17 de mayo de 2014

EL RECHAZO DEL ESTADO



Jean François Revel. El rechazo del Estado, 1985, editorial Planeta. 



“Toda palabra puede abolir a otra. Pero una hermosa frase jamás abolirá un acto equivocado”.

“Los Derechos Humanos son ante todo y por encima de todo derechos individuales”

(Jean François Revel)


Por, Mario Felipe Daza Pérez. 


Muchos se asombrarán por el título de este escrito. El nombre de esta recensión que se asocia al rotulo de la obra de Jean François Revel impacta, pero no, se refiere a otra cosa distinta. Más que embaucarse en el encabezamiento debemos concentrarnos en las funciones y deberes del Estado que son desastrosas, ineficientes, inoperantes…

Constantemente solemos escuchar que necesitamos más Estado, para solucionar los problemas, o en forma indirecta lo hacemos cuando pedimos más impuestos (coerción) o más de esto o de lo otro a nivel estatal. Eso es agrandar el Estado y por tanto agrandar los problemas de una sociedad compuesta por individuos en la que no somos libres, ya que entre más grande sea esta, menos libertad tenemos para realizar nuestros actos individuales. Por ello unos anhelan en minimizarlo hasta el grado más próximo y otros presentan en erradicarlo como un mal cancerígeno, viendo este último punto como posibilidad no descartada se puede estudiar un poco de él como rechazo del estado, pero quedándonos hasta el momento con un nivel minimizable de este, podemos argüir que el rechazo del estado en nuestro campo o desde nuestro proyecto de vida debe ser una realidad. Este se encuentra inmerso en todos los sectores, de la cual no podemos evitar. Ahora si en verdad queremos soslayar tanta burocracia y corrupción los deberes y facultades del Estado debes eliminar o reducir (dependiendo el caso).

Bien como destaca el Dr. Juan Ramón Rallo (Cfr. Una Revolución Liberal para España), el Estado puede ser prescindible de un 90-95%, podemos vivir con ese 5% y que aún sigue siendo apabullante, tener un impuesto único, ya que sea en la renta (IRPF) o en el consumo es la solución hasta el momento en ese modelo. Muchos arguyen que esto es una contradicción de términos, un ideal, es utópico, ya que nunca se hará y es mejor acabar el mal de una vez por todas, pero es que ya ha existido antes Estados mínimos (no, ultramínimos, en condiciones libertarias Nozicknianas). Que poco a poco se fueron agrandando fue otra cosa. Entonces lo que se destaca en la controversias por lo general con los anarquistas es que no podemos limitar ese leviatán, sino que este cada vez se expande hasta decir no más, creando así un Estado socialista “malefactor distopico”.

Ahora, teniendo en cuenta lo anterior y tomando como ejemplo el texto de Jean-François Revel sobre: «El Rechazo del Estado» donde expone, que: …cada vez el Estado lo invade todo, cada vez, cada cosa nos resulta más caro, quiere hacerlo todo y al propio tiempo cada vez hace peor todo lo que hace. Es una verdadera náusea ante la hipertrofia de un Estado absorbente e ineficaz. En resumen: "El individuo reclama de nuevo el poder". 

Este pensador liberal francés del siglo XX (1924-2006) marcó un gran hito en su país, dentro de muchos de sus textos, he escogido leer este dentro de sus 26 libros, porque me pareció interesante el título, (espero seguir leyendo los demás). Sintetizando su postura y extrayendo algunos de sus apartados podemos decir lo siguiente:

Revel cree que el Estado se ha inmiscuido en todo y tiene razón, ha aplastado casi todas las libertades individuales, así mismo este acepta las empresas que invierten en dinero público para cubrir pérdida, pero en cambio asesina a las que podrían invertir en beneficio, es un «metomentodo», sus excesos intervenciones y regularizaciones, la gran politización del gobierno hace que se convierte todo en un monopolio que ha alcanzado un grado  de absolutismo mezclado con ineficacia que provoca en el público una profunda irritación.

Ahora, el autor expresa que el Estado aniquila completamente las libertades individuales y de la autonomía de la sociedad civil, ejerciendo sus funciones todo lo mal que puede. En otras palabras, el totalitarismo representa el grado último y consumado del gigantismo estatal, cuyos males solo sufrimos aun de manera parcial en las sociedades democráticas, incluso en las muy estatificadas. Empezamos a conocer esta ley: “En la medida que en un Estado se ocupa más de las cosas de las que no debería ocuparse, peor hace lo que debería corresponder a su verdadera responsabilidad. El Estado hace todo y en consecuencia no hace nada”. Quiero decir que es dueño de todo, pero que no es eficaz en nada. Excepto en dos cosas: la policía política y la máquina de la guerra. La actuación pacifista es, pues, suicida, porque favorece indirectamente a los regímenes en los que el individuo resulta aniquilado y en lo que además, casi la única función bien desempeñada por el único acto de la vida pública es la función guerrera. (Revel, 1985, p. 23)

