13 de mayo de 2014

URIBISMO Y CHAVISMO: DOS GEMELOS EN DIRECCIONES OPUESTAS







Por, Viviana Mercado Carreño

Nota aclaratoria: lo que se exprese en este articulo, es responsabilidad única de la autora. 

Estados distintos, realidades adversas; sin embargo incluso analizando superficialmente los fenómenos políticos sociales tangentes en las sociedades venezolana y colombiana respecto del Uribismo y Chavismo, se encuentran fácilmente varios  patrones repetitivos en las conductas de líderes y seguidores de una y otra corriente política. De manera breve realicemos un pequeño repaso empezando por lo primero: la figura idílica del Mesías. Ambos movimientos se basan y desplazan dentro de un personaje, cuya función es hacer del salvados y “mesías”, que sacó a una nación de la más profunda miseria o devastación, sea cual fuere aquella que se afirma, y cuyas ínfulas de Héroe lo hacen creer, a él y a sus “apóstoles”, que el único camino sobre el cual se puede andar para mantener la seguridad, la felicidad, o como aquel le llame a su fin último, es aquel del que el líder lleva las riendas. Resultan clarísimas entonces las razones por las cuales cada cual a escogido su nombre, sea Chavismo o Uribismo, pues el gran egocentrismo de sus fundadores no debe ser olvidado.

Aquí nace el siguiente punto: Centralización de un único fin como importante. Sea la guerra contra los grupos terroristas que amedrantan a la sociedad hace casi más de medio siglo o la revolución contra un régimen opresor de pueblos, los mesías de movimientos de esta índole no reconocen que los pueblos no tienen una necesidad única, sino una pluralidad de ellas que exige que a todas simultáneamente se les preste la misma calidad y cantidad de atención. Por esa creencia, escogen el que al parecer es el problema que más afecta a la sociedad sobre la cual buscan imponerse, para de esa forma gobernar con sus parafernalias sus miedos y añoranzas.

De este hilo de ideas aflora el tercer patrón: El odio. En vista de que estos idílicos personajes buscan perpetuarse en el poder, bien sea en cabeza del mismo creador o uno de sus peones, y que se concentran en la revolución o lucha contra un problema específico. Aquel problema debe parecer interminable, de lo contrario una vez haya sido superado sus seguidores no los verán más necesarios en el poder. Es a partir de allí que juega un papel determinante el odio. El odio es una figura infinita, que no conoce límites, si se me permite la redundancia. Sobre él se edifica la lucha o revolución empedernida. El odio hacia aquel problema central, la incapacidad de superarlo pacífica o tolerantemente, compartiendo bajo una misma nación ideas distintas, se hable de ideas de izquierda o capitalistas. Claramente, aquel odio no puede ser general, de lo contrario sería una locura aún más macondiana de lo que ya es, sino que es sesgado a ese problema o personaje específico. “Todo superhéroe debe tener su archienemigo, el villano mas malévolo de entre todos los villanos, y yo no me voy a quedar sin el mío” deben decirse los protagonistas de estas historietas vivientes en América Latina. Toda idea contraria a la profanada debe ser tachada de peligrosa o enemiga.

Finalmente, tal vez el punto más emocionante de todo esto: las conspiraciones. Como bien se dijo, los líderes de estas religiones políticas están posiblemente con mucha constancia afanados para mantener en lo alto sus ideales y entretenidos a sus proclamadores, no pueden permitirse de manera alguna que el tema se vuelva aburrido o repetitivo, es aquí donde hacen su gran aparición las conspiraciones. El odio buscan mantenerlo con fundamento de aquellas, no importa si éstas se vuelven increíbles o improbables, pues el “enemigo” de todo es capaz.


Muy seguramente se encontrarían más semejanzas, en caso de hacerse un análisis mucho más profundo y profesional del que yo me he limitado a realizar. Sin embargo el fin último de este artículo era sólo resaltar superficialmente patrones de dos movimientos ideológicos completamente distintos, pues si bien se releen estas letras puede denotarse que ningún comentario de derecha, izquierda, centro, o lo que sea, se ha hecho. Únicamente se han esbozado cuatro patrones que, por mera coincidencia, juegan un papel importantísimo en el Uribismo y el Chavismo. De ahí el título escogido, pues aquellas religiones políticas no son más que dos gemelos con direcciones ideológicas opuestas.