sino por los privados. El Estado ya no privaría a los individuos de su patrimonio; éstos contratarían libremente los servicios y a las empresas que les parezcan más adecuados. El Estado no entregaría asistencia a los pobres; esto se lo deja Nozick a la caridad y a la solidaridad individuales.

Resulta interesante la clasificación que hace Nozick entre derechos negativos y derechos positivos. Los derechos negativos son aquellos que requieren que las personas del entorno se abstengan de intervenir en su realización, mientras que los derechos positivos implican que las personas realicen ciertas acciones. Por ejemplo, afirmar que la persona A tiene derecho a la vida puede ser entendido en su sentido negativo, es decir, que tiene derecho a que los demás no actúen de una manera que ponga en riesgo su vida o que atente directamente contra ella, o en su sentido positivo, como significando que tiene derecho a que los demás le den lo que necesite para mantenerse vivo, como acceso a la salud o alimentación. Nozick considera verdaderos los derechos negativos; los derechos positivos sólo lo son si se originan en el contrato libre y voluntario entre las partes involucradas en el derecho.

Quisiera cerrar con una pequeña apreciación personal. La libertad es el bien más valioso del que goza el ser humano, su más alta aspiración. La justicia no tolera que la libertad ni la consciencia del hombre sean sacrificadas en el altar de la sociedad, de la comunidad, del colectivo, con el frío puñal igualitarista. Hay que reivindicar la supremacía del individuo frente al colectivo, hay que rescatar el individualismo de los grandes liberales de nuestra Historia: de Pericles y Tucídides, de Cicerón y Tácito, de Erasmo y Montaigne, de Tocqueville y Bastiat. 

Robert Nozick dio un gran paso en el camino de la libertad, pero no fue suficiente: su filosofía conserva aún la existencia del que ha sido, a lo largo de los siglos, el más desalmado enemigo del hombre libre, el Estado.


      REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

— AXELROD, R. (1996). La evolución de la cooperación. España: Alianza Editorial. (Obra original
            publicada en 1984).

— BASTIAT, F. (2008). Justicia y Fraternidad. Recuperado de http://www.elcato.org/node/1248. (Obra   original publicada en 1848).

— NOZICK, R. (1988). Anarquía, Estado y utopía. México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original             publicada en 1974).

— RAWLS, J. (1995). Teoría de la Justicia (María Dolores González, trad.). México: Fondo de Cultura    Económica. (Obra original publicada en 1971).

— ROTHBARD, M. (2006). Hacia una nueva libertad: El manifiesto libertario. Argentina: Grito   Sagrado. (Obra original publicada en 1973).












[1]     Libro publicado en 1973 como Economic Justice por la editorial estadounidense Penguin Books, Inc. Actualmente sin traducción al español. La cita es de traducción propia.