Refiriéndose no solo al Estado sino a esos arrogantes llamado progresistas (izquierda) arremete diciéndoles en su conjunto de ensayos que la política de bloque autoritario de precios y salario (bien como está sucediendo en Venezuela y otros países) y luego la política actual de reducción del poder adquisitivo por la fiscalidad esa las medidas que superponen métodos anacrónicos y carentes de sutileza como de economías de planificación centralizada que fijan autoritariamente precios y remuneraciones. En cualquier caso, vistas las circunstancias, que tengan el pudor de admitir su actual fracaso, y que dejen de amonestar con tanta arrogancia, por causa de incivismo, a un país, que durante largos años va a tener que expiar sus errores. (Revel, 1985, p 82-83)

Las soluciones socialistas solo resolvían un único problema: desacreditar todo lo posible a los gobiernos de entonces, sin preocuparse lo más mínimo por saber por qué medios reales podían superar más tarde las dificultades de estos gobiernos (Revel, 1985, p. 89), lo que los intelectuales no son infalibles, como lo han demostrad abundantemente en el curso del siglo XX. Pero, ¿Quién lo es? Las izquierdas se han equivocado a menudo. Las izquierdas a menudo han engañado a los intelectuales. Los intelectuales se han engañado a menudo por fidelidad a las izquierdas. Hoy se dedican a una revisión crítica que no siempre es fácil. Que el poder político haga lo mismo y los puntos de vista se acercaran no por deber sino por convicción. (Revel, 1985, p. 113)

Teniendo en cuenta la anterior, Revel era un acérrimo defensor de la democracia liberal, desgracia para algunos, alivio para otros. No entrando en detalle. Este pensaba que la democracia habría que volverla a enderezarla (algo que por ejemplo Huerta de Soto no está de acuerdo y otros autores modernos de la Escuela Austriaca). Siguiendo bases como la de Benjamin Constant creía que el legislador no podía ir en contra de los derechos humanos o libertades individuales, aunque en la realidad veamos otra cosa. El fin, era el de conservar los derechos naturales imprescriptibles del hombre como la libertad, propiedad, seguridad, resistencia a la opresión, tal como lo habían consagrado la Carta Magna de 1215 o las declaraciones americana o francesa. De esta forma esgrimía que la democracia puede ser una forma de combatir el totalitarismo, este último es terrorismo de estado más no democracia misma.

Además de todo lo dicho en este escrito, en el conjunto de ensayos plasmado en su libro, Revel habla de los servicios públicos, como producto monopólico al distinguir entre función pública y servicio público, presentaba que un Estado no puede prescindir del todo de los funcionarios públicos, pero expresa que el Estado muere al exceso de sus funcionarios, (algo del que estoy de acuerdo, a los que se crea más burocracia), tal cuando expresa que:
“Cuando el Estado se encarga de mil tareas ajenas a su naturaleza, multiplica hasta el infinito sus agentes o asimilados”.  Unas empresas pueden asumir obligaciones de servicio público sin convertirse por ello en monopolios de Estado tal como numerosas empresas de transporte o de telecomunicaciones en Estados Unidos o Suiza y esto es lo que pasa cuando los servicios públicos se convierten en monopolios convirtiéndose en abuso de posición dominante, por lo que ahora hablar de «defensa del servicio público»  es hablar de los intereses en protección de los agentes de los monopolios del Estado y no de los ciudadanos a lo que se supone tienen que servir estos monopolios, mas impotente se ve el ciudadano ante sus fallos y a veces ante su completa interrupción. Cuanta más función pública hay, menos servicio público. (Revel, 1985, p. 159)

Siendo el escritor francés un defensor de lo que ya hemos dicho, pero como también del capitalismo este reprocha contra aquellos que están en contra de este al expresa que el capitalismo no es el culpable de las desigualdades de desarrollo, si se suprime es el tercermundismo cuando comienza a tropezar con sus contradicciones internas. En efecto, todos los países en los cuales se ha suprimido el capitalismo (Guinea, Vietnam, Madagascar, Camboya, Etiopia, Tanzania…) han caído en un abismo de pobreza peor que todos los demás. Angola y Mozambique, que saben lo que es rodar por esta pendiente, se han visto obligados a dirigirse a Sudáfrica para mendigar la ayuda capitalista. “Así, la lucha contra la pobreza y la lucha contra la impostura a menudo son una misma cosa” (Revel, 1985, p. 182)

Revel deja como deleite de su texto, el capítulo del cual tiene como título que es, el rechazo del Estado, y afirma de como países piden algunos mas Estado y otros menos Estado, lo que hay que tener en cuenta es la gran megalomanía de este. En realidad el Estado mientras se ocupa en devorar los centros de iniciativa que aún son exteriores a él, hace cada vez peor su verdadero trabajo, gobierna cada vez peor. “Y sin duda es esta una mezcla de impotencia y de omnipotencia lo que provoca que el público esa nueva reacción de rechazo del estado”. (Revel, 1985, p. 188)

Como ultima extracción colocamos una crítica de Revel a las guerrillas urbanas, al expresar que se cometen un grave error al conceder a las minorías violentas que en el seno de la “democracia” matan porque no pueden convencer, porque no se pueden reunir suficientes adeptos para triunfar en las urnas. ¿Qué especie de héroes  son, pues los cobardes de la llamada guerrilla urbana que asesinan sin correr el menor riesgo a unos inocentes con armas proporcionadas por dictaduras extranjeras?.